En política, la congruencia no se mide por la dureza de las iniciativas que se presentan, sino por la disposición a aplicar en casa las reglas que se exigen para los demás. Ahí es donde suelen quebrarse las cruzadas.
La diputada priista Delfina Pozos ha decidido colocar en el centro de su agenda legislativa el despojo inmobiliario, la simulación, el nepotismo y la impunidad.
En el papel, son causas necesarias: Puebla tiene un historial largo de predios arrebatados con papelería impecable y de expedientes que envejecen sin sentencia. El problema no está en la iniciativa. El problema aparece cuando ese discurso se contrasta con los señalamientos públicos que rodean a su propio entorno.
Mientras la diputada propone endurecer la legislación contra el despojo, en la región de Libres y San Salvador El Seco existen conflictos inmobiliarios atribuidos públicamente a integrantes de su círculo familiar.
Y no se trata únicamente de versiones que circulan en redes sociales, ese territorio donde todo se afirma y nada se prueba.
Existe, por lo menos, un procedimiento judicial: el expediente 1065/2024, en el que se ordenó la ejecución forzosa de un convenio, el lanzamiento de la parte demandada y el auxilio de la fuerza pública para recuperar dos fracciones de una antigua hacienda.
Conviene decirlo con precisión, porque la precisión es lo único que distingue al periodismo del rumor: ese documento no permite responsabilizar penalmente a la legisladora ni atribuirle conductas de terceros.
Un expediente civil no es una imputación.
Pero sí abre una pregunta política que, hasta hoy, nadie ha respondido.
¿Con qué autoridad se encabeza una cruzada contra el despojo mientras se guarda silencio frente a señalamientos que alcanzan al propio apellido?
La contradicción es evidente y no requiere interpretación forzada. Para los adversarios: leyes más severas, sanciones ejemplares, discursos de legalidad y tribuna.
Para el entorno cercano: prudencia, distancia, evasivas.
Es el viejo doble rasero que en Puebla ya conocemos de memoria, sólo que ahora viene envuelto en el lenguaje de la cuarta transformación.
A ello se suma otro episodio que tampoco ha sido suficientemente explicado por Delfina Pozos.
El caso de Tania N., suplente de la diputada, señalada y procesada dentro de investigaciones relacionadas con actividades criminales. La respuesta de Pozos fue que su relación se limitaba a asuntos partidistas. Puede ser. Pero una candidatura no brota de la tierra por generación espontánea.
Alguien propone, alguien revisa, alguien avala y alguien firma. En los partidos, las fórmulas no se sortean: se negocian. Preguntar quién puso ese nombre en la boleta no es un ejercicio de malicia, es aritmética elemental de la política.
Por eso la discusión ya no puede reducirse a una iniciativa legislativa ni a una fotografía en el Congreso. Lo que empieza a perfilarse es una trama más amplia, hecha de relaciones familiares, propiedades, decisiones partidistas, candidaturas y posibles conflictos de interés. Cada uno de esos hilos, por separado, admite explicación. Juntos, exigen una.
Delfina Pozos tiene derecho a deslindarse y a no cargar con actos ajenos. Ese derecho no está en disputa aquí.
Pero como representante popular tiene también una obligación que no puede delegar en un comunicado: responder con claridad qué sabe, qué vínculos existen y si en algún momento su posición política sirvió para intervenir, gestionar o inclinar la balanza en asuntos que tocan a su entorno.
El silencio, en estos casos, nunca es neutral. Es una decisión, y como toda decisión política tiene costo. Quien decide legislar sobre el despojo se coloca voluntariamente bajo un estándar más alto: el de demostrar que su casa está en orden antes de exigir el orden en la casa ajena.
Esta es apenas la puerta de entrada.
Porque detrás de la legisladora que habla de legalidad hay expedientes, propiedades, personajes y decisiones políticas que tendrán que revisarse uno por uno. Y se revisarán.
Delfina Pozos quiso abrir el debate sobre el despojo.
Ahora tendrá que explicar hasta dónde llega esto en su familia.
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