Thursday, 12 de December de 2019

Chinguen al Guapo

Jueves, 27 Septiembre 2012 23:24

Me lleva el tren

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Por fin Dios y la vida le hicieron justicia a mi amigo Sigismundo —Edmundo Velázquez—pues luego de que me burlé durante mucho tiempo de él por haber sido víctima del accidente más absurdo que le pudiera ocurrir a alguien, a mi me pasó algo peor, esta vez hasta pena me da contárselos, pero Nadie es profeta en su tierra.

Resulta que corría el año 2007, Sigismundo trabajaba en CAMBIO y como siempre a su estilo ñoño y cursi, salía de su casa para irse a trabajar “Caminito al trabajo apurándose a llegar, debo ser puntual o los funcionarios van a escapar”, (léase con tono de Caminito a la Escuela). Él jamás imaginaba lo terrible y absurdo que le sucedería minutos más tarde y menos se imaginó ser víctima del bulloyingpor esa situación.

Al mero estilo de Fantasías animadas de ayer y hoy, espero recuerden esos dibujos animados de la Warner Brothers (WB), al momento de bajar del microbús en el que viajaba, Sigismundo fue interceptado por una motoneta, apenas había asomado su pierna derecha por la puerta de la unidad del transporte público cuando la motoneta se lo llevó, dicho accidente ocasionó que anduviera con yeso por 2 semanas.

Jajajajajajajajaja,¿A poco no está de risa?, a nadie le había ocurrido eso, imagínense que al bajar del autobús se los lleve una motoneta, es de caricatura esa situación, absurda, inverosímil, jajajajajajaja, yo no lo podía creer y menos creí que me pasara algo similar y peor, ya bien lo dice mi abuelita “El que obra mal se le pudre el tamal”, tan sabia ella.

El día estaba soleado, yo lucía radiante y feliz pues después de varias semanas de abstinencia parrandera por fin iba a salir, me iría de antro con mis amigos, pensaba sólo en emborracharme, gritar, relajarme, ser feliz, jamás pensé en la jugada que Dios me tenía preparada y fue muy baja.

Dindoooooon (Ustedes disculparán el sonido de timbre de casa, pero no me sé la onomatopeya del timbre de los microbuses y Selene ya se fue), al bajar sólo pensaba —sacaré a Burbuja, me dormiré un rato, luego me bañaré, me arreglaré y a las 9:00 pm estaré listo para irme de fiesta—.

Sin embargo, mi felicidad y toda mi emoción se desvanecieron de inmediato, fueron cambiadas por miedo, angustia y desesperación al ver que una bicicleta tamalera, convertida en bicicleta de pepenador venía hacia mí, rápidamente, parecía que se conducía sola, entré en crisis, pues no tenía hacia dónde huir, ya que la ruta 45- A todavía estaba estacionada.

—Detente, párate, me vas a atropellar, altoooooooooo, niño frénate— fue lo único que se me ocurrió hacer y gritar desesperadamente, al mismo tiempo en que vi a un niño de tres años montado en la bicicleta, no comprendo por qué en ese momento supuse que él conducía el vehículo de 3 ruedas, pero no se detuvo y el colapso fue inminente.

—¡Aaaaaahhhhhhh!, mi grito de dolor se escuchó entre la 14 sur y la avenida de las Torres, los empleados de la Farmacia del Ahorro salieron a ver qué sucedía, quién gritaba tan dolorosamente y me vieron tirado en el asfalto.

La bicicleta de pepenador se vino contra mí, no lo pude evitar, pero encima de todo el pendejo que la iba manejando jamás la detuvo, ni siquiera al sentir el impacto, yo creo que pensó que se había topado con una llanta de carro, un costal de cemento, algo así y seguía empujando, yo sólo sentía como me atropellaba y continuaba gritando sin éxito.

—¡Frénate pendejo!, ¡Párate hijo de tu chingada madre!, ¡Te voy a partir la madre imbécil!— grité y grité y blasfemé, hasta que las bolsas de basura se me vinieron encima, cayeron sobre mi rostro y mi estómago, me sacaron el aire, entonces menos pude gritar o hablar.

Por fin el pendejo se dio cuenta de que me había atropellado, enseguida corrió a quitarme las bolsas:

—Ay joven es de que no me avisó, me hubiera dicho que lo iba a atropellar, es de que no veo por las bolsas de basura— me dijo el pepenador mientras me retiraba los kilos de basura y me ayudaba a levantar.

—¿Qué te pasa?, ¡Fíjate!, no mames qué tal si atropellas a un niño— ya no pude expresar más palabras, ni emprender acciones de venganza contra el tipo, pues además del dolor y la falta de aire, la pena me invadió, tomé el primer taxi que pasó y me alejé odiándolo y deseando que se cayera de su bicicleta.