Todo lo que “El Animal” tocó en San Miguel

Hay internos que pasan por un penal y el penal ni se entera. Y hay otros que, apenas entran, empiezan a mover las piezas. 

Y aunque ya pasaron unas semanas que Miguel Ángel Celis Romero, “El Animal”, dejó la prisión. Nacen múltiples versiones que circulan al interior del centro penitenciario indicando que dejó huella  

El empresario tehuacano llegó a San Miguel en febrero del 2026, trasladado desde el penal de Tehuacán para enfrentar un proceso por extorsión y fraude en la guerra por la herencia avícola de Socorrito Romero, un emporio de cientos de millones de dólares.  

El 3 de junio pasado salió del penal. Un juez le sustituyó la prisión preventiva por medidas cautelares y dejó el penal rumbo a su tierra. 

Entre una fecha y otra hay poco más de tres meses. Y sobre esos tres meses pesa una pregunta incómoda: ¿Qué tocó “El Animal” mientras estuvo adentro? 

Las versiones que recogen internos, familiares y custodios hablan de privilegios que no se ven todos los días: computadoras, celulares, visitas privadas, celda aparte, custodios atentos a sus tiempos.  

Ninguna autoridad lo ha confirmado. Y ninguna lo ha desmentido.  

Porque si esas versiones fueran ciertas, el escándalo no sería que un hombre con dinero viviera mejor que el resto.  

Eso, tristemente, ya lo sabíamos.  

El escándalo sería cómo lo logró. A quién le pagó. Quién le abrió la puerta. Y también quién entró y quién no entró hasta sus aposentos. 

Conviene recordar dónde estamos parados.  

San Miguel no es una hoja en blanco. En agosto, octubre y noviembre del 2025, familiares de internos bloquearon el Periférico para denunciar cobros por el agua, por las visitas, por vivir en paz.  

Aparecieron videos de fiestas adentro.  

Aparecieron apodos: “El Pavón”, “Los Primitivos”, “El Nenuco”.  

En septiembre llegó un nuevo director con la encomienda de limpiar. No fue el primero. Difícilmente será el último. 

Sobre ese terreno cayó “El Animal”. 

Y aquí está el punto fino. Un penal podrido no corrompe al que llega: le ofrece un menú.  

El que tiene con qué, escoge. El que no, aguanta. 

“El Animal” tenía con qué. 

Por eso la versión más delicada no es la de los privilegios personales.  

Es la otra: que durante su estancia no solo habría comprado comodidad, sino margen para operar.  

Que cada custodio que aceptó un trato, cada mando que toleró la excepción, cada espacio que se le concedió, fue una pieza más sumada a una maquinaria que ya venía aceitada.  

No que haya inventado la corrupción de San Miguel. Que la haya encontrado abierta y la haya usado. 

Si eso ocurrió, “El Animal” no fue una anomalía. Fue una rayita más del patrón en un enorme tapete.  

De modo que la pregunta de fondo no es cuánto poder tenía él. Es quién se lo rentó. 

Un interno no se fabrica solo una celda especial. No mete solo una computadora. No acomoda solo a los custodios. Para cada privilegio que describen las versiones hace falta una firma, un silencio o una nómina paralela.  

El poder de “El Animal” dentro de San Miguel —si fue tan grande como dicen— se mide en la cantidad de funcionarios que tuvieron que voltear a otro lado. 

Ahí es donde este caso deja de ser anécdota y se vuelve prueba.  

Su salida no cierra el expediente. Por el contrario, exhibe un método. Las bitácoras, las cámaras, los registros de visitas, las cuentas, los custodios asignados a su área: todo eso sigue adentro. 

Y vale decirlo, porque importa: “El Animal” enfrenta un proceso, no una condena, y los privilegios que se le atribuyen son, hasta hoy, versiones sin constancia oficial.  

Pero precisamente por eso se investiga: para confirmarlas o para tirarlas. Lo que no se puede es dejarlas flotando, como tantas otras, hasta que llegue el siguiente escándalo a taparlas. 

El gobernador Alejandro Armenta heredó este penal con todo y su caja registradora. Limpiarlo no es un trámite administrativo: es la prueba de si manda él o manda la tarifa.  

Cuente usted: una computadora, unos celulares, una celda aparte, unas visitas, unos custodios.  

Y pues hasta ahí contamos, por ahora.  

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Es egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) y cursó la maestría en Periodismo Político en la Escuela de Periodismo Carlos...