Saturday, 06 de June de 2026

Paseo Inmoral

Miércoles, 18 Julio 2012 23:00
EdmundoVelázquez

Colaterapia para el alma... (O cómo sobrevivir a la burocracia)

Por :
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Colaterapia para el alma…

(O cómo sobrevivir a la burocracia)

 

Pensé que Puebla ya había cambiado.
Con esos rollos de “lo mejor está por venir” y el “abre los ojos”, yo juraba y perjuraba que los servicios en este estado ya eran más decentes, casi casi de primer mundo. Como nos prometieron.
Pero como dijeran los vulgares: “Una vez metido, tenga lo prometido”.
En efecto.
Ayer mi misión fue tener un acta de nacimiento certificada.
Trámites, que a uno le urgen. Ya saben.
Pensé que en casa tenía la correspondiente.
No, pues nel…
La última la usé para esos menesteres del pasaporte y por más que puse patas arriba todos los cajones no encontré ni una. Corrí entonces a Internet y tecleé para hacer uso de esos modernísimos y mil veces presumidos sistemas online.
Pero, oh, ¡sorpresa!
En el sistema del Gobierno del Estado intenté buscarme y resulta que nada.
Que cero.
Que quién sabe quién era ese tal “EDMUNDO VELÁZQUEZ VARGAS”.
Y no existía en el sistema.
“En la madre”, pensé.
“¿Seré un error en La Matrix?”, me pregunté.
Antes de caer en depresión, antes de preguntarme de dónde venía, hacía dónde iba, y otras condiciones filosóficas del ser humano, pensé en un plan B.
Al no encontrarme en el ultra moderno sistema de consulta y tramitología en línea del Gobierno del Estado me avoqué a buscar qué requisitos tenía uno que llevar en caso de sacar un acta de nacimiento certificada de manera física y a la antigüita en el Registro Civil.
Pues tampoco.
Cero.
Nada.
En la página oficial estaban los trámites que supuestamente se podían hacer. Pero nada que te adelantaran e informaran por aquello de que en ocasiones piden hasta la bendita cédula de bautizo o tu constancia de Primera Comunión.
Así que revolví todas mis identificaciones.
Pasaporte, cédula profesional, CURP y demás.
Saqué dos copias fotostáticas de cada uno y los metí en un coqueto folder color crema.
Llegué poco después de las nueve de la mañana.
Puff, qué suerte, acaban de abrir ventanillas de servicio.
Pero, antes de hacer el oso pregunté qué carambas se necesitaba para acreditar mi identidad.
En el sitio ni una cartulina había que me dijera requisitos.
Vaya, pedía milagros.
Y como yo había miles de poblanos ahí buscando y preguntando ventanilla por ventanilla.
Llegué a la primera.
Era la del archivo.
Ahí había una cola de diez personas más o menos.
Tras pasar varios minutos ahí, por fin me confirmaron que sí estaba en el sistema.
Que no era yo un error, ni un fantasma. Que mi identidad no provocaba un salto en los mundos paralelos.
En fin, me ahorraron horas de terapia.
Corrí entonces a la siguiente cola.
En la cola número dos me atendió Leticia.
Para mi suerte fui el primero en esta ventanilla.
Y la Lety resultó ser un encanto. Un dechado de virtudes y una persona bien comunicativa.
En los 10 minutos que me atendió me contó que en el Registro Civil están hechos un verdadero relajo.
Que el pasado lunes había llegado nuevo director enviado directito desde la Secretaría General de Gobierno y que no sabía ni cómo operaban ahí.
Que alguien le avisó que tenía que firmar varias cosas que nomás no terminaba de entender.
Que era medio “burrito”, pues.
“Y ayer no hubo sistitulo, joven. Llevo dos días pésimos y hoy hasta eso, tuvo suerte: yo estoy de buenas y no hay gente”, me dijo la Lety.
Me informó que podía pagar 80 pesos por mi acta certificada pero me la entregarían hasta el lunes.
Si me urgía serían 110 pesos.
Bueno, pedí la urgente.
Apenas era miércoles y ni modo de esperar hasta la otra semana.
Es más, entré en tal sicosis que pedí dos actas.
La Lety que se enoja.
Que me hace caras.
“Nomás porque estoy muy de buenas vamos a hacer la corrección”, me dijo.
Uf, me tocó una burócrata benevolente. De paso me dio un folio.
Saqué mi billetito y me dijo que no.
Señaló otra ventanilla a la vuelta donde debía yo ir a pagar mis dos actas certificadas.
Yo agarré mis documentos, mi folio y la Lety se paró y se fue valiéndole gorro que ya hubiera más gente detrás de mí.

Madre santa.
Cuando llegué al siguiente paso la cola era de doble de tamaño.
Igual, fue del doble de tiempo. En la fila de la caja había al menos unas 20 personas.
Otra vez la misma histeria, digo, historia.
Tres ventanillas y una sola funcionando.
Pasaron las 20 personas previas a mí, y a mi turno el burócrata (que estaba más mal encarado que la Lety) me pidió cambio.
“No pues no tengo”, le dije.
Duplicó la bilis el empleado de gobierno, se paró y me hizo esperar mientras cambiaba quién sabe con quién. ¿Pues no que era caja? Hasta en un OXXO tienen más cambio. Bueno, el señor con pinta de Gutierritos me aventó el cambio. Y me dio un recibo impreso.
Ahora a recoger por fin el dichoso documento.
Cuál fue mi sorpresa que volví a hacer cola. La fila en este punto ya era de 50 personas. En la madre… Ya llevaba hora y media en el registro civil. Ya hasta empezaba a querer sus muros grises y el aroma a tamales que impera desde toda la 11 Oriente.
Me puse cómodo. Intenté sacar el iPad para entretenerme. Pedí demasiado. Ni siquiera WiFi. Vaya, tuve que darle a las Angry Birds mientras veía que alguna señora sacaba sus crucigramas. Algunos ancianos buscaban dónde apoyarse (porque ni una silla hay) y hasta dos o tres damas embarazadas preferían sentarse en el suelo. Ya sabrán.
Ahí la espera fue más larga.
Había un cuello de botella porque de tres ventanillas solamente funcionaba una.
En ella atendía otra señora, de la pinta de Lety, que se peleaba con una impresora a chorro de tinta para atender a todo Puebla.
Cuando tocó mi turno de plano ni saludó. Extendió la mano, me arrebató el recibo. Dio clic para imprimir. Y me entregó el acta.
“Disculpe. Pedí dos”, dije yo, bien educadote.
La señora leyó cuidadosamente y bien lento mi recibo. Se cercioró de que dijera la verdad y le dio otra vez clic para imprimir.
Bueno… había terminado mi suplicio y eran más de las 11 de la mañana.
Saliendo del Registro Civil tres personas más me preguntaron.
Les resumí el suplicio.
Después escapé sobre la 11 Oriente pensando en que había protagonizado mi propio episodio en la Dimensión Desconocida.
Rapidín (4)
No digan que lo leyeron aquí…
Pero me lo contaron, y de buena fuente.
Que la oficina de Normatividad Comercial del Ayuntamiento de Puebla se tiene bien entre mira a los antros para la comunidad LGBTTTI en Puebla.
Que se están poniendo bien rudos.
Que ya arrancaron con las multas.
Que a apenas le tocó al CabareTito VIP, recién abierto.
Que los señores del CabareTito no tenían cocina, pero tenían permiso de Restaurante Bar para funcionar.
Que era plan con maña porque así podían dejar entrar a menores de edad.
Bueno, eso me contó el propio socio mayoritario.