El Carnaval de Huejotzingo concluyó su edición 158 y dejó más sorpresas de las que uno podría esperar.
El saldo blanco se mantuvo. Los batallones de zapadores, zacapoaxtlas y turcos detonaron sus mosquetones bajo un esquema de vigilancia distinto a los registros previos.
Este año, la gestión de Roberto Solís Valles integró una coordinación directa con el Gobierno del Estado para supervisar el desarrollo de la festividad.
Y como nunca antes, la presencia de las fuerzas estatales marcó el ritmo de las jornadas. El despliegue de patrullas y elementos de seguridad en las entradas del municipio permitió un flujo constante de visitantes hacia la plaza principal.
La estrategia operó desde tierra y aire, con un helicóptero que recorrió el cielo de la cabecera municipal durante los cuatro días de celebración.
La logística institucional entre el Ayuntamiento y el ejecutivo estatal se notó y facilitó el monitoreo de los danzantes.
El uso de tecnología y la vigilancia aérea permitieron que los asistentes observaran el desfile con una percepción de control constante. Esta estructura de seguridad permitió que los tiempos de los batallones se cumplieran de acuerdo con el programa establecido por el comité organizador.
El papel de los cuerpos de emergencia destacó por su capacidad de reacción. El equipo de paramédicos se ubicó en puntos estratégicos del primer cuadro de la ciudad. Ante cualquier eventualidad técnica o física de los participantes, los servicios de salud activaron protocolos de atención inmediata. La velocidad de los traslados y la disponibilidad de ambulancias facilitaron el manejo de las masas en los momentos de mayor concentración.
Este año, Roberto Solís Valles enfocó su administración en proyectar una organización mucho más profesional del evento, algo que le da proyección y evita riesgos que año con año ocurren y son inherentes a la naturaleza del Carnaval de Huejotzingo.
La participación de las autoridades estatales validó el esfuerzo del municipio por regular el uso de la pólvora y el comportamiento de los generales de cada batallón. El carnaval conservó su esencia sonora, pero bajo un marco de supervisión que evitó los vacíos de autoridad de periodos anteriores.
La ciudadanía y los turistas interactuaron con un entorno donde la autoridad mantuvo una visibilidad permanente. Los reportes de protección civil indican que los tiempos de respuesta ante incidentes menores bajaron considerablemente en comparación con el año 2025. La edición 2026 establece un precedente sobre cómo la colaboración intergubernamental influye en la ejecución de tradiciones de alto riesgo.
El cierre de las actividades deja una estructura logística lista para futuras celebraciones. La gestión actual priorizó el control operativo y la asistencia técnica sobre cualquier otro aspecto de la fiesta.
Y si a esto se suma que este año fue entregado de manera oficial del isologo “Hecho en México” desde la Federación para el festejo, todo parece indicar que la celebración fue redonda.
El propio Roberto Solís Valles proyecta que en poco tiempo Huejotzingo alcance el status que les llevó años conseguir a otros pueblos mágicos de Puebla.
Como dicen por ahí, chamba mata grilla.
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