Hay comidas que alimentan y comidas que retratan. La de este sábado, en honor a los 50 años de sacerdocio de don Víctor Sánchez Espinosa, fue de las segundas.
Porque mientras el Arzobispo daba gracias por medio siglo de ministerio —él, que ya entregó su renuncia por edad y espera el veredicto de Roma—, bajo su techo coincidieron tres mujeres del oficialismo que hoy miran, cada una a su modo, hacia el mismo punto cardinal: la silla del Palacio Municipal de Puebla en el 2027.
Laura Artemisa García Chávez, titular de Bienestar. Gabriela “La Bonita” Sánchez, de Deporte y Juventud. Y Celina Peña Guzmán, que ya cambió el escritorio estatal por una subsecretaría federal en la SECIHTI de Claudia Sheinbaum.
Tres comensales. Una sola silla. ¿Le suena a destape o a casualidad? En la política poblana, las casualidades suelen sentarse a comer juntas.
Vamos por partes, que aquí cada plato cuenta.
En el evento surgió una fotografía polémica por el acomodo de quienes aparecen. Además del arzobispo Víctor Sánchez y demás autoridades eclesiásticas, doña Cecy Arellano y el gobernador Alejandro Armenta aparecen como aspirantes naturales a una candidatura en las próximas elecciones.
Pero son las mujeres que causan más ruido.

Laura Artemisa no llega a la mesa con las manos vacías: llega con un padrón. Bienestar es territorio, estructura, contacto diario con la base; es, ni más ni menos, el ADN electoral de Morena. No es casualidad que en las encuestas rumbo al 2027 aparezca cerca, pero aún detrás del alcalde Pepe Chedraui.
Súmele su pasado en la Junta de Gobierno del Congreso y tiene usted a una operadora, no a una improvisada. Si en el reparto morenista se impone el criterio de género —y cada vez más voces dicen que “es tiempo de mujeres”—, ella es la primera de la fila.
Pero ojo: la regla que tiró Sheinbaum es de hierro. Quien quiera contender en 2027 tendrá que renunciar a su cargo. Y resulta que el cargo de Laura Artemisa es precisamente su músculo. Soltar Bienestar demasiado pronto es cortar el cordón que la alimenta. Su gran dilema no es la voluntad: es el cronómetro.
Y ojo, porque parece que hay bloques que comienzan a notarse.
Por ejemplo, el que generan ya “La Bonita” y Celina Peña.
“La Bonita” llega con lo que el dinero no compra. Una historia de campeona que se cuenta sola. En la foto, ella es la que más sonríe y la que más reconoce la gente. El problema es que el ring de la política no tiene réferi que la proteja. Casual queda atrás de la foto, pero las encuestas no la colocan mal.
Decían en “House of Cards” que “el poder se parece mucho al sector inmobiliario. Todo es cuestión de ubicación, ubicación, ubicación. Cuanto más cerca estés de la fuente, mayor será el valor de tu propiedad”.
La frase enseña que la influencia real no depende de un título, sino de estar estratégicamente cerca del centro de toma de decisiones.
Y el talón de Aquiles de “La Bonita” es una estructura propia que no termina de armarse. Nadie sabe mejor que ella lo que significa un conteo de protección. En su deporte hay reglas y campana; en este otro cuadrilátero los golpes llegan por la espalda y no hay quien cuente para salvarla.
Su prospectiva, hoy, es más de símbolo que de contendiente para la alcaldía: el voto joven, una plurinominal, una federal. Otra pelea, otra cartelera.
Por eso quizá haya una alianza ya muy evidente con Celina Peña.
Celina Peña ha resultado el caballo negro del grupo Armenta. Salió del estado. Subió a lo federal, a la mesa de la presidenta, y eso —paradójicamente— la baja del tablero local en el corto plazo.
¿Para qué pelear la capital cuando juegas en la cancha grande?
Sin embargo, le quedó algo que las otras dos aspirantes no tienen: línea directa con Palacio Nacional.
Si algún día el dedo baja desde arriba buscando un perfil técnico, limpio, sin cacicazgos ni deudas locales, ¿quién firma que no regresa?
O quizá, sencillamente, eligió una escalera más larga y más alta.
En política nunca hay que descartar a quien se fue por la puerta de adelante.
Porque seamos honestos, el réferi de la contienda no será el Arzobispo.
El verdadero árbitro es el binomio Sheinbaum-Armenta. Y el elefante en la sala se llama Pepe Chedraui, que encabeza todas las mediciones y todavía no dice si va por la reelección. Mientras eso no se aclare, las tres invitadas comen, sonríen y esperan.
El gobernador, fiel a su estilo, guarda las cartas pegadas al pecho. No destapa, no señala, deja que las corcholatas se asoleen y que el tiempo decante. Sabe que el que se mueve antes de tiempo no sale en la foto… sale en la lista de los que se adelantaron.
Y como estamos en plena fiesta mundialista, conviene recordarlo: esto apenas es fase de grupos. Faltan los octavos, faltan los penales, falta el árbitro que levante la mano.
Cuando lo haga y empiece a contar, la pregunta no será quién llegó primero a la comida del Arzobispo. Será quién sigue de pie en el diez.
Y usted, lector, mientras tanto: respire y cuente hasta 10.
No se me sulfure porque aún falta camino por recorrer rumbo a la definición del 2027 en Morena y la capital poblana.
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