#PoderPrieto y el avance hacia la nueva industria del cine

En los últimos años, se ha generado la verdadera industria del cine. Ya no se habla únicamente de narrativas confeccionadas en el pulso de lo que los productores consideran una única visión del mundo.

El streaming amplió la puerta. Comienzan la videoteca de la otredad: las reales experiencias sobre ser madre; la condición de las mujeres ante el machismo e, incluso, las nuevas formas de ser en la tecnología.

Sin embargo, la expansión de narrativas alternas —vetadas anteriormente por una rígida consideración— ha ocurrido principalmente en producciones londinenses, canadienses y estadounidenses, en tanto a contenido divulgado por las plataformas virtuales.

En países como México persiste la resistencia que tanto afecta a la producción de un contenido de calidad: hablar desde los prejuicios y referirse a una otredad poco comprendida pero bastante enjuiciada y desgastada.

Las trabajadoras sexuales de nuestra más estricta contemporaneidad ya no se gobiernan totalmente por las reglas de la trata, de una humillación que la autocomplaciente visión patriarcal se encargó de construir; alguna discapacidad ya no tiene el mismo matiz trágico del que habría que avergonzarse, aunque gran parte del cine insiste lo contrario.

Y en el catálogo de la estigmatización, también figura en las primeras posiciones la hegemonía de una blanquitud que socava y define sin cuestionarse el lugar que habrán de tomar otras pigmentaciones en los roles de la historia.

Bastante cerca y bastante lejos estamos de relatos como Amores Perros —solo por mencionar alguno—, donde la piel morena es indisoluble de las clases bajas, de la delictividad más llana, e incluso de los eslabones más precarios y reemplazables del Estado.

#PoderPrieto intenta un alto en el cine. El autodefinido movimiento antirracista en México busca que las productoras prioricen una agenda de equidad racial que diga: los morenos, los afroamericanos y la comunidad LGBT+ inmersas en pigmentación no somos esto, así como la piel blanca tampoco es eso que insisten.

Con potente mensaje, gritan lo que siempre ha estado ahí: la población morena tiene poca representatividad o nula en papeles protagónicos, y cuando son representados figuran como una amalgama de prejuicios y estereotipos degradantes y criminalizantes.

Hincapié hacen en el papel del streaming en esta conducta, ya que Netflix, Amazon y HBO, tienen agendas de inclusión en sus países de origen ¿Y en México?

Hay que echar cuenta que estas plataformas se alinean a la cultura de la televisión, como una falsa intuición de lo que las nuevas generaciones habrán de aceptar: clichés del pobre y el rico y una infinidad de arquetipos gastados donde la pigmentación define la posición.

¿Será en parte, por esta obstinación, que una gran cantidad de los espectadores se identifican mejor con los roles de personajes creados en el extranjero, al haber medianamente una equidad mucho más amplia?

Cabe resaltar que esto es en cuanto a una identificación primaria, y no en tanto al contenido de las personalidades vistas en los protagonistas, que da una vasta carga de condición humana para sentirnos representados.

Como mencionamos al inicio, el cine se encuentra en su verdadero apogeo, con la inclusión de narrativas ignoradas anteriormente por las grandes productoras y que encontraron cobijo en las plataformas.

Si queremos historias renovadas, transgresoras y medianamente únicas, la pequeña industria creativa debe mirar hacían nuevas perspectivas; permitir en sus creadores la construcción situaciones que consideren no convencionales o hasta poco rentables.

Derribar la barrera de la pigmentocracia es un paso necesario para una renovación que logre identificar a sus nuevas generaciones en lo local, si es que las producciones mexicanas no quieren quedar en desuso o representando únicamente a una sociedad que habrá de repetir el racismo.

La oportunidad no es solo para las actrices y actores de distintas razas. También lo es para las y los guionistas. La ira de #PoderPrieto en el cine y su voz ampliada en los medios de comunicación servirá para, verdaderamente, renovar al cine mexicano y, con ello, seguir fincando los ladrillos de la nueva industria: rentables historias donde queman todes.

La Persona y la Cámara