12 de Diciembre del 2019

Las emociones detrás de la obesidad

Por Betzabé Vancini / /
Las emociones detrás de la obesidad
Foto: Central

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El 12 de noviembre se conmemora el día internacional de la lucha contra la obesidad y es que, siendo el segundo país más obeso del mundo, con costos altísimos de salud pública debido a las enfermedades como la diabetes e hipertensión, que son consecuencia de la obesidad, no podía dejar pasar la oportunidad para hablar un poco de las emociones y los vacíos detrás de comer compulsivamente.

Existen muchas razones médicas para tener dificultad para bajar de peso, sin embargo, en individuos predominantemente sanos, acumular peso implica siempre una cuestión de hábitos no saludables que van haciéndose peor con la edad y con la desidia que esto genera. Ser esbelto no es fácil, requiere mucha dedicación, esfuerzo y en algunos casos hasta restricción, sobre todo, requiere paciencia pues no es algo que se logre de la noche a la mañana. Paciencia, que es lo que menos tenemos en estas épocas, en la que queremos todo fast track y lo más fácil posible, por lo que muchas personas recurren a cirugías bariátricas, liposucciones, píldoras anorexigénicas, termogénicos, suplementos como la carnitina o tratamientos inútiles como masajes reductivos, todo con tal de no tener que esperar para ver resultados. Sin embargo, nada de esto funciona, al menos no en el largo plazo y menos aún, cuando hablamos de resolver la emoción que hay detrás de todos los excesos de comida y bebida que te llevaron a este punto.

Desde la perspectiva psicológica, la obesidad es un proceso complejo que va surgiendo a lo largo de la infancia tardía o la adolescencia y que se concreta en la edad adulta. Este proceso tiene múltiples causas que te mencionaré y explicaré a continuación.

  • El primer factor es cultural, pues absolutamente todo encuentro social en México se establece alrededor de la comida, y es mal visto comer poco o no acabarse todo lo que se nos ha servido en el plato. Frecuentemente, se utiliza el mecanismo de la culpa para obligar a los niños o a la gente a comer –“tantos niños que hay muriéndose de hambre y tú tirando la comida”- en lugar de enseñar a los hijos a servirse menos, a poner en el plato únicamente lo que van a comer. Esto produce que frecuentemente comamos de más en lugar de respetar la sensación de saciedad de nuestro cuerpo que indica que ya es suficiente.
  • Vacío emocional: otro factor frecuente en las personas obesas o con sobrepeso es que comen aún cuando no tienen hambre y lo hacen para llenar un “hueco”, que es más bien emocional. Este vacío existencial puede venir de un duelo o una pérdida no resuelta que “se llena” con comida, sin embargo, he visto casos en los que la gente está tan aburrida de su vida, que come para tener alguna emoción distinta o disfrutar algo pues el resto de su vida les parece poco disfrutable.
  • Tapar emociones: este es otro factor común, las personas con sobrepeso u obesidad frecuentemente entierran sus emociones -enojo, frustración, tristeza, miedo, insatisfacción- debajo de capas de comida. Estas personas suelen describir el proceso de comer como lo más gratificante y, por ende, les hace olvidar esas otras emociones negativas que hay que trabajar. Mientras no se resuelvan, la persona no tendrá control sobre sus hábitos, seguirá comiendo compulsivamente y ninguna cirugía podrá ser efectiva pues recaerá y volverá a subir inevitablemente. Somos esclavos de todas esas emociones que no trabajamos y que sólo pretendemos ocultar.
  • Adicción a la comida: antes de que digas “ay, yo tengo eso porque me gusta mucho comer”, te explico: sí, adicción, pero adicción patológica como la que se puede tener al juego, al alcohol o a las drogas. Esto se da porque el acto de comer, produce una reacción inmediata en el sistema dopaminérgico, que es el encargado de producir la sensación de bienestar y de felicidad. Cada vez que la persona come, en especial carbohidratos -pan, pastas, garnachas, pizza, etc.- obtiene una sensación muy placentera y gratificante similar a recibir un abrazo cálido; sin embargo, esta sensación dura aproximadamente unos 20 minutos y después desaparece, por lo que la persona tiene que volver a comer para obtenerla nuevamente. Prácticamente lo mismo que haría un adicto a la metanfetamina.

Desde la perspectiva psicoanalítica existen también dos causas principalmente que pueden producir obesidad y que, por polémicas que sean, he visto cumplirse en múltiples casos con personas obesas o con un sobrepeso importante:

  • Deseo de muerte: este concepto es profundamente freudiano, y se refiere a que la persona desea morirse, pero como no es capaz de cometer un acto directo que le arrebate la vida, lo hace gradualmente y se mata poco a poco. Es algo similar a lo que pasa con los fumadores, aplican lo que diría Charles Bukowski: “encuentra algo que ames y deja que te mate.” Estas personas suelen tener poco o nulo interés por su salud y prefieren dejarse llevar por la negligencia, alegando que “de algo nos vamos a morir”, así que se matan lentamente con cantidades excesivas de comida, que les producirán en el mediano o largo plazo, diabetes, hígado graso, cirrosis, cáncer de estómago, falla renal, hipertensión, problemas cardiacos y, eventualmente, la muerte.
  • Negación de la sexualidad: este es el factor más polémico y que muchas personas se niegan a aceptar, sin embargo, está ampliamente comprobado en miles de casos. Las personas se sienten tan inseguras en este aspecto, que la comida remplaza el placer sexual hasta el grado de desaparecerlo. En algún momento, la persona es tan obesa que tener relaciones sexuales es prácticamente imposible así que dejan de tenerlo, convirtiendo a sus parejas en sus roomies o cuidadores. El origen de este problema está en la autoestima, cuando la persona siente que no será suficiente para llenar a su pareja y entonces prefiere ya no tener interacción sexual. Las parejas suelen sentirse muy frustradas, incluso humilladas porque su compañero/a ha decidido que prefiere seguir acumulando grasa en lugar de comprometerse con su relación. Estas parejas tienen dos tipos de final: se separan, pues la persona sana decide dejar ese círculo de destrucción; o, la pareja se une en la acumulación de peso y acaban volviéndose cómplices del autosabotaje.

¿QUÉ HACER AL RESPECTO?

Lo primero es deshacerte de los pretextos, porque hay miles y ninguno sirve: “es que no tengo tiempo”, “me gustaría comer mejor pero no tengo opciones,” “es más barato pedir comida,” “todos en mi familia son gorditos,” “es genético”, “me duele esto o aquello,” y mi favorito en estas fechas “es que ya viene Navidad, mejor empiezo en enero.”

Después de aceptar tu realidad, el siguiente paso es buscar ayuda: psicoterapia en primera instancia a la par de un tratamiento médico efectivo y asesoría nutricional. La psicoterapia te ayudará a tener la paciencia, la disciplina y el temple suficiente para darte cuenta que este proceso no tendrá resultados de la noche a la mañana, pero que cuando los tenga, habrás cambiado tu vida para bien y para siempre. No se trata de vivir a dieta, se trata de tener una vida sana en todos los aspectos, de tener una vida feliz. Nunca es tarde.

Como siempre, estaré atenta a todos tus comentarios y preguntas vía Twitter. Me encuentras como @betzalcoatl  

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