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Javier Arellano

Sánchez Galicia frente a ‘La letra escarlata’

En 1995 se estrenó la película “La letra escarlata” con Demi Moore y Gary Oldman. El filme está ambientado en una población de Estados Unidos del siglo XVII, los años 1600. 

La historia aborda la condena social frente a una mujer de quien se sospecha un adulterio. La fémina está sometida al repudio de su comunidad por un juicio supuestamente moralista que la obliga a llevar una letra sobre su vestido. 

Repetimos la cinta se refiere a una costumbre de los años 1600. 

La referencia se hace necesaria frente a algunas voces que pretenden instaurar un tribunal moralista a inicios del siglo XXI. 

En concreto nos referimos a los señalamientos que se han hecho sobre Javier Sánchez Galicia. 

Efectivamente el asesor -considerado uno de los más agudos expertos en comunicación política-, fue parte de la administración de Mario Plutarco Marín Torres, pero nada tuvo que ver en temas judiciales o ministeriales. 

Su rol se desarrolló en las áreas de comunicación social y prensa.  

Sánchez Galicia nunca fue policía judicial y nada tiene que ver con Kamel Nacif o sus intereses. 

Hace unas semanas lo apuntamos. Quienes pertenecieron a los gobiernos de Marín o Moreno Valle tienen el legítimo derecho de continuar sus caminos por rutas diferentes a aquellas. 

Todo agente tiene la legítima aspiración de reinventarse políticamente. Participar en una gestión del pasado no significa tener un tatuaje en la frente. 

Quienes hicieron una buena labor podrán congratularse de ello; quienes no, tendrán que aceptar las consecuencias de sus actos. 

Entre quienes participaron en la gestión de Marín hay grandes diferencias. Hay una amplia zanja entre Sánchez Galicia y el médico José Alfredo Arango.  

Y sobre el periodo morenovallista sucede exactamente lo mismo. Hay figuras impresentables como Eukid Castañón Herrera muy alejado de Luis Banck quien goza del aprecio y el respeto de amplios sectores sociales. 

Todos tienen el legítimo derecho de reinventarse y continuar sus carreras.  

Pretender colocarles una “letra escarlata” -una condena social-, desde un tribunal moralista que busca coartar o decapitar trayectorias está más cerca de la venganza que de la justicia. 

Quienes hayan participado en casos de tortura deben responder ante los tribunales correspondientes.  

Pero quienes fueron completamente ajenos no deben ser señalados por temas en los que nunca estuvieron involucrados. 

Colocar un estigma contra personas que no tienen responsabilidad es un exceso y un atropello. 

Desde hace meses Sánchez Galicia reapareció en un proyecto. En su área es considerado el mayor experto que tiene Puebla; se ha desempeñado como catedrático y es autor de varios libros sobre comunicación política; tiene el reconocimiento de propios y extraños a su grupo. 

Su inclusión es un reconocimiento a su capacidad y a las magníficas relaciones que tiene con los medios poblanos.  

Repetimos, es un comunicador, no un policía ministerial. 

Por la salud de Puebla y su futuro es menester evitar etiquetas, membretes o estigmas. 

Es Puebla de Zaragoza, no de Marín.  

Por favor, evitemos las condenas sociales. 

Como siempre quedo a sus órdenes. 

X @CupulaPuebla 

cupula99@yahoo.com 

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Javier Arellano

Javier Arellano es uno de los periodistas más reconocidos y experimentados en Tehuacán; en su columna Cúpula, detalla y desnuda a la elite tehuacanera, los líderes de la región y también analiza...