Jose Francisco Baeza Vega

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José Francisco Baeza

Babel: divide et impera 

En el principio, se dice, Dios separó las aguas, quedando “una parte de ellas, abajo y la otra, arriba” (Gn 1). Los habitantes de Babel—es decir, de Babilonia—se dice también, creían a pie juntillas aquello de que las aguas de arriba y las de abajo eran espacios físicos separados solo por unos pocos kilómetros de atmósfera, de tal suerte que era factible construir una torre que les uniera a fin de tomar el Cielo por asalto y destronar a Dios, quien ahí habitaba. 

Sabedor de los planes del hombre y dándose cuenta de que el agua con la que había inundado la Tierra y el fuego que había hecho llover sobre Sodoma y Gomorra no habían logrado quebrar su espíritu, ésta vez, Dios optó por un infringirle un castigo más severo: la confusión. “¡Confundus!”, clamó el inseguro rey del universo, y todos quienes colaboraban amistosamente en la empresa más ambiciosa de la historia humana, la construcción de la Torre de Babel, comenzaron a mentarse la madre en diferentes idiomas y a bajarse de los andamios, abandonando su audaz intento de recuperar el paraíso. (No es casualidad, sospecho, dicho sea de paso, que la palabra traductor, se asemeje a traidor o transgresor). 

A lo largo de los años, distintas culturas han contado su propia versión del cuento bíblico de la Torre de Babel, cada cual según sus propias circunstancias; Ovidio, por ejemplo, narra que, durante la Gigantomaquia, la guerra entre dioses olímpicos y gigantes, los segundos apilaron montañas con la intención de alcanzar el Olimpo pero fueron repelidos por los rayos atarantadores de Júpiter, y Diego Durán y Fernando de Alva Cortés Ixtlilxóchtl, por su parte, coinciden en que los gigantes que quisieron llegar al Sol desde el gran zacuali de Cholula corrieron idéntico destino. Desde tiempos remotísimos, pues, la fórmula de los gobernantes para mantenerse en el poder frente a adversarios que les superan en número ha sido siempre la misma: divide et impera

La idea de dividir y vencer, se observa, ha sido puesta en práctica con éxito lo mismo para sostener gobiernos o expandir imperios que para conseguir doble ración de postre a la hora de la cena; la antigua estrategia de explotar las diferencias existentes entre las personas y fomentar la desconfianza y las rivalidades entre ellos, de premiar a los que cooperen con las autoridades y castigar a los que no o de sosegarlos mediante argucias a fin de impedir que, colectivamente, impliquen una amenaza a los poderes establecidos, no obstante, parece replicarse con mayor insistencia en fechas recientes: 

Los conflictos sociales actuales trascienden de la división social clásica, la cual solía enfatizar la condición socio-económica de los individuos, y se internan en territorios inexplorados por los politólogos: todos los días, la televisión nos muestra al mundo estremecido por tensiones derivadas del multiculturalismo, de la identidad de género o del COVID-19, y a la aldea, revuelta en un grotesco ménage entre el cochista, el ciclista y el peatón. 

¿A quién conviene la fractura social? ¿A quién, el caos?, me pregunto. ¿Quién ganará del río revuelto en el que nos hemos olvidado de emprender proyectos comunes y nos hemos enfrascado en las más insignificantes luchas específicas?  

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Jose Francisco Baeza Vega

José Francisco Baeza

José Francisco Baeza Vega, politólogo, militante de MORENA, exregidor del H. Ayuntamiento del Municipio de Puebla.