Hay hospitales que presumen certificaciones en LinkedIn y, puertas adentro, no logran certificar lo más básico: que su gente quiera quedarse.
En el Hospital Mac Angelópolis circula desde hace meses una palabra que ningún folleto institucional menciona: rotación.
Personal que entra y sale, enfermeras que duran lo que dura su paciencia, áreas que amanecen con cara nueva. Una puerta giratoria.
Y las puertas giratorias, usted lo sabe, casi nunca giran solas: alguien las empuja.
El señalamiento apunta a la dirección general, a cargo de René Cabrera Lecona.
Y tiene nombre, aunque hoy ese nombre pida reserva.
Un exdirectivo de la institución, separado de su cargo, relató en entrevista que su salida no tuvo que ver con su desempeño, sino con su orientación sexual.

En plena temporada del Orgullo LGBT+ en un estado que ya tiene hasta dos marchas y semana cultural para sensibilizar a los poblanos, donde jurídico una pareja del mismo sexo se puede cambiar y también ya se pueden registrar las personas según la identidad bajo la que se perciben.
Así es…
Mientras Puebla avanza, en el Hospital Mac de Angelópolis manda la ley de un macho que además acosa a trabajadoras del lugar.
De acuerdo con los testimonios de acoso, René Lecona habría empujado a la puerta a un medio por quien es, no por lo que hace.
Si lo que relata se confirma, no estaríamos ante un despido: estaríamos ante un acto de discriminación, de esos que el Código Penal poblano y la Ley Federal del Trabajo no toman precisamente como anécdota.
¿Le suena fuerte? Debería.
Pero René Cabrera Lecona no mide a todos bajo la misma vara.
La dirección médica del hospital la ocuparía la doctora Liliana Bello, quien presuntamente mantendría un contrato de exclusividad con otra institución de la zona, el Hospital Ángeles.
Dos sillas, una sola especialista.
¿Cómo es que René Cabrera sí permite eso?
Y aquí viene la pregunta que rebasa al MAC y abarca a toda la medicina privada de Angelópolis: ¿quién vigila a quién?
Porque no hace mucho, en esta misma franja de torres médicas y consultorios de lujo, una mujer llamada Marilyn Cote pasó años recetando psicofármacos sin ser psiquiatra, sin cédula, sin que nadie en el ecosistema privado levantara la mano.
Operaba por su cuenta —que quede claro—, pero floreció en un entorno que no preguntó lo suficiente. Si un fraude así echó raíces a plena luz, ¿qué tanto se revisa, de verdad, el clima laboral y los perfiles puertas adentro de los hospitales que nos presumen excelencia?
Un hospital se mide por cómo trata a quien sana, sí. Pero también por cómo trata a quien, en bata, sostiene esa sanación a las tres de la mañana, en una emergencia, en la atención.
Porque más parece que Mac bajo la dirección de René Cabrera Lecona vende servicios de lujo que no puede sustentar.
Mientras tanto, ahí queda la puerta, girando.
Y uno cuenta cuántos entran, cuántos salen, y cuántos salieron por la razón equivocada.
Cuente usted también. Cuente hasta 10 y respire…
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