25 de Octubre del 2020
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El reemplazo del Bruto y el respiro T-MEC

Por Cesar Rios Hernández / /
El reemplazo del Bruto y el respiro T-MEC
Foto: Central
Hace algunas semanas, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció un nuevo indicador alternativo (medición) para determinar el crecimiento económico del país, en donde se busca reemplazar el Producto Interno Bruto (PIB) por un indicador enfocado en el bienestar social; esto fue tomado como algo brutal en algunos sectores empresariales y por algunos economistas, que se fueron de espaldas por la aparente blasfemia financiera.

Como suele suceder en la política, inmediatamente a esto se inició una tormenta de descalificativos e insultos, sin haber confirmado todas las palabras pronunciadas por el presidente. La forma en la que la mayoría de los medios de comunicación transmitió la noticia fue lamentable, pues no se aclararon algunos puntos adicionales mencionados por AMLO. En esta parte, el presidente también tuvo mucha culpa e imprudencia, pues en su discurso mezclo conceptos “campechanos” que no ayudaron mucho. Para un tema tan delicado, debió ceder el informe a la Doctora Graciela Márquez Colín, Secretaria de Economía, ¡pero que se le va a hacer!

Pero analicemos por partes, el PIB mide el valor monetario de los bienes y servicios finales (es decir, los que adquiere el consumidor final) producidos por un país en un período determinado (ya sea por un trimestre o un año); además, es un indicador utilizado por las más grandes organizaciones financieras del mundo, incluso el presidente mencionó que se seguiría utilizando, pero sólo como referencia (esto no lo mencionaron mucho los medios de comunicación).

La decisión de incluir un indicador de bienestar social es más que necesario, y desde hace varios años algunos economistas ya lo habían señalado, pues el PIB no mide el nivel de desarrollo de un país, así como tampoco la calidad o el nivel de su sistema educativo o de salud, y mucho menos la calidad de los bienes y servicios producidos. ¿Sorprendido? Bueno, ahora ya puede presumir a sus amigos que ¡usted sí sabe! y que dejen de asustarse con el “petate del muerto”; aunque apenas hace unos días los expertos aseguran que México, Estados Unidos y Canadá tendrán una contracción mayor al 7% al final de este 2020. En pocas palabras (usando el PIB como único indicador) en enero 2021, los presidentes de cada país sólo podrán presumir quien quedo como “el enano más alto”, al final de la crisis.

Pero si hablamos de indicadores, existe un indicador más palpable, pero que ningún político quiere incluir en su medición de gobierno, que es “el poder adquisitivo del salario mínimo” de los ciudadanos, es decir, qué bienes y servicios se pueden obtener con el salario mínimo para poder subsistir. Hasta 2018 (Fuente: Conasami) se tienen datos de que, en los últimos 36 años, el salario mínimo perdió más del 73% de su poder adquisitivo. Es decir, el salario de un albañil trabajando en la década de los 70 podía mantener en forma básica, pero completa, a su familia (esposa y dos hijos), pero ahora sería más que imposible, pues aun el salario de un maestro no es suficiente para poder sostenerse. Desde hace varias décadas, ellos mismos se han autonombrado (con sarcasmo) “el pobresorado”. Aun con todo, se tiene la esperanza de que ese calificativo cambie pronto.

Para el momento en que usted está leyendo de esta columna, sin duda ya se habrá informado de la alegre y “ruidosa” noticia, relacionada al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), en donde la gran mayoría de los sectores industriales y empresariales están de fiesta con este tratado, pues todo indica que será un “gran respiro” para la economía de los tres países. No abundaremos mucho en el tema, sino solo en clarificar una carta especial, en donde las principales organizaciones que representan a los fabricantes manufactureros de la región de Norteamérica enviaron una misiva a los presidentes Donald Trump, Justin Trudeau y Andrés Manuel López Obrador, diciendo lo siguiente: “Escribimos para subrayar nuestro fuerte apoyo al T-MEC y enfatizamos la importancia de este acuerdo para nuestra industria”. Lo señalaron Dennis Darby, presidente y CEO de fabricantes y exportadores canadienses; Francisco Cervantes, presidente de la Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos (Concamin), y Jay Timmons, presidente y CEO de la Asociación Nacional de Fabricantes (fuente: El Financiero).

Aunque parece una carta simple, dice mucho en realidad. Poca gente en México capta la gran dependencia económica que aún se tiene con Estados Unidos, este acuerdo era más que necesario para los grandes corporativos industriales y, en términos prácticos, el T-MEC es un acuerdo entre particulares, afianzando sus compromisos con los presidentes, como el equivalente a notarios públicos. Con esto se confirma lo que varios analistas financieros han venido diciendo desde hace muchos años, los gobiernos ya no tienen el control total de sus economías, quien rige las directrices de comercio, son los grandes corporativos empresariales, no los presidentes.

El Diálogo de hoy: entre intelectuales –

I1.– Escuché un mensaje del presidente en donde van a crear un indicador de bienestar social, incluyendo la felicidad de los mexicanos.

I2.– Pues según el Índice Mundial de la Felicidad (emitido por la ONU), nuestro país ocupa el lugar número 23 en una lista de 156 países.

I1.– ¿Será correcto? Algo anda mal. Con tantas crisis y problemas desde hace varias décadas, tal vez es el “índice de masoquismo”.

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