¿Qué nos dice la victoria del PRI en Coahuila rumbo al 2027? 

Alto a la extorsión

El PRI barrió en Coahuila.  

O eso proclamó Alito Moreno antes de que el cómputo oficial dijera la última palabra: carro completo, 16 de 16 distritos, “barrimos a Morena”.  

Morena, por su parte, gritó “elección de Estado” y se fue al Tribunal con denuncias de compra de votos vía códigos QR. Para muestra el momento que protagonizó reteniendo a un mapache electoral del PRI, la diputada federal poblana Vianey García. 

Pero, antes de subirse al ánimo de unos o a la indignación de otros, conviene hacer un balance. Algo que ya es costumbre en este espacio. Contar hasta diez. Respirar. Identificar qué acabamos de ver. 

Porque la pregunta que importa no es quién festeja hoy.  

Es otra: ¿lo de Coahuila es un aviso rumbo a 2027 o apenas una isla en un país donde el tricolor gobierna nada más dos estados? 

Empecemos por lo incómodo para los morenistas 

El PRI de Coahuila no es el cascarón nacional.  

Allá es una máquina. Aparato estatal, raíces clientelares, sindicatos, una economía industrial que se mueve por arriba y por abajo, y una costumbre de barrer que viene de lejos. En 2023, la alianza tricolor ya se había llevado carro completo en los 16 distritos. Lo de ayer no es un sismo nuevo: es la misma hegemonía local, repetida. 

Medir al país con ese termómetro es como tomar la temperatura nacional en la única habitación con calefacción propia. 

Ahora lo incómodo para los priistas 

Morena perdió los escaños, sí, pero creció. Ojo ahí.  

Y hay que verlo más allá de la adelantada y obvia derrota de Antonio Attolini, candidato al Distrito 9 de Torreón, al que poco o nada ayudó la exalcaldesa de Puebla, Claudia Rivera.  

Morena llegó en 2023 partida en dos por el pleito Guadiana–Mejía Berdeja. Y ayer se consolidó como segunda fuerza estatal.  

¿Cómo se explica que crezca en votos y salga con las manos vacías?  

Bueno, pues el sistema de distritos uninominales castiga sin piedad al segundo lugar. Puede sacar 20 o 30 por ciento y ganar cero. El mapa pintado de un solo color es, en buena medida, un espejismo aritmético. 

Pero ¿cuál es la verdadera noticia de la jornada?  

El PAN. Quedó al borde de perder el registro.  

El espacio opositor en Coahuila no se está repartiendo: se está colapsando hacia un solo polo. Pasa que ahí ese polo es el PRI.  

En casi todo el resto del país, el polo que absorbe todo se llama Morena. 

Vamos entonces a lo que esta elección no nos dice o lo que es valioso rumbo al 2027 

Primero fue una intermedia, local, legislativa pura, de bajísima visibilidad. Pareciera que solo a la gente de Coahuila le medio importó. Es, además, la única elección del país en todo el año.  

Ese formato premia al que tiene mejor estructura y más operadores en territorio.  

¿Y quién los tiene en Coahuila? El tricolor.  

En 2027 cambia el tablero entero: se renueva la Cámara federal y se disputan 17 gubernaturas, con participación mucho más alta. Y la participación alta nacionaliza el voto.  

Ahí, hasta hoy, manda Morena. 

¿Quiere decir que no hay nada qué cuidar? Tampoco, tampoco, tampoco… 

Lo de Coahuila demuestra, con números, que Morena es vencible donde existe una oposición real, organizada y con aparato propio.  

Ahí el truco. En casi todo el país eso no existe. Nada más vean Puebla y su oposición. Es de risa. 

Y el reflejo de correr de inmediato a la narrativa del fraude es, en sí mismo, revelador: el que gana cómodo no necesita esa coreografía.  

Además, le entrega a Alito justo lo que andaba buscando: oxígeno para presumirse “la verdadera oposición” y resistir la presión de diluir al PRI en alguien más. 

Aunque realmente Alito está muy lejos de la élite que gobierna Coahuila. Desconectado, como de casi todos sus militantes. 

Hay un detalle que dejo para el morbo para cuando se eche su cafecito.  

El PAN acusó a Morena de mover el voto con programas sociales; Morena acusó al PRI de comprarlo con códigos QR.  

Dos denuncias que retratan modelos electorales igual de dependientes de la palanca material, solo que con distinto cajero. 

Y otro más, el que de verdad debería quitarle el sueño a Morena.  

Su mayor enemigo rumbo a 2027 no es el PRI.  

Son sus propios pleitos.  

La fractura coahuilense de 2023 es el espejo de lo que viene: la guerra por las candidaturas en 17 estados. 

Así que sí: Coahuila es una isla. Pero no es una isla sin resonancia, no es muda, tiene voz. Nos dice cosas interesantes.  

Como pronóstico de 2027 vale poco. Como radiografía de las condiciones en que Morena pierde —oposición unida, máquina territorial y elección de baja participación— vale bastante. 

La prueba real no estuvo ayer en Saltillo.  

Estará en si la oposición es capaz de construir “Coahuilas” en las 17 gubernaturas que se jugarán el año entrante. 

Hoy por hoy, no puede.  

Y mientras el PRI gobierne dos estados, seguirá teniendo un solo termómetro caliente en un país que vota en otra temperatura. 

¿Entonces en qué quedamos? ¿Coahuila es aviso o espejismo?

MANTENTE AL DÍA CON TODO LO ÚLTIMO EN NUESTRO CANAL DE TELEGRAM

Te puede interesar:

Plaza San Diego
Edmundo Velazquez

Edmundo Velázquez

Es egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) y cursó la maestría en Periodismo Político en la Escuela de Periodismo Carlos...