Sí, seguramente ya no sabe en dónde meterse para dejar de ver por todos lados a Rafael Moreno Valle.
De escuchar los comentadísimos ecos del informe.
Seguro ya está harto de escuchar de sus ocurrencias.
Ya hay varios expedientes de los detalles encontrados en la oficina que dejó hace unos días.
Y es probable que se estrene el órgano disciplinario con alguien como Velázquez.
El banquete está servido.
Y para que el Poder Judicial en Puebla, por lo menos pudiera salir de los últimos sitios de transparencia y de la total opacidad administrativa en la que estuvo sumergido por décadas, era necesaria una limpia como la que hemos sido testigos.
Antes de equiparnos con más concreto, asfalto y cemento, por favor señores políticos piensen en el ciudadano, en el peatón, en el automovilista.
No sean gachos.
Intenten cruzar sus hermosas vialidades.
En la explanada central, los pasillos, oficinas de juzgados, en las salas civiles y penales entregaban hace unas semanas un documento.
Una extensa carta.
La misiva era firmada por el abogado Adrián César Vázquez Ávila.
¿Recuerdan su nombre?
(O la triste historia de La Casona de Talavera)
Aquellos que estaban muy atentos a la convocatoria de enajenación de bienes inmuebles del gobierno del estado ya comenzaron a desesperarse.
Van a decir que de qué carajos hablo.
A medio mundo se nos fue la leche el día que escuchamos la ocurrencia de los "empresarios" del transporte.
$9.50 se les antojaba como la nueva tarifa del autobús en Puebla.
"¿Neta? ¿No le pierden?", pensamos muchos.
Pensé que Puebla ya había cambiado.
Con esos rollos de “lo mejor está por venir” y el “abre los ojos”, yo juraba y perjuraba que los servicios en este estado ya eran más decentes, casi casi de primer mundo. Como nos prometieron.