Moreno Valle Buitrón, el tenor que le canta a una boleta sorda

Hay quien llega a ser parte de la boleta electoral por la puerta grande y hay quien llega por la de puerta de servicio.

Y luego está Rafael Moreno Valle Buitrón, que prefiere entrar cantando. Con traje de mariachi o con frac, con aria y con todo el repertorio, aunque la sala esté medio vacía, como ocurrió en el concierto que ofreció por el motivo de torturar, perdón, celebrar a los papás.

El comisionado estatal de Vivienda lleva semanas afinando la voz.

Brigadas con su nombre repartiendo recuerditos en el Cuauhtémoc la noche del Perú–España.

El concierto del Día del Padre en Los Fuertes fue el pretexto perfecto para empapelar la ciudad con su rostro.

Moreno Valle Buitrón, el tenor que le canta a una boleta sorda
Rafael Moreno Valle Buitrón. Creditos: Especial

Y, por si alguien dudaba del programa de mano, una frase que es pura técnica de tenor: “el que respira, aspira”.

Aplausos. El juego de palabras es bueno… Pero ya es un cliché. Como todo él.

El problema es que, en la ópera como en la política, no basta con respirar bonito: hay que llenar la sala.

Y la sala —léase las encuestas— anda con butacas de sobra. Revisemos la taquilla.

En las mediciones de Morena para la capital, Pepe Chedraui ronda el 20 por ciento, Laura Artemisa lo sigue de cerca, y más atrás aparece José Luis García Parra, la ficha que el armentismo acaricia para el futuro.

La primera encuesta interna del partido medirá a seis perfiles. ¿Adivina usted cuál no aparece en la lista? El del tenor.

No lo miden. No porque le teman a su voz, sino porque nadie compra boleto para escucharlo.

Y aquí conviene afinar una cuerda, porque el apellido confunde al electorado. Y eso no es ni remotamente bueno.

La gente sabe bien que este Moreno Valle no es el gobernador que se mató en el helicóptero aquel diciembre de 2018.

Apenas y se imagina que él es el primo. El tenor. El que en 2004 le dio la espalda a Rafael para irse con Mario Marín, y que por esa factura pasó el sexenio morenovallista cantando en sociedad bajo el nombre de “Gran Raffi”.

Del PRI marinista saltó a Fuerza por México —el partidito que armaron para reciclar morenovallistas huérfanos— y de ahí, a la sombra guinda. Tres camisetas, un solo fulano.

El apellido es su instrumento, y lo presume como Stradivarius.

Lo que no dice es que tiene una cuerda rota. “Moreno Valle” suena, sí, pero suena a otro sexenio: al de la deuda millonaria del Museo Internacional Barroco que hoy se renegocia.

Al del teleférico que el propio gobierno desmonta porque cuesta más mantenerlo que subirse.

Al “Moreno Valle” del que constantemente en las mañaneras de Armenta recalcan lo malo. Como el auge del huachicol.

Moreno Valle Buitrón, el tenor que le canta a una boleta sorda
Alejandro Armenta, Ceci Arellano y personas en el auditorio. Creditos: Especial

¿De verdad alguien en Morena cree que conviene poner ese apellido en la boleta, justo cuando el discurso oficial consiste en cobrarle la cuenta a esos años?

Porque ese es el detalle técnico que el tenor parece no escuchar.

Postularlo no le suma a Morena: le abre el flanco.

A la oposición le regala el spot “Morena recicla al morenovallismo”. A los morenistas de hueso colorado, esos que llevan años haciendo antesala, les confirma que el apellido pesa más que la militancia.

Súmele los señalamientos que la prensa documentó en su paso por viejos fideicomisos, y tendrá usted una candidatura que se defiende sola… del lado contrario.

Como activo de estructura, el primo tenor tiene su nota. Sabe armar comités, mover gente, juntar firmas; lo demostró cuando movió lo que quedó De Fuerza por México.

Pero una cosa es el corista que afina al coro y otra el solista que sostiene la función. La capital no se gana con vibrato.

Así que cuando Moreno Valle Buitrón repite aquello de “el que respira, aspira”, dan ganas de completarle la frase: respira, sí, pero aspirar no es lo mismo que medir.

Puede intentar llenar el Auditorio de la Reforma en Los Fuertes un Día del Padre y, aun así, no figurar en una sola gráfica que importe.

Tal vez el verdadero recital no sea por la alcaldía. Tal vez sea, como tantas veces en Puebla, por el premio de consolación: una diputación, un cargo, un asiento cómodo desde donde seguir “cantando”.

Mientras tanto, el tenor seguirá ensayando su aria frente al espejo, convencido de que el aplauso vendrá.

Y la boleta, sorda como ha sido siempre, seguirá sin enterarse de que alguien le canta.

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Es egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) y cursó la maestría en Periodismo Político en la Escuela de Periodismo Carlos...