20 de Septiembre del 2021

No Normalicemos la Violencia

Por Ricardo Gali / /
Inden interior SeamosClaros

La violencia e inseguridad en nuestro país son dos de los problemas más grandes que debemos de resolver, pues están vinculadas directamente con una debilidad innegable del Estado y la falta de un sistema legal efectivo, que, durante los últimos años, han propiciado enfrentamientos cada vez más frecuentes entre los ciudadanos y la delincuencia.

Como prueba de lo anterior, tenemos lo ocurrido en días pasados en una combi que recorría la ruta México-Texcoco, donde fuimos espectadores y contribuimos en la viralización de un video y cientos de memes, de una pareja de asaltantes que por su falta de coordinación, fracasaron en su intento de despojar de sus pertenencias a los pasajeros que se encontraban a bordo de la unidad de transporte público, y en su lugar, uno de los dos delincuentes fue sometido y brutalmente golpeado por los pasajeros hasta dejarlo inconsciente y gravemente lesionado.

Si bien, muchos pueden creer que esto es un caso aislado de violencia, la realidad es que no es así, y por lo tanto, no podemos ignorar que las escenas de venganza, que hoy se confunden equivocadamente con justicia ciudadana, son más comunes de lo que creemos, y en lugar de alegrarnos, deberían de preocuparnos más que nunca, ya que con ellas se hace evidente la frustración colectiva que existe por la falta de instituciones eficientes en la impartición de justicia y, a su vez, el hecho de que alguien considere correcto aprobar la violencia bajo el argumento que el asaltante se lo merecía, no se está dando cuenta que con ello fomenta la normalización de la violencia que actualmente ahoga a nuestro país.

Si no me creen y consideran que es una exageración lo que señalo, basta con que se den a la tarea de hojear los periódicos o buscar en internet la palabra linchamiento para encontrase con una infinidad de casos que presentan a justicieros anónimos, así como penosos episodios de linchamiento de supuestos ladrones y secuestradores, en los que la furia colectiva se ha impuesto, llegando a confundir a personas inocentes con delincuentes, arruinando la vida de todos aquellos que participan en este círculo interminable de violencia.

Por lo anterior, es momento de detenernos a reflexionar sobre cómo está reaccionando nuestra sociedad, ya que no podemos permitir bajo ninguna circunstancia, que el código que rija nuestras relaciones como colectividad se sustente bajo la Ley del Talión, donde la violencia sea la fórmula aceptada para impartir justicia y con ello terminemos por desinstitucionalizar por completo el acceso a la justicia como sucedería en un Estado de Derecho.

Celebrar esta clase de conductas, únicamente terminará por deshumanizarnos aún más como sociedad y, a su vez, contribuimos indirectamente en pavimentar el camino para que la violencia entre los miembros de nuestra sociedad sea cada día más aceptada. Por tal motivo, los ciudadanos debemos asumir un papel activo para que el acabar con la violencia, la inseguridad y la impunidad no siga siendo un mero discurso político y de esta forma alcanzar nuestra aspiración de crear instituciones que nos permitan verdaderamente vivir en un Estado de Derecho.

Es tiempo de poner en el centro del debate cuáles son las acciones que como sociedad y gobierno debemos emprender para corregir las causas que generan estas problemáticas, como la desigualdad, la precariedad laboral y la falta de educación, que durante décadas han generado una profunda deuda social en nuestro país y que actualmente se agravan aún más por la difícil situación económica que enfrentamos, facilitando así, un ambiente idóneo para que se generen conductas delictivas que ante la pasividad del Estado dejan al ciudadano indefenso, quien cegado por la frustración, el miedo y el enojo opta por la violencia como la única alternativa para actuar frente a la delincuencia.

Es importante que entendamos que no debemos apostar por una cultura que nos acostumbre a que la justicia por nuestra propia mano es la solución, pues no lo es, ni lo será. No debemos ser partícipes ni promotores de la violencia como símbolo de una justicia mal entendida. Si como ciudadanos aspiramos a una sociedad prospera y justa, debemos exigir mejores policías, más y mejores procuradores y jueces, para que juntos logremos que las instituciones verdaderamente funcionen en favor de los ciudadanos y que con el paso del tiempo evitemos que se repitan las penosas escenas como de las que hemos sido testigos.

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