06 de Junio del 2020

Lo que Selene escribió, a tres años

Por Viridiana Lozano / /
Lo que Selene escribió, a tres años
Foto: Central

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Voy a estar bien

Voy a estar bien 

Vamos a salir bien 

Vamos a salir bien

Es débil, es débil, es muy débil 

Los meses en que Selene Ríos estuvo enferma escribió ese pequeño texto, fue el 13 de mayo de 2016, para ser exactos, y yo lo vi muchas veces en el block de notas de su celular, lo leía a manera de consigna, de sentencia para ayudarse a tener fuerzas y pensar positivo en una pronta recuperación.

El 5 de diciembre es obligado escribir a Selene, no como una manda que se deba cumplir cada que suma un año más de su muerte, hoy tres, es una obligación de esas ansias que empuja la creencia de que ella de alguna manera nos lee y sabe que aquí, los que tuvimos el infortunio de quedarnos y sufrir su partida, pensamos en ella todo el tiempo.

El año pasado cometí un error, usé esta columna para contarles a todos que no dejaba de soñarla y que llevaba dos años viéndola regresar en mis sueños, que ahí, en los sueños, que se  había recuperado, que de alguna manera regresaba y estaba otra vez con nosotros.

Fue un error porque desde entonces ese sueño no se ha repetido, la he vuelto a ver ahí, pero ya no regresando, solo en una visita que sé tendrá un fin.

Todos, estoy segura, escuchamos su voz, no solo su sonido y sus palabras en nuestros oídos, sino su voz escrita. Por eso hoy he decidido dejarles algunos fragmentos de lo último que ella escribió, algunos fueron correos que envío en los días de su enfermedad y otros que se quedaron en las notas porque no tenía a quién enviarlos eran para ella misma.

El 14 de abril de 2016, envío un pequeño correo para avisarle a nuestra coordinadora en la Prepa Ibero que había sido internada, ya sabía que iba a tener una recuperación complicada: 

Ayer vine a consulta y me dejó internada. Al parecer no está sencillo lo que traigo encima, así que estaré unos días en el hospital en  El Ángeles, cuarto 303”, le dijo junto con una larga lista de instrucciones para continuar con sus clases.

El 26 de junio, su amigo Álvaro Solís le escribió sobre un sueño que había tenido con ella en la casa de su infancia y de que había despertado abruptamente con la necesidad de contarle.

En el sueño, al verte reír cuando te cantábamos las mañanitas entendí que la mayor potencia de este mundo es la alegría, más que el amor hacia los demás, porque la alegría es amor hacia uno mismo y creo que es, si es que Dios existe (aquí entre nos, yo sé que sí aunque no sólo es ese Dios al que le rezan muchos hipócritas en las misas, sino aquel que intuyen y con quien hablan -a veces en esas mismas misas en donde los hipócritas de dan golpes de pecho- los corazones puros), el mayor y más alto de todos los dones. Yo creo que es por eso que te extraño tanto, porque eres alegre en un nivel superlativo  y porque la alegría auténtica es siempre contagiosa”, le dijo.

Selene, a quien no le gustaba hablar de su enfermedad, mucho menos de las expectativas que tenía, le contestó de inmediato:

Profe qué bonito sueño.  Te juro estoy concentrada en tomar las cosas con calma y en no caer en el abismo de la incertidumbre. Pronto nos veremos para reírnos un rato. Muchas gracias por el texto, por el sueño y por tus palabras”.

Pero lo más profundo y duro de lo que ella pensaba, durante su corta y mortal enfermedad, quedó plasmado en una carta imposible. Una que no podía ser leída por el destinatario, su primo Omar, quien había fallecido meses antes también de cáncer.

Esa carta quedó guardada en sus notas a manera de catarsis y la hizo el 22 de junio de 2016.

OMAR

A veces me gustaría entrar a tu cuarto y abrazarte por la espalda, sin decirte nada, sin decirnos nada. Quedarme ahí contigo un rato en silencio, escuchándonos llorar quedito mientras miramos la ventana cerrada y los árboles moviéndose perezosos al aire. Me gustaría apretarte más cuando el llanto rompiera el silencio y soltaras un gemido de impotencia.

Me gustaría decirte que el miedo es normal, que no debes cargarlo tú solo, que me dejes ayudarte un poco.

Me gustaría tomarte la mano, mientras las lágrimas empapan nuestras caras y decirte que te equivocas, que el miedo no lo debes ocultar, que el miedo no es algo vergonzoso, que el miedo no te debilita.

Quisiera que entendieras que las cruces se aligeran si dejas que alguien más te ayude a sostenerlas.

Me atrevería a confesarte que sé por lo que estás pasando, lo que estás pensando y lo que estás ahogando cuando enciendes el televisor y el subes volumen a un programa insulso de concursos arreglados que nunca te han gustado.

Quisiera responderte que yo tampoco entiendo, que no le hayo sentido, pero que deberías buscar en lo más profundo de tu corazón la respuesta a esas dudas que de pronto te despiertan en plena madrugada.

Te equivocas otra vez cuando juras que eres el único que tiene mil preguntas sin respuestas en su cabeza. Cometes un error al ahogar tus lágrimas cuando alguien se acerca y al Voltearte en la cama para hacerte el dormido.

Déjame regañarte un poco: yo, y muchos más, lo único que queremos es entrar en tu cuarto, abrazarte en silencio un rato y llorar un poco agarrados de ti.

Me encantaría tratar de sonreír para decirte con la voz quebrada, llena de fe, que no te preocupes que todo va a estar bien. 

Lo único que me falta es valor.

Por eso necesito que entres a mi cuarto, que me abraces por la espalda y, después de un rato de silencio que digas, con la voz quebrada, que todo va a estar bien.

Qué bonito volverte a leer Selenita hermosa, ojalá estuvieras aquí para abrazarnos y decirnos que todo estará bien.

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