Claudia Sheinbaum y un rudo arranque del 2026

Alto a la extorsión

La detención de Nicolás Maduro en Caracas, Venezuela, por fuerzas especiales estadounidenses ha enviado una onda de choque a Palacio Nacional en México.

La respuesta de Claudia Sheinbaum ha sido criticada en medios oficiales de Donald Trump, por algunos de los congresistas partidarios del MAGA, y el propio presidente de los Estados Unidos ha mencionado que algo se tendrá que hacer con México. 

Para México, esto no es solo un evento de política exterior; es una señal de alerta roja por varios factores críticos.

Primero, porque la intervención en Caracas plantea un precedente del “Uso Quirúrgico” de la fuerza. El mensaje de que ya se pudo hacer una vez y podrá repetirse si Donald Trump lo desea, muy por encima de lo que diga el Senado norteamericano.

Washington ha justificado la intervención en Venezuela bajo la narrativa de una “operación antinarcóticos” contra el Cártel de los Soles.  

El riesgo para México es obvio: la administración Trump ya ha clasificado a los cárteles mexicanos como Organizaciones Terroristas Extranjeras y al fentanilo como un arma de destrucción masiva. En el proceso penal contra Maduro, aparece México como zona permisiva para los cárteles supuestamente asociados con el presidente de Venezuela. 

El impacto reside en que “el éxito de la extracción” de Maduro válida, para los sectores más radicales de Estados Unidos, la idea de que se pueden realizar operativos similares en territorio mexicano sin previo aviso, socavando la soberanía nacional. Y, sobre todo, en un contexto que puede ser letal para el grupo en el poder, rumbo al 2027.

Segundo, la “no intervención” ya no parece un lugar seguro para México. El gobierno de Claudia Sheinbaum ha mantenido una postura de condena firme, apelando al Artículo 2 de la Carta de la ONU.

Sin embargo, esta postura diplomática choca con la realidad del T-MEC cuya revisión en 2026 ahora está bajo una presión inmensa.

Como riesgo, Estados Unidos mantendrá la amenaza de “hacer lo mismo con los cárteles en México” como una moneda de cambio o garrote para forzar concesiones económicas y migratorias extremas. Y el gobierno de Sheinbaum tendrá poco margen de negociación.

Y, en tercer lugar, el contexto internacional genera desestabilización regional. El vacío de poder en Venezuela o una guerra de guerrillas prolongada tras la caída de Nicolás Maduro disparará un nuevo éxodo masivo. Contrario a lo que se pensaría, que con la detención de Maduro los venezolanos volverían cómodos a su país, esta extensión del grupo de poder madurista podría ser bastante peligroso,

Como consecuencia, México será país de tránsito y destino, enfrentaría una presión humanitaria y de seguridad en sus fronteras que agotaría los recursos de la Guardia Nacional y las Fuerzas Armadas, desviando la atención del combate a la violencia interna.

La advertencia de Donald Trump tras la captura de Maduro fue directa: “Los cárteles dirigen México, no Sheinbaum, y habrá que hacer algo”.

Esta retórica convierte la frontera sur de Estados Unidos en un frente de guerra potencial, donde la seguridad nacional de México ya no depende solo de sus instituciones, sino de la volatilidad de la política interna de su vecino del norte.

Sheinbaum tiene un arranque complicado del 2026. Pero no es nada que no haya enfrentado previamente.

Pero ahora, tendrá del otro lado de la mesa de negociación a un Trump que no piensa en diplomacia internacional y que actúa con dominación transaccional.

Qué estará dispuesta a hacer Sheinbaum para mantener la negociación a raya, no pude darse el lujo de debilitarse en 2026.

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