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Javier Arellano

Claudia Rivera brinca a un cuarto grupo político

Siempre fue una militante de gris perfil, con escasos méritos, y menos positivos, pero aún así fue designada candidata de Morena a la presidencia municipal de Puebla

Con algunas sugerencias por aquí y otras por allá, armó una planilla terriblemente anodina e insulsa.

Y la gratitud a su benefactor solo le duró unas semanas.

Siempre se dijo agradecida con su tutor, aquel que había “palomeado” su nombre en una lista de cuatro suspirantes.

Durante los primeros días de su campaña, Claudia Rivera Vivanco y su madre, Eloísa Vivanco, se dijeron “eternamente agradecidas con el licenciado Barbosa”.

Entonces se declaraban “barbosistas” y, en teoría, ese fue el primer grupo político al que Claudia perteneció.

Pero su gratitud no duraría mucho.

Conforme avanzó la campaña, Claudia escuchó el canto de las sirenas morenovallistas y ahí estuvo el vocero del finado grupo, haciendo una intensa labor de convencimiento.

“…Mira Martha Erika va a ganar ¿para qué sostienes compromisos con Barbosa?… Lo más importante es que tengas una buena relación con la próxima gobernadora… Tu Ayuntamiento dependerá de la amistad que tengas con Martha Erika… Ya olvídate de Miguel…”

Dijera el refrán “la niña es risueña y le hacen cosquillas”.

El vocero de Rafael no tuvo que insistir mucho. Antes de los cierres de campaña, Claudia ya era una morenovallista consumada. Leal adepta, y así se sostuvo hasta la caída del helicóptero Agusta matrícula XA-BON.

Durante los meses del conflicto poselectoral las acusaciones más acres las hizo la entonces dirigente Yeidckol Polevnsky, quien, en varias ocasiones, se refirió a las personas “arrastradas”.

Textualmente, apuntó: “”Me encabrita que gente que dijo que venía de la base, que se supone que estuvo con nosotros ande de arrastrada”. La dedicatoria era directa.

Pero tal parece que Bertha Luján Uranga nunca se enteró de la deslealtad de Claudia hacía Morena, y la forma en que se entregó al morenovallismo.

Rivera Vivanco se preparaba para llevar una relación idílica e inmejorable con Martha Erika Alonso. Vaya, así como la estrecha amistad que sostienen Eloísa Vivanco y Lourdes Rosales.

Ya se veía una relación de acuerdos oficiales y extraoficiales. Pero el helicóptero se cayó.

En ese momento, rápidamente Claudia buscó un tercer grupo político al que subirse, es decir una nueva rama de la que colgarse.

Y la encontró en las aspiraciones desbordadas de Alejandro Armenta Mier.

Fueron los días en que se habló de darle una “inyección de miel” a Barbosa.

“Dios los hace y solos se juntan”. Un grupo de psicópatas y homicidas en potencia, que veneraban a Eukid Castañón, y planeaban asesinar a Miguel Barbosa Huerta.

Claudia no estuvo en esa reunión, pero habría aplaudido con agrado la idea de acabar con la vida de su otrora benefactor.

La nominación extraordinaria no cayó en Armenta, quien, durante meses y meses, rumió su frustración e instigó para que Claudia Rivera desatara toda una campaña de estiércol, denuestos e infundios contra Barbosa.

En realidad, Claudia simuló aceptar los resultados de la elección extraordinaria del domingo 2 de junio de 2019, pero, en el fondo, su efímera lealtad estaba con su tercer grupo político. Es decir, con Armenta.

Y compartía esa rabia y rencor inocultables.

Durante aquel trienio, el Consiglieri de Acatzingo fue el gran urdidor de la actitud de Claudia quien retaba y desafiaba a Barbosa.

Hasta hace unas horas, se suponía que Rivera Vivanco era una de las adelitas de Armenta; una de aquellas que habría de simular que buscaba la candidatura a la gubernatura para finalmente levantar el brazo a su tutor.

Pero el pasado sábado 2 de julio, la exalcaldesa demostró que ya brincó a un cuarto grupo político y apareció al lado de Moisés Ignacio Mier Velazco.

Nacho es originario de Tecamachalco, pero parece ucraniano porque con estoicismo está aguantando toda la batería de misiles que le caen encima. El bombardeo es inmisericorde.

Pero se deben señalar sus errores y la presencia de la señora Rivera en el templete le puede restar -por lo menos-, 50 mil cercanías a su proyecto.

Claudia no aporta, solo resta. Los ciudadanos de Puebla la ven y se retuercen.

Las preguntas se hacen obligadas ¿Con quién está la lealtad de Claudia?  ¿Con Alejandro o con Nacho?  ¿O es el enlace de comunicación entre los primos?  ¿Le sigue apostando a desestabilizar a Morena como lo hizo durante tres años? 

Por donde quiera que se vea, la presencia de Rivera Vivanco es funesta, aciaga y preludio de nubarrones.

La relación entre Barbosa y Mier ya era mala, pero con la presencia de Claudia será mucho peor.

Diputado Nacho Mier no olvide que la señora cambia de lealtades como se cambia de tenis.

Al tiempo.  

Como siempre quedo a sus órdenes.

Tw @CupulaPuebla

[email protected]

Javier Arellano

peor.

Diputado Nacho Mier no olvide que la señora cambia de lealtades como se cambia de tenis.

Al tiempo.  

Como siempre quedo a sus órdenes.

Tw @CupulaPuebla

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Cúpula.

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Javier Arellano

Javier Arellano es uno de los periodistas más reconocidos y experimentados en Tehuacán; en su columna Cúpula, detalla y desnuda a la elite tehuacanera, los líderes de la región y también analiza...