El nombre del almirante de la Marina Armada de México, Roberto Noyola como próximo secretario de Seguridad Pública de Puebla, sonó fuerte este fin de semana entre los uniformados estatales.
Como lo adelantamos en CENTRAL, la semana pasada llegaron veinte marinos para encargarse de las plazas más complicadas entre los 217 municipios del estado.
La mayoría de esos municipios en los que estarán miembros de la Marina al frente de las Secretaría de Seguridad son cabeceras municipales, lugares con mayor incidencia delictiva y en algunos casos sitios donde la corrupción ha penetrado entre las filas de sus policías.
El asunto ya estaba cantado, Alejandro Armenta Mier, adelantó que seguiría la estrategia del Gabinete Nacional marcada desde la oficina de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y el próximo secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch.
Pero, en Puebla ya tuvimos una vez un marino al frente de la Secretaría de Seguridad Pública. Y, admitámoslo, fue un fiasco.
Cuando Miguel Barbosa Huerta llegó al poder en 2019 designó al vicealmirante de la Marina, Miguel Ildefonso Amezaga Ramírez como titular de Seguridad Pública.
Pero Amezaga duró apenas unos meses en el puesto. Acostumbrado a ser meramente un perfil administrativo, la mayor idea que tuvo para combatir la inseguridad en Puebla fue el mandar a hacer una serie de trípticos informativos.
La estrategia “informativa” de Amezaga materializada en trípticos diseñados en PowerPoint por su equipo simplemente no cuajó en la dependencia.
El 28 de febrero del 2020 Barbosa le dio una salida al Almirante y lo mandó como florero a la Policía Auxiliar donde ya nadie más le dio importancia. En su lugar llegó Raciel López Salazar, el secretario chiapaneco que hasta la fecha es recordado por permitir el ingreso de la maña a distintos niveles de la dependencia. Pero esa es otra historia.
Nuevamente un Almirante llega a la dependencia, ahora con Alejandro Armenta Mier.
¿Será infalible? ¿Pondrán orden los marinos en Puebla, en la zona metropolitana y sus regiones?
Por el bien de Puebla, esperemos que les vaya bien.
Claudia Sheinbaum, tres escenarios
Hoy se transmite la última mañanera de Andrés Manuel López Obrador.
El último acto de poder en vivo y directo a todo el país. El instrumento que heredó como formato de comunicación desde que fue Jefe de Gobierno de la Ciudad de México y que lo mantuvo vigente, amado, odiado e incluso exhibido, desde su genialidad hasta su contradicción.
Y mañana 1 de octubre es el primer día del gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo, con todos los cuestionamientos que arranca un nuevo periodo para el país.
La melancolía de fin de sexenio de López Obrador tiene a los analistas, amantes y haters de la 4T comiéndose las uñas sobre lo que ocurrirá a partir de hoy.
Y muchos de ellos han establecido múltiples escenarios. Así que como el personaje de Marvel, Doctor Strange, podemos vislumbrar miles de vías en las que a México y a los mexicanos les puede ir. Los últimos movimientos de López Obrador han adelantado y hasta exacerbado la transición que esperábamos fuera tersa. La aprobación de las reformas al Poder Judicial y la Guardia Nacional provocaron que hasta el último día, López Obrador se llevara los titulares de la prensa. Pero a partir del 1 de octubre está en manos de Claudia Sheinbaum el escribir su propia historia.
Los estudiosos de la prospectiva ven muchos escenarios, pero creo que la mayoría de las imágenes se despliegan en tres, que, en próximos días profundizaremos.
Primero: Claudia Sheinbaum toma el poder total. Muchos ven lejana esta posibilidad pues la política tendría que matar a su padre político y enfrentarse a su prole. El tema aquí sería quién estaría dispuesto a apoyarla y seguirle fielmente. Pero también implicaría el apoyo incluso de entes como el gobierno de los Estados Unidos. Esto incluso sería lo mejor para la figura de la primera presidenta del país que incluso le permitiría asomarse como un liderazgo importante en el bloque norte junto a los mandatarios de Canadá y Estados Unidos.
Segundo: Andrés Manuel López Obrador mantiene un Maximato total. Los gobernadores, los legisladores en el Congreso de la Unión, su hijo Andy desde Morena, sus fieles seguidores y aquellos que no aceptan vivir sin López Obrador incluso se volcarían por una revocación de mandato.
Tercero: Un Maximato parcial. Sheinbaum decide cogobernar con López Obrador y sacrifica su propio liderazgo. Permite que desde Morena vengan directrices políticas que ella misma no acepa y desafortunadamente, desde el fuego amigo se mantienen escenarios de confrontación nacional que no le permiten brillar completamente como una líder.
¿Cuál de los tres escenarios elegirá la próxima presidenta de México?
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