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Javier Arellano

Medular crear una Subsecretaria de Inteligencia policiaca

La unidad básica de toda estructura de seguridad es el policía.

El uniformado sabe dónde están las “tienditas”, los lugares donde se venden enervantes, el mismo oficial sabe quién es el distribuidor, quiénes son sus principales compradores; incluso tienen datos de sus redes sociales, como puede ser su perfil de Facebook y el alcance de sus ventas.

Sabe cuántas dosis de “cristal” o cuántos carrujos de marihuana puede vender al día.

Pero cuando el presidente municipal es indiferente al tema de la venta de narcóticos y dice “Eso corresponde a las fiscalías del estado y la federación” y al estilo Pilatos se lava las manos, el policía municipal dice: “Pues tampoco es mi problema”.

El presidente municipal podría crear toda una red de policías informantes que oportunamente le advirtieran de grupos delictivos.

Pero ya vimos que los alcaldes cierran los ojos, voltean la mirada y se hacen… se hacen… tontos. Hasta que les estalla el problema.

El policía municipal podría recibir -en sigilo, en reserva-, un estímulo por entregar información al Ayuntamiento que contribuya a operativos de la Secretaría de Seguridad Pública y de la Fiscalía.

Pero no sucede así. Por el contrario, los gobiernos municipales son indiferentes a toda esa información delictiva.

Semanas o meses después el alcalde se lamenta ante el incremento del robo a casa habitación, de vehículos, de los constantes asaltos a transeúntes. Tratando de ignorar que la base de toda la cadena delictiva son precisamente los enervantes.

En la madeja, en los intereses enlazados y enredados de la delincuencia, el narcomenudista sabe quién encabeza el grupo de robo de vehículos, conoce a la jefa de un grupo de trata de mujeres.

Y lo sabe porque todos son sus clientes.

Todas las redes delictivas -de una u otra manera-, están enlazadas.

Y el policía municipal -repetimos la unidad básica de toda estructura de seguridad-, lo sabe perfectamente. Conoce a los agentes delictivos de manera directa.

Los alarmantes hechos ocurridos en Ciudad Serdán y recientemente en Atlixco son producto de autoridades municipales que cerraron los ojos ante los reportes ciudadanos, ante el llamado de vecinos que decían: “… Ahí a dos cuadras hay una casa donde a todas horas llegan muchos jóvenes de muy mal aspecto… a la vuelta de mi casa siempre huele a petate quemado, están fumando todo el día…  Hay una casa donde llegan unas camionetotas y se ven unos tipos muy raros…”.

El presidente municipal de Ciudad Serdán, Uruviel González Vieyra (sobre quien pesan numerosas acusaciones de desvíos de recursos) y la alcaldesa de Atlixco, Ariadna Ayala Camarillo cerraron los ojos ante esas pequeñas señales de alarma que oportunamente advirtieron que algo estaba sucediendo en tal calle o tal colonia.

Hasta que aquel comentario vecinal se convirtió en un crimen muy delicado.

El Secretario de Seguridad Pública Daniel Iván Cruz Luna debería considerar la creación de un órgano dedicado a recopilar información de lo que sucede en todo el estado; un apéndice que interrogue de manera institucional a los policías de los 217 municipios.

Una oficina de inteligencia policiaca que recoja información verdaderamente delicada.

Y sobre todo que actúe a priori.

Si el día de mañana llevan a diez policías de Ciudad Serdán y de Atlixco a un interrogatorio institucional (repetimos institucional) en el C5, se darán cuenta que desde hace meses sabían de los movimientos de esos grupos delictivos.

Pero nadie hizo caso.

Podría hacerse la crónica de una masacre anunciada.

Desde hace meses se creó un detallado Atlas Delincuencial. Es prioritario darle continuidad. Pero esa gran base de datos solo será posible con el apoyo de los policías municipales. Incluso los de la Sierra Negra podrían aportar datos medulares.

Dulcería poblana.

Con Tepole los asesores de Patjane conducen la regiduría de Gobernación. 

El ejemplo inapelable, indiscutible de un desastroso esquema de Seguridad Pública es el municipio de Tehuacán.

El edil Pedro Tepole simplemente no tiene la cabeza, ni las neuronas para implementar estrategias de Seguridad. En esa materia y en todas las demás el alcalde no sabe ni qué hacer. 

Todo lo deja en manos de su regidor de Gobernación Armando Ramírez San Juan quien a su vez está rodeado de los mismos asesores de Felipe Patjane.

Aquellos que hace tres años instigaron el rompimiento de Patjane en contra del gobernador Barbosa son los mismos que ahora manejan la gobernanza municipal.

Por cierto, ayer miércoles 9 de marzo, Felipe Patjane tuvo una audiencia en la Casa de Justicia de Tehuacán y le informaron que tiene otro proceso en contra.

Mientras tanto la inseguridad va en escalada. Hace unos días publicamos que tan solo en la zona del mercado La Purísima se registran hasta 100 asaltos a la semana.

La delincuencia actúa con total impunidad incluso en el centro de la ciudad.

Hay un dato revelador y significativo: en los poco más de 4 meses de gestión de Tepole no ha sido detenido un solo narcomenudista. Ni uno solo.

Esto nos habla del nivel de complicidad que hay entre algunos mandos policiacos y los distribuidores de enervantes.

Hay que decirlo con toda puntualidad y precisión: en Tehuacán en cualquier momento puede ocurrir un hecho semejante al de Ciudad Serdán o Atlixco.

Todas las condiciones están dadas para que suceda un incidente similar.

Todas.

Como siempre quedo a sus órdenes.

Cúpula

Tw @CupulaPuebla

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Javier Arellano

Javier Arellano es uno de los periodistas más reconocidos y experimentados en Tehuacán; en su columna Cúpula, detalla y desnuda a la elite tehuacanera, los líderes de la región y también analiza...