Policías como activo logístico del crimen organizado, una realidad en Puebla

La mañana del 9 de enero de 2026, llegó un mensaje de WhatsApp al grupo de mandos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de Puebla capital, ordenando la presencia inmediata de una serie de elementos en la central de Rancho Colorado. Entre ellos estaban Hugo, Atanacio y Rocío. Cuando los tres llegaron a las instalaciones de Avenida Granate 3930 del Complejo Metropolitano de Seguridad de Puebla capital. Se les citó para su detención ordenada desde niveles federales.  

El ingreso de elementos policiales a las filas de la delincuencia organizada en México es un fenómeno que trasciende la simple “corrupción individual” para convertirse en una falla estructural del Estado.

El caso de los tres detenidos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana en Puebla por sus vínculos con la célula criminal La Operativa Barredora, es un síntoma de este proceso de captura institucional.

La Fiscalía General del Estado de Puebla, en colaboración con fuerzas federales (Defensa, Marina, SSPC), ejecutó la Operación Cofradía. En esta acción se detuvo a tres elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de Puebla.

A los uniformados se les acusa de participar activamente con el brazo armado del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

No solo brindaban protección o filtraban información. Se les vincula directamente con el homicidio de dos de sus propios compañeros policías, que se negaron a colaborar con la organización criminal.

Pero ¿Por qué un policía se vuelve criminal?

Para entender este fenómeno, recurrimos a autores especializados que explican la simbiosis entre el poder público y el fango delictivo:

La “captura del Estado” y la gobernanza criminal, de Buscaglia

Autores como Edgardo Buscaglia sostienen que el crimen organizado en México no busca destruir al Estado, sino usurpar sus funciones. Cuando un policía se une a grupos como el CJNG, el cártel adquiere lo que Buscaglia denomina “protección judicial y operativa”. El policía deja de ser un servidor público para ser un activo logístico que posee uso legítimo de la fuerza y acceso a inteligencia en tiempo real. Así como radiocomunicación y capacidad de “limpiar” zonas para operaciones.

El Dilema del “Plata o Plomo”, de Chabat

El fallecido analista Jorge Chabat explicaba que la debilidad institucional coloca al uniformado en una vulnerabilidad extrema.

El CJNG utiliza una estrategia de cooptación agresiva. Ofrecen salarios que quintuplican el sueldo policial (plata), bajo la amenaza directa de muerte a la familia del oficial (plomo).

En contextos de baja supervisión, la resistencia ética se desmorona ante la falta de respaldo institucional.

El emprendedor violento, de Volkov

El policía se vuelve un “emprendedor violento”, como lo cataloga el sociólogo ruso Vadim Volkov. 

Aunque Volkov estudió el caso ruso, su teoría es aplicable a México. Los uniformados poseen un “capital de violencia”. Si el Estado no paga lo suficiente por ese capital, los policías lo venden al mejor postor.

El CJNG no solo recluta policías por su información, sino por su entrenamiento táctico, convirtiéndolos en instructores de sus células de sicarios. Entregan esa información y adiestramiento, además de la información a la que tienen acceso. Lo que nos lleva al siguiente punto.

CJNG y la infiltración estratégica

El CJNG ha perfeccionado la técnica de la infiltración vertical. A diferencia de otros grupos que solo sobornan. Por lo que ha ocurrido en otros estados y ahora en Puebla este grupo delictivo busca:

Sustitución de mandos al colocar o presionar para el nombramiento de mandos medios que faciliten el control total de la tropa. Algo que lograron, casualmente, en la breve estancia de Gustavo Alonso González Zapata, alias “Sauce”, a quien después el mismo grupo le colocó explosivos en una escena donde llegó como miembro de la Fiscalía de Puebla.

Además, el reclutar uniformados les sirve para “Inteligencia Inversa”. Usan las plataformas de seguridad pública para rastrear a grupos rivales para eliminar competidores locales, a través incluso de los canales legales y oficiales de las instituciones a las que se infiltran.

Sin embargo, esta infiltración estratégica provoca una erosión de la identidad. El policía que se une a la franquicia más mortífera del país a menudo sufre un proceso de desmoralización previa.

Al sentirse abandonado por el sistema (con bajos salarios, falta de equipo, pésimas condiciones laborales, malos mandos y en el olvido de las administraciones), encuentra en el cártel “sentido de pertenencia” y hasta la “eficacia” que el Estado no le brinda.

Más allá del análisis teórico que podamos dar al tema, hay que poner atención porque, si mal no andan nuestras fuentes, existen investigaciones similares hacia otros elementos municipales y hasta estatales en Puebla.

Recordemos que las primeras incursiones de este grupo delictivo en el estado fueron levantones y después ejecuciones contra agentes estatales que, en otras administraciones gubernamentales, se les ligó con grupos delictivos de robo de hidrocarburo y robo de carga. Uniformados en activo y exagentes que conocían el know how y estrategia de negocios ilícitos.  

Así que mejor ni se sienten, porque, dicho de buena fuente, habrá más sorpresas así de quirúrgicas desde la Federación.

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