El primer negocio siempre quiebra

“Se debe aprender a amar a los enemigos y a odiar a los amigos” Por Frederick Nietzsche 

Desde hace algunos años he traído la intención de escribir un libro de emprendimiento, para poder contar el trayecto que debe atravesar un emprendedor para poder materializar la idea de crear un negocio. Es por eso que utilizaré esta columna para contar cada una de mis peripecias desde que decidí poner un negocio.

Recién salí de la universidad, en el inicio del año dos mil, fue cuando me entró la espinita de poner un negocio. De toda la lluvia de ideas que tenía, ganaron dos en particular: poner una distribución de material dental y echar a andar una cafetería. Les voy a contar qué fue lo que pasó para que fracasara la primera idea.

El primer negocio que arranqué fue Artículos Dentales de Chilpancingo (ARDECH), me preguntarán ¿por qué ese negocio? Pues fue porque varios miembros de mi familia eran dentistas. Era un depósito dental que pretendía distribuir a los dentistas de la ciudad material dental especializado en endodoncia y ortodoncia.

El depósito tenía muy buenas marcas a distribuir, contaba con muy buena variedad de productos y el local estaba en un lugar muy accesible, pero, ¿qué fue lo que hizo que este negocio no prosperará?

  1. Mercados pequeños, el comercio era muy reducido, solo existían 36 dentistas en toda la ciudad, y muy pocos tenían una especialidad, lo cual reducía el mercado de los productos especializados.
  2. Informalidad. La competencia formal era nula, pero la informal era abundante. Existían muchos vendedores ambulantes que visitaban con frecuencia la ciudad y ofrecían sus productos a crédito, con precios más económicos debido a que no pagaban impuestos y no tenían costos fijos derivados de tener un local fijo.
  3. Venta a menudeo. Vender pieza por pieza es igual de complejo que vender a volumen. Un muy buen amigo un día me preguntó ¿por qué no le vendes a hospitales o al gobierno?, y en ese momento me daba miedo hablar de pedidos grandes en cantidad y en dinero. Hoy me doy cuenta que es el mismo esfuerzo vender un melón que una tonelada de melones, pero el margen al mayoreo conviene más.

Es totalmente cierto la retórica emprendedora que dice: ¡tienes que quebrar un negocio para hacer exitoso otro; poner tu primer negocio da mucho conocimiento, pero da más conocimiento cerrar tu primer negocio. Aquí el truco es no darte por vencido y avanzar al segundo negocio. 

Al día de hoy no conozco un emprendedor que haya sido exitoso en su primer intento, seguramente pasó por más de una derrota para llegar a la victoria. La cafetería ha sido una de las más grandes victorias, digna de contar más adelante.

Comentarios: Jorge.medinasal@gmail.com 

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