25 de Noviembre del 2020
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Digitalización de pagos y la persecución silenciosa

Por Cesar Rios Hernández / /
Digitalización de pagos y la persecución silenciosa
Fotos: Central
inte ElefanteBlanco

Hace unas semanas, el Pleno del Senado aprobó dar marcha atrás a la propuesta de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) que permitiría al Servicio de Administración Tributaria (SAT) tomar fotos y videos de bienes de contribuyentes durante visitas domiciliarias.

Con esta noticia, muchos ciudadanos y empresarios que han prosperado a “escondidas” ahora dormirán más tranquilos, sabiendo que los inspectores del SAT no tienen autorización para recolectar evidencias de sus bienes o propiedades.

Sin embargo, esta aparente derrota a las autoridades hacendarias sólo es una cortina de humo para tranquilizar a los contribuyentes.

Con el crecimiento exponencial que ha experimentado el comercio electrónico, cada vez será más difícil esconderse del SAT. Los expertos financieros han confirmado que debido a la pandemia del COVID-19, las compras por internet se han acelerado y aun las Pymes han entrado a la digitalización de sus operaciones para poder mantenerse “a flote” en medio de toda esta crisis; al parecer no tenían otra opción: o se integraban o desaparecían.

La digitalización de pagos (uso de tarjetas o compras por internet) no es algo nuevo, desde hace varios años este mecanismo ha sido utilizado por las grandes empresas, pero era casi inaccesible para las empresas pequeñas, debido a los altos costos por su manejo. Con los avances gigantescos en la tecnología, ahora ya es más sencillo y menos costoso el poder integrarse a la digitalización de pagos. Con todo esto y dentro de pocos años, no será nada extraño que aun el taquero de la esquina acepte pagos con tarjeta o celular y que las iglesias dejen de usar “la charola” para recibir las ofrendas o limosnas.

Esta forma de economía electrónica no es exclusiva de nuestro país, es una tendencia mundial y todo indica que será imparable.

Tan fuerte es la tendencia o imposición de este sistema, que, desde enero del año pasado, AMLO firmo un acuerdo con la Asociación de Bancos de México (ABM), en donde se comprometió a reducir la cantidad de efectivo que se maneja en el país, así como incrementar el uso de pagos a través de teléfonos celulares con los códigos QR. Según el presidente de la Asociación de Bancos, Marcos Martínez Gavica, este plan (compromiso) servirá para combatir la corrupción, mejorar la condición económica de los ciudadanos y brindar servicios con transparencia, ¿entendemos bien la última frase o será preferible negar, quien se hará más “transparente”?

El “beneficio” de mantener los pagos electrónicos parece muy lejano para las comunidades alejadas de las grandes ciudades, y más aún para los países con grandes carencias económicas; no por nada el gobierno de nuestro país tiene como prioridad, que el internet sea un derecho gratuito en todos los rincones del país. Y esa prioridad es también uno de los objetivos del FMI, en donde la presidente actual de ese organismo Kristalina Georgieva, declaró a mediados del mes pasado, que es necesario ampliar el acceso a internet y digitalizar para una mejor inclusión financiera, ¡directa la flecha y al corazón!… más clara no pudo ser.

Además de las imposiciones, perdón, iniciativas de las grandes organizaciones financieras, está también la “alineación” de identificación personal con datos biométricos y tecnología blockchain (no vaya a ser que, por error u homónimo, bloqueen sus cuentas bancarias), en donde el proyecto ID 2020 será parte de bancarización mundial para todos habitantes del planeta (fuente https://id2020.org/).

A este ritmo, es muy probable que antes de 2026, el uso de dinero en efectivo se haga obsoleto y no importara dónde nos encontremos, toda transacción financiera será posible, ¡aunque se encuentre en las grutas de Cacahuamilpa!

En conclusión, una vez que el internet llegue a todos los rincones del mundo y que la digitalización de pagos este totalmente implementada, los gobiernos podrán conocer a detalle sus ingresos y gastos (en personas físicas o morales); obviamente, nadie podrá esconderse al momento de los impuestos, fiscalizaciones o persecuciones. Es decir, nadie podrá comprar o vender si no está registrado con una cuenta electrónica.

El Diálogo de hoy: – entre compradores –

C1.- ¡Por fin!… compre por internet mi televisión de 50 pulgadas y con buen descuento por el “Buen Fin”

C2.- ¿Usaste tu tarjeta de crédito?

C1.- Claro que no, compre tarjetas “PayPal” para mantener el anonimato con el SAT.

C2.- Pero tuviste que registrarte en tienda departamental, ¿o no? Además, la televisión fue entregada en tu casa, ¿verdad?

C1.- Así es, ¿eso qué tiene de malo?

C2.- Pues ya no eres invisible para los impuestos y de seguro presumiste en Facebook tu nueva televisión.

C1.- ¡Ah caray! Entonces no fue una compra inteligente, ¿y cómo voy a justificar el dinero si estoy “sin trabajo”? Bienvenido al mundo de la digitalización, ¡bruto!

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