01 de Junio del 2020

Los efectos del rechazo

Por Betzabé Vancini / /
Los efectos del rechazo
Foto: Central

 Tú, yo y el Ello...

En todo grupo humano se establecen las bases o condiciones para ser aceptado como parte de él, así como las conductas o situaciones que eventualmente podrían llevar a la exclusión del mismo. Esto pasa en la familia, la escuela, el trabajo, con amistades e incluso en la pareja. Las personas suelen hacer un gran esfuerzo por ser aceptados pero, ¿qué pasa cuando no lo logran?

Esta necesidad de aceptación y pertenencia es casi instintiva: necesitamos de otros para garantizar nuestra supervivencia y, en muchas ocasiones, estamos dispuestos a hacer lo que sea con tal de pertenecer. Esta lucha empieza muy jóvenes, prácticamente cuando entramos al sistema escolar -kinder- y empezamos a hacer un grupo de amigos. Durante nuestra etapa preescolar buscamos la aceptación de los otros niños, de la maestra y, por supuesto, de nuestros padres y hermanos. Desde muy temprana edad, el rechazo se convierte en la peor pesadilla pues conlleva la implicación de no pertenecer, de no ser cobijado por un grupo social y, desde una perspectiva evolutiva: tener menos posibilidades de sobrevivir.

El rechazo se presenta de muchas formas, algunas más explícitas que otras y esto regula nuestra conducta así como nuestra autoestima. Una persona que a lo largo de su vida ha experimentado rechazo constante en el entorno, será una persona insegura, depresiva, irritable o, incluso, habrá generado mecanismos de oposición a este rechazo, tales como “antes de que me rechacen, yo rechazaré” volviéndose distantes, hostiles e incluso crueles.

Ahora bien, si el rechazo proviene de un ser amado es aún peor. Existen muchos casos de personas rechazadas por sus padres, ya sea por su profesión, su orientación sexual o sus elecciones de vida. El rechazo de los padres es de lo más difícil de afrontar pues detrás de esto se esconde la idea “si mis padres, que me trajeron al mundo y que son los primeros que deberían aceptarme, no lo hacen, entonces ¿quién va a quererme en realidad?” Esto merma el autoestima de la persona pues constantemente recibe el mensaje de que está mal ser quien es.

Esta idea puede replicarse a lo largo de la vida cuando la persona ha sido rechazada sistemáticamente en algún campo de su vida que puede ser escolar o laboral, pero que también puede ser en la búsqueda de pareja: “nadie me pela nunca.”

El mayor problema de experimentar rechazo de manera recurrente es que la persona acaba por cuestionar su propia aceptación. Frecuentemente, empezará a criticarse, a devaluar sus logros, a exaltar sus defectos y a disminuir su contacto social hasta el grado del aislamiento, y esto, en la mayoría de los casos le llevará a padecer depresión o crisis de ansiedad.

La mejor forma de trabajar una huella de rechazo sistemático es asistir a terapia y trabajar la auto aceptación y el autoestima. Aprender que no siempre vamos a caerle bien a todos y que hay que saber escoger a nuestro grupo cercano. Así también, hay que trabajar que las opiniones o actitudes de los círculos sociales que rechazan, son irrelevantes para nuestra vida. Es decir, si no te quieren como parte de su vida ¡allá ellos! Enfócate en rescatar todas esas cosas maravillosas de ti y en empezar por valorarlas primero tú para que puedan valorarlas otros.

Como siempre, estaré atenta a todos tus comentarios y preguntas vía Twitter. Me encuentras como @betzalcoatl

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