De este modo, los científicos han constatado que el sistema nervioso y el estrés tienen funciones diferentes en el desarrollo de las denominadas "enfermedades del siglo XXI", en función de la dieta habitual de los individuos.
Así, en personas con dieta sana, el estrés y la hiperestimulación nerviosa favorecen el desarrollo de hígado graso, la diabetes tipo 2 y otros problemas relacionados como la hiperglucemia, hiperinsulinemia y la hiperlipidemia; mientras que en individuos con dieta grasa, su papel es en cambio protector, evitando que surjan estas enfermedades e, incluso, la obesidad.
Los resultados también han permitido descartar de manera inequívoca que la presión arterial alta contribuya de manera directa al desarrollo de la diabetes de tipo 2, como se postulaba en algún estudio previo.
Además, la investigación predice que terapias dirigidas contra la rama del sistema nervioso, que determina la reacción del organismo al estrés, podrían ser de interés para tratar pacientes con síndrome metabólico que no sean obesos. En cambio, esas terapias pasarían a tener efectos perniciosos en caso de ser administradas a pacientes obesos.