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Con el único deseo de descansar y prepararse para el día siguiente, vecinos experimentaron miedo, sorpresa e incertidumbre, cuando el edificio de la colonia San Matías, en Puebla capital, reventó. Así describen el estruendo que los alertó la noche del 25 de enero, y que hasta ahora ha cobrado la vida de tres de sus habitantes, mientras que una persona más aún está entre los escombros.

Nada queda del edificio blanco de tres pisos, antes ubicado sobre la 2 Poniente, casi esquina con la Diagonal Defensores de la República. Solo la estructura colapsada, sin muestra del enorme cartel que anunciaba un negocio de radiadores. De lo que alguna vez fueron viviendas, ahora solo quedan las piedras amontonadas.

Los vecinos caminaban diariamente por esa zona saludándose, sin poder vaticinar que una calamidad daría fin a un edificio común, como el resto de las propiedades.

Resignados, desde las esquinas observan la catástrofe con el recuerdo de lo que alguna vez fue, impedidos de acercarse por las cintas de advertencia y la presencia del Ejército. Donde alguna vez hubo autos estacionados, ahora queda la guardia permanente de Protección Civil, la Cruz Roja y las patrullas de tránsito.

No hay problema para quienes habitan metros adelante: aquellos que aprecian la escena, sí con indignación, pero también desde la comodidad de saberse seguros, de que la explosión no fue en sus hogares.

En cambio, los que habitan cerca del edificio colapsado esperan impacientes a que las autoridades les digan cuándo podrán regresar, no para ver la televisión y mantener su ritmo de vida habitual, sino para sacar sus pertenencias y documentos elementales, obligados a seguir trabajando, como si nada hubiese ocurrido.

“Estábamos a punto de dormir”

Con una niña tomada de la mano, Daisy de la Cruz aguarda junto a la cinta amarilla, expectante, con la misma ropa que apenas si pudo ponerse cuando se escuchó el impacto y las ventanas reventaron. Vive a dos casas del edificio derrumbado. Recuerda cada detalle con la precisión de una cámara.

No tenía mucho por hacer a las 11 de la noche, salvo ponerse el pijama y dormir junto a su pareja. Una noche normal, como cualquier otra en que sabe que debe levantarse temprano para ir a trabajar como mesera.

Sin embargo, vino el inesperado impacto. Las luces “parpadearon” y solo tuvo tiempo de ponerse los zapatos. Las paredes de su casa quedaron ocultas tras el denso humo que su familia tuvo que atravesar con desesperación.

Lo urgente fue poner a salvo a los niños, sin saber exactamente de qué. Los dejaron a tres cuadras y, de inmediato, guiados por la intuición, ella y su pareja regresaron a casa para recoger lo elemental: una muda de ropa y cobijas.

Lograron salir de nuevo antes de que las autoridades cercaran el sitio. A 18 horas del siniestro, a plena luz del día, Daisy espera el momento en le permitan volver, aunque sea por más pertenencias.

“Traemos puesto con lo que salimos anoche”.

Pese a ello, Daisy se considera agradecida de haber estado en casa esa noche. No quiere ni pensar en lo que habría sucedido si el hecho ocurriera horas antes, cuando sus hijos estaban solos.

Una nube de polvo por encima de los hogares

Al extremo opuesto donde se encuentra Daisy, José Antonio Jiménez observa los trabajos de rescate, acompañado de su esposa, quien inmediatamente trata de solidarizarse con un elemento inmóvil del Ejercito y le ofrece café.

Con voz enérgica, José Antonio no se contiene en compartir su experiencia a propios y extraños. La pareja vive a unos 30 metros del edificio, pasando la calle 25 Sur. Para ellos, el impacto y el estremecimiento de sus ventanas fue síntoma de un peligro mayor.

“Pensamos que había sido el Popo o una cuestión por el estilo, porque fue una explosión bastante fuerte. Asustó a todo mundo”.

Una intimidante nube de polvo y humo fue lo primero que lograron divisar cuando salieron a la calle: la misma imagen que, desconcertados, vieron otros vecinos. Lo siguiente fue pensar que había explotado la gasolinera más cercana. Solo al aproximarse, encontraron lo impensable: el edificio de radiadores estaba derribado.

A diferencia de quienes atestiguan otras catástrofes, José Antonio considera que la atención fue inmediata. Según su testimonio, no pasaron más de dos minutos para que la primera patrulla se hiciera presente; a los cinco, arribó una ambulancia, seguida de los bomberos y Protección Civil.

Por la tarde del pasado miércoles, los rescatistas localizaron el cuerpo de una mujer sin vida, con lo que suman dos fallecidos. Se trata de una de las tres personas reportadas como desaparecidas, pues los vecinos indicaron que faltaban dos mujeres y un hombre.

Ese mismo día, la Secretaría de Gobernación (Segob) estatal informó que 15 personas fueron rescatadas, de las cuales, siete fueron trasladadasa distintos hospitales.

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