15 de Septiembre del 2019
Ayuntamiento de Puebla

¿Paz represora o paz por la fuerza?

Por Luz Marina Manzano Gómez / /
¿Paz represora o paz por la fuerza?
Foto: Central

gritos esperanza

Las recientes declaraciones del presidente interino en Venezuela han hecho temblar la frontera colombo venezolana en las últimas horas, pues se está solicitando de manera formal, ante el  Consejo Permanente  de la OEA, la aplicación del  TIAR, el  Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, el tratado que permite abordar una amenaza  hacia un país firmante, generando una coalición entre varios de los mismos países firmantes que haga frente a la amenaza; aunque sea promoviendo el uso de la fuerza, es decir, un ataque armado. Explicando el presidente interino que, el gobierno madurista al resguardar de manera cómplice a grupos terroristas en territorio venezolano, se convierte en una amenaza para la región, evidencia así la urgente necesidad de salir del mismo, sea como sea.

Hace un par de años el Sr. Maduro hablaba del mantenimiento de la paz en sus cadenas televisivas diarias, de una manera tan soberbia que en el país lo que se percibía era una tensa calma que impedía las protestas callejeras (hoy en día cada vez más usuales por la falta de medicamento y comida, y por los sueldos miserables principalmente). Y es inevitable recordar entonces los mensajes que llegaban vía celular a todos los jóvenes solicitando la recluta para el servicio militar de la nación, porque era necesario mantener LA PAZ en el país, con los militares recorriendo las calles de manera común aunque fueran unos completos inexpertos en asuntos militares (la reserva, le llamaban, e incluía también señores de tercera edad cuya forma esquelética de cuerpo desnutrido, apenas podía con el tamaño del arma que portaba).

Ahora se vislumbra un rayito de luz entre tanta oscuridad, sólo que la paz que se ofrece ahora para Venezuela, llevaría un proceso por LA FUERZA para la salida del poder del Sr. Maduro; un proceso que seguramente podría ser violento y no sólo por parte de un país sino de varios países en coalición. Sin duda viene un remedio peor que la enfermedad.

Ciertamente, no creo equivocarme al decir que a todos los venezolanos, o bien  a la mayoría, les ha pasado por la mente sacar de manera violenta a quien ha permitido que Venezuela se convierta en un verdadero infierno de sobrevivencias.

También es cierto que no es posible esperar más diálogos diplomáticos pues se ha visto que en aproximadamente tres años, éste tipo de estrategia no ha logrado nada más que alargar el proceso de sufrimiento reiterado  que se está dando en el pueblo venezolano y que ha producido la emigración masiva más rápida e importante de Latinoamérica en su historia contemporánea.

Pero es claro que, ninguno de los procesos de paz  que se ofrecen “pintan” cordiales para el pueblo venezolano… Qué duro destino el que se le ha presentado… comparable metafóricamente al de una mujer pobre que debe decidir entre un trabajo que la explote o un marido vicioso que la golpee, pero que logre mantenerla (realidad también muy común en la pobreza de nuestra América Latina).

Lo cierto es que para algunos de aquellos que hemos apoyado alguna vez la intervención militar en Venezuela, ante la ya inminente probabilidad de que sea una realidad, se nos hace también importante tomar consciencia al recordar que serán seres humanos forzados (que posiblemente tengan que escoger entre la tortura de diversos y atroces tipos que produce la disidencia militar, y la obligación del trabajo que escogieron cuando alguna vez su ideal fue defender la patria tricolor y no a un gobierno de turno) los que estarían en primera fila defendiendo la frontera venezolana… Que aunque posiblemente haya chinos, rusos, cubanos e iraníes también en esas uniformadas filas, también habrá venezolanos, venezolanos que también están pasando necesidad de hambre y falta de medicinas, por más uniforme verde que porten, pues recordemos que ellos no se eximen de la crisis venezolana… Qué duro destino… qué oscura la hora que se avecina para Venezuela, sabiendo que posiblemente sea la única forma en que la pesadilla del holocausto venezolano acabe.

En todo esto que le comento ¿dónde ve usted la esperanza?...  Estos no son los conceptos de paz que nos enseñan en la escuela… Claramente que no.

Sin embargo, de la muerte tendrá que renacer la vida. Aunque tal vez,  sólo tal vez… antes de morir… aquél soldado venezolano que tenga un hijo, y que tenga que acostarlo a dormir antes de ir a lucharse la frontera en armas al día siguiente, decida esa noche ver sus ojos y profundizarle la mirada para comprender que puede desobedecer a su superior y deponer su arma y guardarla en casa… que su vida vale más que un falso ideal de un régimen… Tal vez su suave respirar y el futuro en unas pupilas, que tal vez no vuelva a ver, le impidan ponerse el uniforme y salir de su casa a defender lo que ya no es defendible… un régimen en decadencia… Y que sólo tal vez… si no hay nadie que defienda al indefendible… sólo tal vez, no haya una sola gota de sangre qué derramar… Pareciera demasiado idílico… pero defender la vida cueste lo que cueste… esa podría ser una verdadera forma de paz… ojalá los uniformados que están forzados a defender no salgan de casa y depongan sus armas, el indefendible ya no tendría quien lo defendiese. Ojalá así sea. Esa es la esperanza.

Dedicado a mi padre, militar retirado en el cielo… a quien admiraba cada vez que al salir a la calle, dejaba el arma “olvidada” en la casa… Poco a poco, con el paso de la edad, se daba cuenta que ya no era necesario traerla…

Gracias por leerme.

EL HADA DE GUERRA.

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Selene Rios

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