Puebla, 23 de abril del 2024

Nueva píldora anticovid – generosidad selectiva

Por Cesar Rios Hernández / /
César Ríos Hernández, autor de "Crónicas del elefante blanco".
César Ríos Hernández, autor de "Crónicas del elefante blanco". Fotos: Central

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Hace unos días, la farmacéutica Pfizer hizo un importante anuncio, donde la empresa firmó un acuerdo con un grupo respaldado por la ONU para permitir que otros fabricantes produzcan su píldora experimental contra la covid-19, permitiendo que dicho tratamiento esté disponible para más de la mitad de la población mundial. ¡Sin duda, el doctor “Simi” debe estar de plácemes con este anuncio!

La empresa aseguró que no recibirá regalías por las ventas en países de bajos ingresos (si usted vive en un país rico, esto no es para usted) y renunciaría a las regalías por ventas en todos los países cubiertos por el acuerdo (fuente: El Financiero).

Aunque la noticia parece tener un noble y desinteresado propósito, contrasta mucho con las restricciones que esta tendrá, incluso la organización Médicos Sin Fronteras expresó su “desaliento” porque el acuerdo de Pfizer no cubrirá a todo el mundo (Brasil no podrá exportarla) y excluía a países como China, Argentina y Tailandia. Además, la farmacéutica SÓLO está liberando la patente de la píldora de tratamiento, no la vacuna; los datos indican que menos del 1 por ciento de las vacunas de Pfizer contra la covid-19 ha ido a países pobres.

Cuando brotó la pandemia, inició “la carrera” de las diferentes empresas farmacéuticas por crear y patentar la vacuna, y hasta ahora, NINGUNA ha liberado sus fórmulas para que sean producidas sin fines de lucro. Y todavía pensamos que nuestra generación es más empática y consciente ante el dolor ajeno. Para nadie es un secreto, que se han estado fabricando vacunas VIP y vacunas “furris”.

La historia nos muestra que ha habido científicos que renunciaron a la posibilidad de ser ricos al liberar sus fórmulas, por ejemplo, Jonas Salk y Albert Sabin (que desarrollaron la vacuna contra el virus de la poliomielitis en 1960), se negaron rotundamente a patentar sus vacunas o ganar dinero por ellas. “No hay patente. ¿Se podría patentar el sol?”, respondió alguna vez ofendido el profesor Salk, mientras que, frente a la misma pregunta, Sabin señaló que “un científico no puede descansar mientras el conocimiento que podría usarse para reducir el sufrimiento permanece en un estante”.

Otro triste ejemplo ocurrió con el virus del Ébola (2014-2016) surgido en África. En esas fechas, las grandes farmacéuticas sacaron al mercado los medicamentos para combatirla, pero lo que no se dijo es que años antes ya se había descubierto el tratamiento para tratar dicha enfermedad, pero debido a la baja incidencia de los infectados, “no era factible” producir dichos medicamentos (dicho en otras palabras: no era negocio), hasta que se elevó a categoría de epidemia.

Si siente nauseas al leer esto, imagínese todo lo que no vemos y cómo trabaja la mercadotecnia para crear o exagerar necesidades.

Si quiere saber detalles de cómo surge un medicamento, se recomienda la película “Decisiones Extremas” con Harrison Ford y Brendan Fraser (2010), basadas en hechos reales (https://youtu.be/MZ5LDwWkaJo).

En conclusión, es bueno saber que la empresa Pfizer liberara (al menos) el medicamento del tratamiento, pero si la generosidad es parcial y selectiva, entonces no debería jactarse de logros… aunque por algo se empieza.

El Diálogo de hoy: –entre vacunados–

V1.- ¿Listo para tus vacaciones?

V2.- Pues no del todo, estoy limitado para viajar a Estados Unidos.

V1.- Seguro porque te pusieron la vacuna china, ¿verdad?

V2.- No es por eso.

V1.- ¿Entonces te pusieron la vacuna rusa?

V2.- ¡Tampoco!

V1.- Pues entonces, ¿cuál es tu limitación?

V2.- Me negaron la visa al investigar mi cuenta de Facebook por mis comentarios negativos sobre las vacunas diciendo que hubo abuso para hacer negocio y que la OMS era títere de las empresas farmacéuticas.

V1.- Ahora entiendo, pues agradece que no te persiguen por “blasfemo”.

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