Hace apenas unos meses, Olga Lucía Romero Garci-Crespo presumía con entusiasmo las nuevas reglas de Morena contra el nepotismo.
Ya saben cómo es Morena.
Hay discursos solemnes, llenos de principios inquebrantables.
Y pues los estatutos convienen hasta que toca ver dentro de su casa.
Así que, como toda visita incómoda, a los estatus de Morena, Olga Romero simplemente los mandó a esperar afuera porque pues para qué incomodar a los niños.
El domingo pasado, en un evento del Gobierno del Estado y el Ayuntamiento de Tehuacán, Olga Lucía Romero Garci-Crespo volvió a aparecer con su equipo completo: lonas, porristas, fotógrafos y, por supuesto, sus dos nepobabys de cabecera.

Había que mostrar músculo ante el gobernador Alejandro Armenta.
Así que Armando, regidor de Educación, Juventud y Deporte, volvió a demostrar que para la fotografía siempre tiene hueco en la agenda.
Para los resultados en su municipio, en cambio, el calendario se le complica misteriosamente. Todo sea por los likes.

Y Francisco va un piso más arriba en el organigrama familiar. Se presenta como coordinador de su propia madre.
Sí, coordinador de su mamá.
De la dirigente estatal que sale a celebrar el combate al nepotismo.
Mientras que en la intimidad del changarro despacha su carrera política como empresa familiar. Mamá dirige, un hijo abre camino, el otro sonríe a cuadro.
Los dos aparecieron junto a ella el domingo, cobrando cercanía y presumiendo obras que no son mérito de nadie de la familia, sino decisiones del Gobierno del Estado.
Porque las obras llegan a Tehuacán por presupuesto e institucionalidad, no porque una dinastía necesite salir en todas las fotos del corte de listón.
Olga —o Monina, como la conocen en Tehuacán— ya no tiene oficina, ya no tiene presencia política propia ni el respaldo que sigue presumiendo en sus discursos.
Pero el reflector, ese sí, no lo suelta.
Y como ella no levanta ni el polvo, mucho menos las encuestas, ahora se dedica a placear a los hijos que es lo que le queda por futuro político.
Tal vez la aspiración es que alguno consiga otra regiduría.
No para servirle a Tehuacán, eso quedó claro que no es lo suyo, sino para no romper la tradición de la casa:
Que se mantengan del erario y no de mamá, que ya bastante caros le han salido.
En Morena a eso le llaman combatir el nepotismo.
Pero en Tehuacán parece más importante heredar el hueso.
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