Jerseys, puñaladas y reelección: el PAN se reacomoda

Manolo Herrera estaba en corto en una de esas pláticas íntimas que, como él dice, “solo tiene con sus gatos”, cuando soltó el veneno. 

Que Genoveva Huerta tiene dos problemas. Y cito a Manolo, no se me espanten, lo dice él, no yo: que Geno es “una mentirosa de lo peor” y “una tonta extrema”.

Y, por si quedaba duda, remató: “que no la apoyará ni aunque se lo ordene el Papa”.

Bonito poema.

Lástima que los gatos no firmaron acuerdo de confidencialidad.

Dos doritos después, el recital llegó completito a oídos de la propia Geno. Y ahí, mi estimado lector, empezó a desenredarse una madeja que tiene al panismo poblano agarrándose del jersey.

Porque conviene contar bien, una a una, las cuentas de este collar. 

Genoveva, enfurecida, tomó el teléfono. No marcó a Manolo: marcó a Jorge Aguilar Chedraui, el dueño del changarro. ¿Por qué a JACH y no al autor del poema? Porque en el PAN poblano nadie habla solo; cada quien tiene su amo, y el amo responde.

Le dijo que no iba a permitir esas puñaladas, que hablar así a espaldas de una mujer no es de hombres y que estaba dispuesta a ir a buscar a Manolo para hacerle ver su suerte. JACH la calmó como pudo y se comprometió a exigir una disculpa. 

Acto seguido, Jorge llamó a Manolo. El regaño fue de esos que dejan marca: “el pendejo eres tú”, le soltó, entre otras linduras. Tan duro estuvo que Manolo, según contó después a sus empleados, se sintió humillado, sometido y —palabras textuales— hasta poseído. Colgaron de fea manera.

¿Y por qué tanto enojo de JACH por un berrinche de cantina? Porque Jorge sabe sumar. Y a su juicio, las torpezas de Manolo, sumadas a las de Mario Riestra, amenazan con echar a perder los acuerdos que él mismo ha venido cosiendo, fino, al interior del partido.

Pero Manolo no se fue a reflexionar. Se fue a llorar. Y como buen huérfano político, corrió con su otro amo: Mario Riestra. 

Ahí vino lo grave.

Entre lágrimas y reproches, Manolo le reclamó a Mario que no merecía ese trato de JACH, que es un ingrato, que gracias a él lo ha andado paseando colonia por colonia en el distrito 16 —donde, por cierto, a JACH nadie lo conoce— y que es Manolo quien lo va a revivir para que vuelva a ganar un distrito en la capital.

Y entonces se fue de boca. 

Despepitó, frente a Mario, el complot que medio PAN ya cuchichea en los pasillos: que Jorge y Geno traen el plan de darle un caballazo a Mario con la reelección. Que andan buscando consejeros afines para voltearlos. Que JACH trae marcación personal con Gaby Ruiz, le habla todos los días, y que ya hasta se arrepienten de haberla puesto en la presidencia.

La lista de consejeros que, se dice, andan operando para jalar a su lado no es corta: Alejandro Gómez, Miguel Abad, Octavio Corvera, Raúl Espinosa, Roberto Grajales, Lupita Cuautle, Mónica Rodríguez, Carolina Beauregard, Blanca Jiménez, Verónica Sobrado y otros que han ganado peso a fuerza de trabajo en sus distritos, como Germán Escalante, Liz Thomé y Ricardo Gali.

Mario, que de tonto no tiene un pelo, no esperó a la siguiente reunión. Tomó medidas de inmediato. ¿Y qué hizo? Lo más mexicano que se le pudo ocurrir en este 2026: a cada uno de esos consejeros le mandó un jersey de la Selección Mexicana, bordado por artesanas de la Sierra Nororiental.

Un regalo con tres lecturas en una. Es Mundial, es el verde de la unidad y es, también, un recordatorio finísimo de quién arma la alineación. Porque en el fútbol y en el PAN es igual: el que reparte las playeras decide quién es titular y quién se queda en la banca.

Y así, con poema, regaño y jerseys de por medio, los equipos quedaron rearmados:

Manolo Herrera deja a JACH y estrena amo. Encontró posada con Mario. 

JACH lo congela, pero no lo suelta: seguirá en campaña con él, aunque sea de dientes para afuera, porque sin Manolo no gana el distrito 16. 

Gaby Ruiz sigue con Mario… haciendo dieta de doble juego con JACH. 

Carolina Beauregard se acomoda con Genoveva y JACH. 

Y el bloque de Geno —Mónica Rodríguez, Filomeno Sarmiento, Lupita Cuautle, Edmundo Tlatehui, Blanca Jiménez, Jorge Gómez, los Carlos y un etcétera largo— se forma con JACH, esperando el momento para apoderarse del PAN. 

Hagamos cuentas claras.

Lo que arrancó como un comentario misógino de sobremesa terminó destapando una guerra de reelecciones, marcaciones personales y traiciones de pasillo. El “poema” de Manolo no ofendió solo a Genoveva: le abrió a Mario el libreto completo del adversario.

A veces, el peor enemigo del panista no es Morena: es el micrófono que se deja abierto en su propia casa.

Y mientras tanto, allá afuera, el ciudadano de a pie sigue esperando que alguien en el PAN se acuerde de que un partido sirve, en teoría, para gobernar y no nada más para repartir jerseys.

¿De verdad este es el cuadro que quiere salir a la cancha rumbo al 2027? Porque, con esa portería tan mal cuidada, el primer gol se lo van a meter solitos.

Antes de mandar el siguiente poema a sus gatos, mejor cuente hasta 10. Uno nunca sabe quién anda maullando del otro lado.

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Es egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) y cursó la maestría en Periodismo Político en la Escuela de Periodismo Carlos...