20 de Septiembre del 2019

Para comprender la ansiedad

Por Betzabé Vancini / /
Para comprender la ansiedad
Foto: Central

 Tú, yo y el Ello...

Muchas personas viven episodios de ansiedad o presentan este padecimiento durante muchos años de su vida, sin embargo, a pesar de lo común que es la ansiedad en la población mundial, aún es muy poco comprendida.

La ansiedad es, en pocas palabras, un estado de alteración o de alerta constante que nos impide relajarnos o disfrutar de las cosas. La ansiedad favorece pensamientos a futuro que usualmente son catastróficos: “voy a encerar y voy a morir”, “no voy a llegar a tiempo al trabajar y me van a despedir”, “no contesta mis mensajes, seguro está con alguien más o ya no me quiere”, son solo algunos ejemplos. Una de las manifestaciones más comunes de la ansiedad es la necesidad de controlarlo todo: horarios, rutinas, a los hijos, a los empleados, a la pareja. Tener la necesidad de saber dónde están a cada momento o de generar rutinas rígidas sin posibilidad de cambio ―‘los sábados son de hacer limpieza en casa y no se deja de hacer por ningún evento social o familiar’―.

La ansiedad a veces se oculta de maneras que parecen más productivas, por ejemplo, podemos ver personas que son ordenadas, previsoras, que ponen mucho empeño en su trabajo, que tienen mucha energía para empezar su día a las 5am y terminarlo a las 11pm, etc., y a veces creemos que es una forma sana de ser o de ocupar esta ansiedad; sin embargo, a la larga esto trae consecuencias como estrés acumulado, fatiga crónica, sentimientos de vacío y hasta depresión. Una persona que está en la montaña rusa de la ansiedad, eventualmente tendrá que bajar y entonces viene la caída a la depresión pues ya no tendrá energía para continuar con sus actividades.

Para comprender este padecimiento es importante saber que tiene dos orígenes:

1.- Genético. Es decir, que nuestros padres o abuelos también fueron ansiosos y nos heredaron ese padecimiento.

2.- De personalidad. Esto quiere decir que durante nuestro desarrollo observamos y aprendimos conductas ansiosas y las volvimos parte de nuestra forma de ser.

La persona ansiosa normalmente es incomprendida pues al manifestar su malestar recibe con frecuencia comentarios como “relájate un poco”, “pues cálmate, no estés ansioso/a.” Estos comentarios son poco empáticos y hacen parecer que la ansiedad es una elección o como si fuera sencillo apagarla con solo cambiar el switch de ‘ansioso’ a ‘relajado’.

Otra cosa que he observado a lo largo de mi experiencia en el consultorio es que las personas ansiosas prueban de todo antes de asistir a terapia: homeopatía, aromaterapia, mandalas, aplicaciones varias, yoga, música instrumental, bañarse con agua de lechuga, hacer cadena de oración, etc., y no es que no sirva, pues todas esas son herramientas que ayudan a disminuir la ansiedad, pero para que por fin se cure o se vuelva manejable hay que saber cuáles son sus detonantes y qué efecto tienen en nuestra vida, y esto es distinto en cada persona. Durante la terapia nos damos cuenta desde cuándo comenzó la ansiedad a hacerse presente y qué función tiene en la vida del paciente, así como las mejores formas de trabajar la ansiedad para esa persona en particular. Algunos casos requieren medicación, pero no te preocupes, normalmente son tratamientos temporales que ayudan a que le cerebro se rehabilite y deje de producir adrenalina y cortisol en exceso. La gente le teme a ir al psiquiatra o a “tomar chochos” para la ansiedad como si fueran a estar dopados como zombies y eso es completamente un mito. A veces, después de resistirse por años, e incluso décadas, las personas prueban la terapia y/o la medicación y se dan cuenta que era así de sencillo volver a sentirse en control de su vida y poder estar plenos y felices.

Nunca es tarde para buscar un diagnóstico certero y comenzar un tratamiento. La vida es demasiado corta como para pasarla sufriendo con ataques de pánico, ¿no crees?

Como siempre, estaré atenta a tus preguntas y comentarios vía Twitter. Me encuentras como @betzalcoatl

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