Thursday, 26 de November de 2020

Chinguen al Guapo

Miércoles, 06 Marzo 2013 19:58

El día que el delegado me regañó

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Hacía mucho que no recibía un regaño en público, una llamada de atención, “un jalón de orejas”, un estate quieto, un ubícate y la verdad son de las pocas cosas que me causan mucha vergüenza. Imaginen un regaño en público, donde te exhiben, donde te dejan vulnerable y todos los ojos se centran en ti y en el regaño, obvio el bullying desatado a todo lo que da.

Esto me ocurrió hace unos días, creo que el lunes para ser preciso. Resulta que mis muy buenos amigos priistas Pablo Fernández del Campo y el delegado del CEN, Fernando Moreno Peña —de quien me declaro fan por ser tan cínico y cabrón— dieron una rueda de prensa en la sede del PRI municipal.

Todo iba muy bien en la rueda de prensa: preguntas, respuestas, chascarrillos, cuestionamientos incomodos o comprometedores, más chascarrillos. Todo iba bien hasta que llegué; después de 15 minutos de haber iniciado la rueda de prensa para mi desgracia ya se habían tocado todos los temas de mi interés, pero doblemente desgracia fue el hecho de pretender que el ex gobernador de Colima —A quien he llegado a estimar por desfachatado— respondiera las mismas preguntas que ya le habían hecho mis compañeros.

Desaté la desesperación e irritación de Fernando Moreno Peña, sólo escuchaba mis palabras retumbar por la sala de prensa del PRI municipal, buscaba con desesperación mi rostro, quería saber de dónde salían esas preguntas que ya había contestado, quería verme a la cara para que presenciara su enfado, su coraje y saliera corriendo como un inocente conejito asustado, o saliera a refugiarme tras las piernas de alguien, tal vez de mi amigo Toño de la Vega.

—Delegado, qué va a pasar con la convocatoria, qué va a pasar con los priistas traidores, con los priistas vinculados con Elba Esther, con los aspirantes a la alcaldía, con los perros homicidas de Iztapalapa, con las Águilas del América, con Hugo Chávez, con Laura Bozzo, el calentamiento global etc, etc y más etc.

Moreno Peña sintió el bombardeo, eran muchas interrogantes, no sabía por cuál comenzar, buscaba con desesperación y coraje el dueño de la voz que emitió tantas preguntas, pero los compañeros fotógrafos y reporteros que estaban entre él y yo jamás permitieron que hubiera un contacto directo y la disputa fue a ciegas.

—A ver, esos temas ya los respondí, ya hablamos de eso. No es mi culpa que hayas llegado tarde compañero, procura llegar más temprano. Esas preguntas ya las respondí, pero bueno las volveré a responder para no quedarle mal a su compañero.

Me sentí exhibido, vulnerable, débil; la seguridad que siempre me caracteriza se esfumó, estaba indefenso, nunca antes me habían intimidado de esa forma y de pronto todas las miradas se volcaron hacia mí, quería que la tierra me tragara y sólo pensé en una serie de planes para improvisar.

Plan A

Tírate como zarigüeya: finge que estás muerto, no te muevas, saca la lengua y reacciona hasta que todos se hayan ido. Te levantas y sales corriendo a la oficina.

Plan B

Haz un hoyo en el centro de la sala de prensa del PRI municipal y clava la cabeza como avestruz, espera a que todos se hayan ido. Te levantas y sales corriendo a la oficina.

Plan C

Hacer que todos los presentes miren la luz roja, borrarles la memoria, fingir que nada pasó y salir avante como siempre.

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Pero como ninguno de mis planes estratégicos aplicaba para la ocasión, tuve un bloqueo planificador (Cebero dixit) y no me quedó más remedio que aguantar el bullying periodístico, las mofas y risas de los demás. Me puse súper rojo, veía a Miguel Valtierra riéndose a carcajadas, al Niño, mejor conocido como Gerardo Ruiz diciéndome: “Estás muy rojo Yona”, a lo lejos escuchaba a Paulo Yolatl.

¡Dios míoooooo!, quería salir corriendo, echarme agua para bajarme lo colorado. Por primera vez no sabía qué hacer, ni qué decir, quedé al centro de todos muy indefenso, en cualquier momento empezarían a correr mis lágrimas como niño chiquito, pero ocurrió un milagro, un bendito milagro.

“¡Yona!, ¡Yoona!, ¡Yoooona!, Yoooooooooona!”, mis compañeros me empezaron a vitorear y a echar porras, entonces recobré la confianza en mí mismo, mi crisis pasó y respondí: “Ya ve delegado me puede postular para diputado, ya no me regañe”.

Salí avante, el delegado me respondió y recuperé el tono de mi piel.

Moraleja: Nunca lleguen tarde a los eventos porque luego los regañan.

¡Claro!, chinguen al guapo.