Tuesday, 10 de December de 2019

Chinguen al Guapo

Jueves, 04 Octubre 2012 23:19

Mi amiga Blanquita

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Aún recuerdo su mirada nerviosa, incómoda, esa mirada que decía “¡Te voy a golpear!, ¡Te odio con odio jarocho!”, sudaba frío, estaba desconcertada, volteaba y me hacía muecas y yo las interpretaba como “Ahora no me molestes, ahora no, por favor te lo ruego”, pero yo seguía con mi terquedad.

Corría el año 2008 y mi buen amigo Brahim Zamora —Brabri—como siempre causando líos a los gobiernos municipales con los temas de derechos sexuales, le ocasionó diversos problemas a la entonces alcaldesa de Puebla, pues por cuestiones de agenda el zócalo no podía ser el punto de concentración final para la Marcha Gai y Brabri se lanzó contra ella.

De verdad a mí me costaba mucho trabajo llegar con Blanca Alcalá y poner cara de enojado, o preguntarle en mi papel de reportero enojado, es algo tan difícil que a la fecha la veo y lo único que se me ocurre hacer es ponerme a llorar de tanto que la estimo, jejejejejejeje. Pero en aquella ocasión tenía que cumplir con mi labor social, con mi indignación como defensor de los grupos vulnerables y por aquellos días ella regalaba cucharaditas de miel para combatir la violencia.

Y claro, como siempre mandan al más mmmm “talega” ahora sí que Chinguen al guapo, pues fui el emisario de la Rayas y Sigismundo —Selene y Mundo— para repercutir Dios en el Poder y preguntarle a Blanca Alcalá por qué no quería que los gais se reunieran en el zócalo, si tenía una animadversión contra los gais y a qué se debía, pero además sus indicaciones fueron claras: “Duro y a los huevos, nada de doblegarse, ni de Blanquita, Blanquita, a los huevos Yonadab”, recuerdo que dijo Selene.

Para no ponerme nervioso, temeroso y sobretodo para que no me ganara mi amor y aprecio por ella, únicamente pensaba en “pastel de chocolate, pastel de chocolate… helado de vainilla. Pastel de chocolate y helado de vainilla” como en la película de Capulina y Pepito contra los monstruos, pues sólo de esa manera evitaría doblegarme ante la dulzura y ternura de Blanca Alcalá.

Hablé con mis fuentes del Ayuntamiento:
—¿Dónde está la presidenta, necesito entrevistarla urgentemente.
—Está en el Parque Colosio, jálate para acá, apenas va empezando el evento.
—Perfecto, voy para allá, si ves que no llego hazle la plática, báilale como chango, entretenla, no debe escapar.

Atravesé cielo, mar y tierra y los desiertos de las colonias del sur para llegar hasta ella. El evento ya había terminado y se encontraba realizando un recorrido por el Parque Colosio y sus alrededores al mismo tiempo en que platicaba con los vecinos del lugar, algunos empresarios y uno que otro colado, ella caminaba como si nada, lucía fresca y radiante, tan dulce ella, jejejejeje.

De pronto mi voz insistente y escandalosa la perturbó: “Presidenta, presidenta, presidenta, presidenta, presidenta, presidenta… ¡Yujú, yujú presidenta!, ¡Hola presidenta!” y ante la falta de atención seguí insistiendo: “Presidenta, presidenta, presidenta, presidenta”, pero ella sólo respondió: “Ahora no Yonadab, estoy ocupada”.

Entonces como me sentí ignorado tuve que lanzar un anzuelo que sabía la iba a desconcentrar: “Presidenta sólo quiero preguntarle por qué no le quiso prestar el zócalo a Brahim Zamora para hacer la Marcha Gai, acaso hay alguna animadversión a ese sector de la sociedad”.

En ese instante Blanquita se transformó, de inmediato me volteó a ver y conseguí toda su atención. Su look radiante y fresco, su entorno amoroso y tierno habían cambiado; le surgió un tick de Bety la fea en su ojo izquierdo, parecía que me estaba haciendo un guiño, se puso nerviosa, titubeó, se le fue la voz, sudó frío, su respiración se agitó, su corazón latió con más velocidad.

Tuve miedo pero ya no me podía rajar, ya había hecho lo peor, pensaba disculparme después, pero antes de eso tenía que hacer la pregunta fulminante —¿Presidenta odia a los gais?—la mirada de Blanca se nubló, ni siquiera fue mirada de Diana Salazar, aunque yo pienso que en ese momento hubiera querido tener los poderes de Lucía Méndez en esa novela para arrojarme un árbol, o uno de los coches que iban pasando.

Intentó mantener la calma, pero ya era inevitable, ya había dado muestras e indicios de lo incomoda que se sentía. Levantó las manos, pensé que me golpearía, pero me sujetó el brazo izquierdo, pensé que me daría un abrazo, una palmadita como siempre hacía y me diría “buen chico”, pero me equivoqué.

Sujetó mi bracito con sus dos manos, lo empezó a apretar, a pellizcar y a exprimir al mismo tiempo en que me decía “no los odio Yonadab, ese tema no se pudo por cuestiones de agenda”, refirió al mismo tiempo en que me seguía exprimiendo mi bracito —¡Presidenta mi bracito!, ¡Me lo va a arrancar! (léase en tono de quiero llorar)—.

En ese momento la amiga Carmen, quien trabajaba con ella se dio cuenta de lo que estaba pasando y de inmediato le agarró las manos y se las destrabó y la alejó de mí mientras yo me sobaba y revisaba el brazo para ver el mal ocasionado, luego Carmen se acercó a mí para disculparla.

Días después se disculpó conmigo, yo también le ofrecí disculpas, ambos lloramos y seguimos siendo tan amigos como siempre.

Moraleja: Nunca hagan enojar a Blanca Alcalá y menos la pongan incomoda, tiene mucha fuerza.

¡Claro! Chinguen al guapo.