01 de Junio del 2020
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El Despertar de los Jóvenes

Por Ricardo Gali / /
Seamos claros

La historia de nuestra querida ciudad recordará el 5 de marzo de 2020 como el día en que los jóvenes salimos a las calles a gritar ¡Ya basta!, pedir justicia y exigir una verdadera estrategia de seguridad al Gobierno del Estado para hacer frente a la escalada de violencia que azota al Estado.

Sin importar raíces, alma máter, ideología o partido, los jóvenes salimos a adueñarnos de las calles, a mostrar que no estamos dispuestos a aceptar que las vidas de nuestros compañeros, amigos y familiares estén sujetas a la incapacidad gubernamental para garantizar el bien público más elemental, la vida. Este 5 de marzo, los poblanos expresamos, sin violencia, pero con contundencia, nuestra inconformidad con la lamentable estadística que convierten a México en uno de los países más inseguros en el mundo, al reportar 25 muertes diarias por cada 100,000 habitantes. Estas cifras, además de convertir a México en unos de los países más peligrosos para vivir, han sacado a relucir la fragilidad institucional del gobierno.

Los jóvenes en Puebla nos hemos negado a permanecer estáticos frente a los riesgos, cada vez más evidentes, de tener un futuro adverso. Con las movilizaciones masivas de estudiantes genuinamente preocupados por la vulnerabilidad en la que viven, ha quedado claro que más allá de nuestras diferencias naturales, todos compartimos una fuerte convicción por vivir en un país mejor.  La energía de miles conquistó la ciudad e hizo que más de uno volviera a creer en la posibilidad de reconstruir a nuestra sociedad.

Nuestros pasos fueron acompañados de aplausos. Los vecinos, animados, nos regalaban aguas como signo de apoyo y solidaridad con un movimiento que no es de unos sino de todos. Automovilistas y peatones reconocían el valor que esta generación tiene, mismo que puede servir como punta de lanza para transformar lo que hasta ahora había sido normalizado.

No quisiera dejar pasar la oportunidad para reflexionar sobre el alcance de esta manifestación juvenil. Además de revivir la esperanza de millones, los estudiantes demostraron que, en un clima de polarización, es posible caminar juntos por un fin común, construir un país en donde haya más títulos que cadáveres.

Las universidades, después de mucho tiempo, volvieron a asumir su rol protagónico en la vida social y política del estado. Las instituciones educativas abanderaron el movimiento social más relevante de Puebla en muchos años y seguramente, servirán como plataforma para liderar un contrapeso tan ausente como necesario.

Si bien es cierto que la escalada en la violencia lleva más de 10 años, ningún político ha estado a la altura de responder al desafió con verdadera honestidad política, anteponiendo así intereses superficiales que han degradado al máximo la labor del político. A más de uno se le acerca su encuentro con la historia donde tendrá que asumir su incapacidad para conseguir paz para los poblanos.

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