Me tocó vivir Otis en Acapulco, las 3 horas más inciertas de mi vida

Octubre es un mes muy celebrado en mi familia, ya que el 9 e octubre es cumpleaños de Don Abraham, mi abuelito, el 16 es el mejor día del año porque es mi cumple, y el 23 del mismo mes es el de mi coach, mi generala, mi patrona , ¡mi esposa!.

Originalmente iba a partir a la Ciudad de Acapulco el lunes 23 de octubre, pero por la razón del párrafo anterior decidí posponer mi viaje al marte 24. Iba en dirección a la XXV Convención de Minería, donde cada dos años asisto a ver posibles clientes y proveedores de la industria. Este año participábamos como expositores, y teníamos un “stand” muy bonito para poder recibir a los asistentes, al cual, al parecer, le cayó una parte del techo del Forum.

El lunes 23 desperté a las 5 am y el primer “tweet” que recibí fue “Tormenta tropical Otis se acerca a Chiapas, Oaxaca y Guerrero”. Mi instinto me decía: ya no vayas a la expo, incluso le comenté a mi esposa que ya no quería ir porque “se va a poner feo”.

A la expo iba a ir acompañado de muy buenos amigos que también somos parte del equipo de trabajo, colegas como el buen “Paquito”, “el conta memo”, “el Jona”, mi consultor fiscal, el buen “Gerry” o mi consultor financiero y coach de ¿cómo jugar bien al tenis?, el buen Marcelo. Otro acompañante era mi querido “brother” el buen Pepe Aldana, quién iba a aprovechar unos días de vacaciones para conocer la expo minera.

Desde que vi la noticia el lunes decidí cancelarles a varios acompañantes y al final solo tomamos camino Paquito, Pepe, Jona y yo. En avanzada ya estaba David, Agus y dos compañeras que instalaron el stand.

Llegamos a Acapulco a las 2 pm y nos dispusimos ir a comer al Carlos and Charly´s para esperar la inauguración del evento. En ese momento recibí la noticia de que ya era huracán nivel 1. ¡aún así no hicimos caso!.

Después de comer nos dispusimos a asistir a la inauguración en el Forum Mundo Imperial que estaba planeada a  las 6 pm; el arranque del evento inició a las 7 pm y en ese momento me llegó una llamada de mi esposa diciéndome que tenía que salir inmediatamente de Acapulco, porque ya se reportaba en nivel 5 Otis. Al inicio avisé que me regresaba a Chilpancingo, incluso mi amigo Alan me hizo la broma que mi esposa era un huracán nivel 20 y me había ordenado que me regresara, en ese momento me dio mucha risa.

Al final no hice mucho caso, y esperé a que terminara la inauguración, a las 8 pm me doy cuenta de la realidad y tomo la decisión de salirme del evento y quedarme en Acapulco dentro del departamento, pero antes tomamos tiempo para ir a cenar, en lo que eran Los Tarascos, y después ir a comprar víveres; el Chedraui estaba vacío, compramos mucha agua, enlatados, fruta, huevo y una botellita de Whiskey para el susto, mi esposa me recomendó lámparas que fueron muy útiles para las siguientes dos noches.

Regresamos al departamento con todo lo adquirido a las diez y media de la noche, había una lluvia muy ligera y procedimos a cargar celulares, prender los aires y ver un poco de televisión. No pasó más de treinta minutos cuando, a las 23:03 horas del martes 24 de octubre empezó la pesadilla, todo inició con que se fue la luz y acto seguido se empezaron a sentir vientos muy fuertes con mucha lluvia.

Nuestro indicador eran unas palmeras del edificio de enfrente, con eso medíamos el nivel de fortaleza del viento. Las palmeras resistieron hasta las 12:30 am del miércoles 25 de octubre, después de esa hora ya no existían palmeras.

De las 23:03 a las 02:00 fueron las tres horas mas angustiantes que me han pasado, el pico de desesperación fue entre la una de la mañana cuando el viendo tronaba, en ese momento el edificio se movía como si estuviéramos en un temblor trepidatorio, y a la vez tuvo un asentamiento muy fuerte con el cual llegué a pensar que se iba a caer. Tengo amigos que comentaban que los edificios donde pasaron el huracán se movían de un lado a otro. Puedo decir que una de las más desafortunadas experiencias es sentir por más de una hora un temblor en un departamento.

Paquito me preguntó, ¿cuál es el plan B?, pero no había tal, si salíamos a la calle el viento y las cosas que volaban podían hacerte daño, y en el interior del edificio existía la posibilidad del derrumbe. El edificio se movía de un lado a otro y seguían los movimientos trepidatorios constantes. Una sensación sumamente frustrante y llena de ansiedad.

La velocidad del aire era indescriptible, no nos atrevimos a abrir ninguna ventana. Dentro del periodo de las doce treinta y la una treinta, escuchábamos como tronaban ventanas, ventanales, como volaban sábanas, techos de cobertizos y algunos muebles de departamentos, fue una hora de desastre total.

Afortunadamente el departamento donde nos resguardamos no presentó ningún daño, pero los vecinos no corrieron tanta suerte. El aire bajó de intensidad alrededor de las 2 am, fue cuando ya nos pudimos asomar e iluminar departamentos que tenían habitantes pero que estaban totalmente destrozados; vimos que en uno de los departamentos más dañados empezaba a haber movimiento, alumbramos el departamento y preguntamos ¿están bien? Y contestaros que si. Después nos enteramos que habían pasado 3 horas resguardados en el baño. Lo que les cuento fue dentro de un edificio de 4 pisos, ahora imagínense a los habitantes de las torres que tienen 20 ó 30 pisos, debió de haber sido una experiencia aterradora.

Cuando nos percatamos que ya había pasado lo peor, aproximadamente a las 3 am, quisimos ir a dormir. Pasé una hora y no pude consolar el sueño, por lo que tuve que abrir la botellita de Whiskey y echarme dos shots, solo con eso pude dormir dos horas.

Mañana les cuento la parte dos de esta experiencia que nunca se me olvidará.

Comentarios: Jorge.medinasal@gmail.com

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