Los hechos del 14 de febrero, afuera de la Sala de Despecho en Angelópolis, dejan un precedente para que, de una vez por todas, las autoridades municipales y estatales determinen un plan de acción en la zona de la Estrella de Puebla, si es que no quieren perder la zona que representa un motor económico y turístico para la entidad.
La concentración de establecimientos de esparcimiento nocturno atrae flujos constantes de capital y personas.
Más allá de enfrascarnos en especulaciones, novelas baratas policiacas o revictimización de las tres personas fallecidas y los cinco heridos en el sitio, hay que partir de que la zona tiene más de dos mil personas en movimiento cada noche de viernes y madrugada del sábado. No solo tiene a la Estrella de Puebla. Representa el corazón de la ciudad y, desde hace unos años, es el área en que tenemos escándalos por riñas, levantones y homicidios durante robos, incluso hasta a extranjeros.
Obviamente, el movimiento, el alto estándar de los asistentes y potenciales víctimas provoca que la dinámica genere riesgos de seguridad que demandan una intervención articulada.
¿Qué es lo que sabemos?
Que el ataque se dio con un operativo totalmente premeditado, que se tuvo un mes de planeación y que hay cuatro detenidos de un grupo criminal altamente efectivo. Si hubo cuatro detenidos, al menos dos células más habrían participado antes, durante y después de los hechos. Por lo menos ocho implicados más. Un movimiento, que requirió de tácticas de inteligencia y contrainteligencia, debió tener un alto costo entre aquellos que lo planearon.
Las peculiaridades de perfiles de las víctimas ya están bajo análisis y existe información del Gabinete de Seguridad Federal, que, por cierto, tiene particular interés en el tema. A ellos les tocará definir si fue o no una confusión, si toda una operación millonaria de meses fue solamente para dar con un dealer, o a quién estaba destinado el ataque y porqué ciertas élites en Puebla están muy preocupadas por el fácil ingreso de este grupo en espacios públicos que disfrutan con sus hijos casi todos los días.
¿Qué van a hacer las autoridades?
El área opera bajo una lógica de alta visibilidad. La presencia de plazas comerciales y bares crea un ecosistema donde la prevención del delito depende de la vigilancia compartida.
Actualmente, la fragmentación de esfuerzos entre la seguridad privada de los locales y la policía pública permite brechas en la reacción ante incidentes. Por eso tuvimos una rápida reacción. Pero la infraestructura urbana, aunque moderna, presenta puntos ciegos en los accesos vehiculares y peatonales.
La estrategia busca la saturación tecnológica y la presencia disuasoria. El objetivo central reside en convertir el espacio en un entorno hostil para la delincuencia mediante la inteligencia de datos.
Previamente se han propuesto modelos de “Polígono de Seguridad Activa”, pero no han tenido éxito porque hay fronteras administrativas del municipio de San Andrés Cholula, de Puebla Capital y del gobierno de Puebla.
Para priorizar la protección del usuario debe generarse un polígono Angelópolis que sume a las tres instancias y elimine estas fronteras de trabajo.
Con inteligencia de datos deben recopilarse los horarios de flujo máximo para despliegues tácticos. Además, se debe generar corresponsabilidad entre la iniciativa privada y las autoridades para la vigilancia inmediata y acción constate.
Asimismo, para evitar temas en plazas comerciales, como ya ha pasado, se debe mantener un blindaje perimetral con control de ingresos y salidas mediante tecnología de reconocimiento. Inversión que no todas las plazas están dispuestas a realizar.
En esta zona, los ayuntamientos deben homologar los horarios de cierre y los protocolos de venta de alcohol.
La creación de una fuerza de tarea conjunta que patrulle la zona fronteriza elimina la evasión de jurisdicción. Además, resulta fundamental el mantenimiento del alumbrado público y la poda de vegetación que obstruye la visibilidad de las cámaras. Algo que ya han mejorado, pero no deben olvidar las autoridades municipales.
El estado debe integrar las cámaras de los establecimientos privados de toda la zona de Angelópolis directamente al C5.
La instalación de arcos de seguridad con lectores de placas en las principales vías de acceso facilita la detección de vehículos con reporte de robo. La Policía Estatal debe establecer puestos de control aleatorios en las rutas de salida hacia arterias viales rápidas como la Vía Atlixcáyotl, Circuito Juan Pablo, 11 Sur, Cúmulo de Virgo y demás arterias.
Algunos de estos temas ya los tienen los gobiernos municipales y el estatal; a la IP solo le toca hacer lo suyo. Sí, una rueda de prensa funciona para hacer notar lo enojados que están, como pasó con la convocada ayer por el CCE, pero ayuda más tener un fondo empresarial que permita automatizar cámaras y esquemas de identificación.
La activación de recursos implica el uso de la infraestructura existente para fines preventivos.
El uso de drones para la vigilancia aérea durante las horas pico de actividad nocturna permite una visión periférica del área, y ya se tienen. Asimismo, existe una dinámica de sobrevuelo del helicóptero de Seguridad Pública estatal que ha permitido avances.
Sin embargo, deben retomar dinámicas como los botones de pánico físicos en los establecimientos, los cuales deben estar conectados con la patrulla más cercana en tiempo real.
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