El sábado 27 de septiembre Ignacio Mier Velazco, senador de Morena por Puebla tuvo su primer informe de labores.
Más allá de informar, el evento sería una imagen, una representación de la supervivencia a año y medio de perder en la interna ante su primo Alejandro Armenta Mier, ahora convertido en gobernador.
Sería un corte de caja de alianzas, amistades y enemistades. Algunas cosechadas tras el olvido selectivo de grupos que dejó en el camino de su precampaña.
Pero, la conversación no giró en cuanto al poder que representaría el senador por Puebla.
El evento giró en la aparición de su muy cercano colaborador, Adán Augusto López Hernández.
¿La aparición de Adán Augusto López Hernández le resta más de lo que le suma a Ignacio Mier Velazco?
Actualmente, Adán Augusto está de rodillas. No solo perdió en la interna de Morena a la presidencia de la República con la mejor alumna de Andrés Manuel López Obrador, si no que volvió a perder en todas las arenas, a pesar de que tuvo ya un año en el control del Senado de la República, poder que poco a poco se le diluye en las manos.
Los recientes escándalos de irregularidades fiscales y patrimoniales, donde se ha señalado por una presunta discrepancia fiscal o por no declarar 79 millones de pesos ante el Servicio de Administración Tributaria (SAT) entre 2023 y 2024, nuevamente lo tienen en la lona.
Pero, a pesar de las acusaciones, él ha argumentado que sus ingresos provienen de actividades privadas como su notaría pública, la venta de ganado, la renta de una oficina y herencias familiares (incluyendo una en Estados Unidos y un departamento), y que sus declaraciones patrimoniales y ante Hacienda están en orden.
Su relación con Hernán Bermúdez Requena, con el caso de “La Barredora”, y quien fue su Secretario de Seguridad en Tabasco cuando fue gobernador, lo relación directamente con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
El senador ha negado enfáticamente pactar con delincuentes, aunque admitió que con la experiencia “seguramente no nombraría un personaje como él”, refiriéndose a Bermúdez, si es que volviera a ser gobernador.
A pesar de todo esto, a Adán Augusto se le atribuye un comportamiento de impertinencia y soberbia. Un político poco acostumbrado a los cuestionamientos de medios de comunicación ni a la declaración diaria, lo que le ha generado momentos de molestia y confrontación con la prensa.
Por si fuera poco, una muestra de ruptura interna en Morena en Tabasco es su relación con Javier May. Toda la clase política local se divide entre la nueva ola de morenistas alineados a Javier May y los apestados de Adán Augusto.
La suma de escándalos recientes podrían ser mensajes, que muchos atribuyen a su excompetidora desde Palacio Nacional, para orillarlo a abandonar la coordinación del Senado o sus aspiraciones políticas.
Desde la óptica de Nicolás Maquiavelo y la ciencia política moderna, los elementos negativos o debilidades en la figura de un político como Adán Augusto López restan más de lo que suman.
Ignacio Mier evidenció una lealtad a prueba de todo, pero se disparó en un pie ante evidentes investigaciones contra su compañero tabasqueño.
Recordemos que Maquiavelo se enfoca en la adquisición, conservación y ejercicio efectivo del poder.
Maquiavelo aconseja al Príncipe evitar a toda costa ser odiado o despreciado por el pueblo. Las acusaciones de corrupción, riqueza inexplicable y discrepancia fiscal de o los vínculos con el crimen organizado de Adán Augusto generan odio y desprecio, debilitando su base de apoyo y la legitimidad de su gobierno o liderazgo.
El desafío o las tensiones percibidas con la presidenta Claudia Sheinbaum o la falta de un apoyo unánime de su bancada, sugieren una pérdida de control dentro de su propio movimiento. Adán Augusto como líder de la facción en el Senado que no puede mantener la lealtad o evitar el “fuego amigo” demuestra debilidad.
Adán Augusto está, en estos momentos, siendo la imagen de todo lo negativo que tiene un político en México. Carencia de legitimidad, percepción de corrupción y opacidad y los errores en la gestión de colaboradores clave –como Hernán Bermúdez Requena–, lo cual compromete a quienes lo rodean.
¿De verdad no analizó esto Ignacio Mier Velazco?
¿No lo notó o deliberadamente está retando a Palacio Nacional?
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