Las marcas internacionales se cuelgan del héroe más inesperado de la capital mexicana, el pato Merlín del Mundial 2026.
El pato doméstico que, vestido con su jersey miniatura de la Selección Mexicana y zapatos protectores, se volvió viral tras los festejos del triunfo nacional.
Sin embargo, detrás de la ola de simpatía y los memes legítimos de la afición, comenzó a llegar una práctica corporativa tan vieja como el internet: el “newsjacking”. Así se identifica la obsesión de las marcas por colgarse de las tendencias orgánicas sin aportar absolutamente nada a sus creadores.
En las últimas 72 horas, grandes corporaciones internacionales y cadenas de tiendas de conveniencia inundaron sus cuentas oficiales de X (antes Twitter), TikTok e Instagram con ilustraciones hechas por Inteligencia Artificial, fotomontajes y sutiles menciones de Merlín para generar interacciones rápidas (likes, retuits y shares).
El argumento de la industria es siempre el mismo: “conectar de manera orgánica con la conversación del consumidor”. Pero la realidad económica cuenta una historia muy distinta.
El fenómeno del pato Merlín evidencia una desconexión ética entre los departamentos de mercadotecnia digital de las marcas y las realidades de la economía popular. Los puntos clave de esta crítica apuntan a tres factores principales:
Marcas multimillonarias están utilizando la identidad, el carisma y la imagen de Merlín para engordar sus métricas de engagement y visibilidad digital. Esto eventualmente se traduce en valor de marca y ventas. Todo esto sin invertir un solo centavo en derechos de imagen, patrocinios oficiales o una retribución justa a la familia.
Merlín no nació en un laboratorio de publicidad; es el compañero de vida de Carla, una comerciante de la colonia Doctores que diariamente sale a ganarse la vida vendiendo aguas frescas y refrescos en la Alameda Central.
Para su familia, el pato es un apoyo emocional tras una fuerte depresión familiar provocada por el envenenamiento de su anterior mascota.
Marcas ganan interacciones por el pato Merlín, pero no reconocen ni apoyan a su familia
Mientras las marcas “juegan” con su figura en el ecosistema digital, la realidad de la vendimia ambulante y el esfuerzo diario de sus dueños permanece completamente al margen. Debido a que no consiguen los beneficios económicos de ese impacto viral.
Ninguna de las empresas que pautaron o publicaron contenido subiéndose “al tren” del pato mundialista, presentaron una propuesta de colaboración formal o un apoyo tangible. Además, miles de internautas sugirieron ayudar a la familia con un negocio fijo o proveer insumos de por vida para el cuidado animal del ave.
Marcas con presupuestos millonarios usan al patito para ganarse el aplauso fácil de internet. Sin embargo, poco hacen por apoyar el carrito de aguas de su dueña en el Centro Histórico.
“El marketing de subirse a la tendencia sin aportar es, en el fondo, una forma de extractivismo cultural y digital”, así lo criticaron usuarios redes sociales.
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A diferencia del comercio local —como las panaderías de la CDMX que crearon de forma creativa las “Merliconchas” impulsando la economía barrial bajo pedido—, el ecosistema de las grandes marcas está operando bajo la ley del mínimo esfuerzo.
El público de internet cada vez es más consciente y menos ingenuo en este 2026, ya empezaron a notar este patrón. Si las marcas pretenden seguir utilizando a Merlín como el rostro de su “pasión futbolera”, la audiencia no tardará en exigirles que saquen la cartera.
La simpatía es gratis, pero el uso de la imagen de un fenómeno popular para beneficio corporativo debería tener un precio para las marcas. Por otra parte, impacten positivamente a quienes lo apoyaron desde que conocieron al pato Merlin recorriendo el centro de la CDMX.
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