Del presidente, el rockstar mediático y el reportero “de a pie”

Algo ocurre en redes sociales. Así como hay millones de usuarios que suben y se agotan en expresar su día a día, hay quienes se contienen hasta que estallan.

En cuanto a temas que tienen que ver con el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, en lo personal, me he censurado. Primero, por vergüenza. Me da pena admitir públicamente, aunque lo hago constantemente, que yo voté por él. Es como darte la palmada en la cara mientras te dices “pendejo” una y otra vez.

El segundo punto por el que me censuro en redes sociales es por la explosión de respuestas que se vienen encima, sobre todo en Twitter. Y vienen de ambos lados. De izquierda y de derecha. Si tu postura tiene una pincelada de crítica, los de izquierda y Amlovers te nombran panista o priista. Pero, si estás de acuerdo en algún tema con cómo se manejó López Obrador, vienen los de derecha a decirte chairo y a hablarte de todo lo que se ha hecho mal en tres años según su perfecta perspectiva de todólogo.

Uy, pero si te atreves a no tomar postura, o plantearte neutro, los dos bandos te muelen y terminas como el meme de la niña rubia: “Ah bueno, entonces chingo a mi madre”.

Algo así me ocurrió el fin de semana. El viernes, después de que el presidente de la República usó “La Mañanera” para hablar de lo que supuestamente llega a las arcas personales del presentador de noticias de Televisión, Carlos Loret de Mola, me impresioné. Y estallé en lo personal. Ya me había impresionado bastante porque desde hace meses también López Obrador había metido en un mismo cajón a sus detractores y opinólogos de derecha con gente como Carmen Aristegui o el mismo Julio Hernández López.

Hice un hilo en Twitter que me salió del alma. Ni lo revisé, ni lo releí antes de dar enter para publicarlo.

Acá lo dejo por si no lo vio.

Hasta ayer, el post inicial del hilo tuvo casi 5 mil corazones del mentado LIKE, mil 454 retuits y 132 respuestas directas. De los metadatos, según las estadísticas de Twitter, el primer mensaje tuvo 506 mil impresiones; en las interacciones llegó a 42 mil 654 y unas 32 mil 782 ampliaciones de detalles según las mismas estadísticas que uno puede revisar. En el hilo iban otros 13 tuits similares con interacciones que rondan esos números. 

No esperaba, ni de lejos, ese alcance.  Pero yo intenté expresar mi punto de vista sobre varias cosas de las que perdemos el foco. Algunos matices que no siempre entenedemos en un mundo en blanco y negro.

Porque la vida también puede ser una escala de grises.

Primero, los rockstars de la tele, quienes están muy lejos de lo que yo consideraría un verdadero periodista, en específico, un grupo se ha atrincherado en la monotemática crítica a la 4T.

Después hablé de empatía y ojo porque esto indignó a muchos. 

Y lo mencioné porque el que un personaje como Carlos Loret de Mola me hubiera provocado empatía –un segundo, un minuto, una hora, un día, el tiempo que fuera– me prendió las alarmas en lo personal. Red flags por todos lados pues, dentro de mí.

¿Por qué? Porque si ya es obvio que la estrategia de comunicación del gobierno de la República se dicta con el hígado, la respuesta al escándalo de las finanzas que no cuadran con la vida de José Ramón López Beltrán, definitivamente se dictó con una explosión de bilis. 

Y con eso, a los asesores del presidente o a quienes lo dejan salir a “La Mañanera” sin contar hasta diez, se les olvidó del cuadro completamente el contexto de persecución que hay a los periodistas de a pie en México, en donde en mes y medio ya van seis comunicadores asesinados.

La exhibición que hizo el presidente, cierta o no, de las finanzas del personaje televisivo, solo le dio más armas a él, sus fans y todos sus ya  insaciables críticos, que abundan en redes sociales. Por lo ilegal en que cae el presidente en la exhibición de datos personales, además, hecho en el megáfono que representa el espacio a nivel nacional. 

El propio Carlos Loret usó estas armas en su respuesta. Una respuesta con muy buen tono, y perfectamente bien proyectado como víctima porque el tipo sabe lo que hace. Sabe proyectar. Es bueno, tiene timing, cosa que obviamente el presidente no tiene. 

Esto provocó más de 50 mil personas en un Spaces de Twitter esa noche con un #TodosSomos…. a su favor. Donde había de todo, impresentables como el ex diputado federal y artista exclusivo de Televisa, Sergio Mayer, la senadora ex 4T, Lilly Téllez y la ex primera dama Margarita Zavala. Bueno, se intentó responder con un #NoTodosSomos… que no llegó a los dos mil participantes. Entre escuchar ambos espacios se me fue la noche y la madrugada del sábado.

Y sí, qué bueno que hay críticos para el presidente de la República. Sobre todo porque a la 4T le hace falta autocrítica, y urge que en Palacio Nacional noten todos los días que simplemente no cuadra su proyección como un líder moral “austero” con la vida que lleva, por lo menos su hijo mayor.

Pero, más allá entre el pleito de la Derecha que se trepó en el discurso de un mártir, Loret y la forzada defensa que hacen militantes de Morena y seguidores del presidente hay un limbo para los periodistas en el país.

Y hablo de los periodistas de a pie, no los lectores de noticias que se echan tierrita antes de salir a cuadro, los que no tienen el apoyo de millonarias casas televisivas ni de los grupos de poder. Hablo de la mayoría de los periodistas, los que no son rockstars.

En una discusión en blanco y negro todos ellos se quedan solos. Todos ellos están solos. 

El mecanismo federal simplemente no sirve. Y por eso en el tuit me puse de ejemplo. Porque, aunque nunca había hablado de esto públicamente, conozco mi caso y sé cómo es que estoy en el limbo para el sistema. 

–Y aquí pondría el listado de hechos que me han pasado y las denuncias que he presentado y por las que me he acercado a las autoridades y los mentados mecanismos. Pero no me gusta tirarme al piso.–

El punto es la seguridad del gremio. Endeble, inexistente. 

El punto principal es que a los periodistas de este país los están matando. A los periodistas “de a pie”, los amenazan, los persiguen, los acosan, les inventan historias, los acorralan, los sumergen en su propia depresión y al final, los matan.

Y ese era el sentido del hilo. Que entre el pleito personal del presidente Andrés Manuel López Obrador y Carlos Loret de Mola, los que en verdad perdemos somos los que vivimos día a día dando la cara por lo que publicamos. Periodistas, no los publirelacionistas.

Qué bueno que Carlos Loret de Mola tenga seguidores y sí, qué bueno que sigan sacando los trapitos de los hijos del presidente o su cúpula porque la crítica siempre será sana.

Pero tengamos memoria. 

Por si han olvidado el montaje del operativo televisivo de la detención de la banda de “Los Zodiaco” en el que se incriminó a la francesa Florance Cassez deberían de buscar el libro de la periodista francesa Emmanuelle Steels, “El teatro del engaño. Buscando a los Zodiaco, la banda de secuestradores que nunca existió”. Está perfectamente documentado y narra qué hizo cada personaje en la historia. Incluido el nuevo mártir.

Insisto, pocas veces toco estos temas en redes. 

Intenté ser lo más equilibrado: 

Ni soy Team Loret ni soy Team Amlo. Lo que pasa es que nos están matando.

Edmundo Velázquez

Edmundo Velázquez

Es egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) y cursó la maestría en Periodismo Político en la Escuela de Periodismo Carlos...