01 de Junio del 2020

¿Eres un impostor?

Por Betzabé Vancini / /
¿Eres un impostor?
Foto: Central

 Tú, yo y el Ello...

Una de las situaciones que más atiendo en el consultorio es cuando las personas no se sienten suficientes como para desempeñar los empleos que tienen, llevar una familia o tener un nuevo cargo en su trabajo. A esta inseguridad recurrente se le conoce como el síndrome del impostor. El nombre de este padecimiento tiene su origen en el concepto de impostor: una persona que engaña, que toma el lugar de otro sin merecerlo o que usurpa sus funciones. Los impostores son mentirosos, son hábiles charlatanes que hacen creer a otros que tienen talentos que en realidad no tienen. Sin embargo, en el caso del síndrome del impostor, la persona cree completamente lo opuesto. La persona que lo padece está convencida de que no se merece el puesto que tiene o se siente frecuentemente incapaz ante los retos que se le presentan, incluso cuando hay pruebas objetivas de su capacidad o de su buen desempeño.

En casi todos los casos, las personas experimentan angustia al sentir que, en algún momento, sus compañeros, profesores o jefes “se van a dar cuenta” de que no tienen la capacidad que les han adjudicado. Suelen tener una tristeza recurrente por no sentirse merecedores de lo que tienen o suelen atribuírselo a la suerte y creen que un día, esa suerte se va a acabar y los despedirán. Les cuesta mucho trabajo creerse los elogios sobre su inteligencia, su capacidad o su habilidad, incluso sobre su aspecto físico, creyendo que la gente que les halaga les está engañando o que no se dan cuenta de que en realidad no son tan inteligentes, tan hábiles o atractivos. Con frecuencia creen que las personas a su alrededor les tienen lástima y que les ayudan a lograr sus metas para no hacerles sentir mal en lugar de creer que trabajan en equipo de manera adecuada.

Este síndrome puede verse desde la escuela, cuando,  siendo estudiante, la persona cree que sus buenas calificaciones son obra de la buena suerte o de la benevolencia de sus profesores. Normalmente, este síndrome se va formando durante la infancia cuando el autoestima no se desarrolla adecuadamente. Esto puede ocurrir cuando la persona tiene un padre o madre muy exitoso que se vuelve un ejemplo a seguir; un padre o madre que son percibidos como ‘infalibles’, como perfectos, y que son muy duros para la disciplina de los hijos. Este tipo de padres suelen ‘invitar’ a sus hijos a esforzarse siempre más; les hacen saber que un nueve no es suficiente y que la única calificación que vale es el diez. Los hijos e hijas crecen sintiendo que sin importar lo que hagan, nunca serán suficientemente bueno en lo que hacen, así que hacen esfuerzos desmedidos para lograr el éxito y una vez que lo alcanzan, les cuesta trabajo creérselo.

Esta constante sensación de insuficiencia no sólo les afecta en el trabajo sino también en su vida personal. Frecuentemente creen que su pareja un día les dejará porque “no están a su nivel” o porque “descubrirán que no son tan talentosos” como la pareja cree que son. Pese a recibir buenas ofertas de trabajo o proyectos importantes, suelen buscar opiniones en su familia o amigos para saber si estarán a la altura del reto. “Pero, ¿de verdad crees que podría entrar ahí?”, “¿Crees que podría pasar el examen de admisión?”, “¿Crees que yo sea lo que están buscando?” La familia y amigos de estas personas les reiteran a menudo sus talentos y capacidades. Incluso llegan a sentirse muy frustrados por tener que hacer estas afirmaciones repetidamente, lo que no ayuda para nada a la persona con el síndrome del impostor que, al ver el fastidio de su círculo cercano, ‘reafirma’ que es una molestia para otros o que le dicen que tiene talento por mera lástima o compasión.

Anteriormente se creía que el síndrome del impostor era más frecuente en mujeres que en hombres; especialmente en aquellas que desempeñaban oficios usualmente masculinos. Sin embargo, en este siglo se ha comprobado que la proporción de personas que lo padecen es equitativa. Este síndrome puede presentarse en cualquier profesión pero es más frecuente en abogados, médicos, actores, músicos, comunicadores, investigadores y académicos. Algunas celebridades con el síndrome del impostor son: Demi Lovato, Christian Bale, Jennifer Lawrence, Michelle Obama -que incluso ha hablado públicamente al respecto-, y Kurt Cobain, que acabó suicidándose al sentir que toda su vida era una farsa.

Si no se trata a tiempo, el síndrome del impostor puede causar consecuencias graves para la vida de quien la padece: la persona acabará saboteándose hasta comprobar su teoría, tendrá profundos sentimientos de tristeza que pueden llevarle a la depresión, tendrá crisis de ansiedad y en muchos casos, las personas con el síndrome del impostor recurrirán al alcohol o drogas para anestesiar su sentimiento de fracaso. En los casos más graves, como Kurt Cobain, decidirán quitarse la vida para evitar “la vergüeza” de ser descubiertos como un fraude. El mejor camino para atender este síndrome es la psicoterapia individual y en algunos casos, la terapia grupal.

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