20 de Septiembre del 2019

Nomás no me pinten las paredes

Por Viridiana Lozano / /
Nomás no me pinten las paredes
Foto: Central.

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Feministas en  Puebla, como otros estados del país y junto con el amplio colectivo de la Ciudad de México, salieron a las calles el viernes 16 de agosto para exigir un alto a la violencia en contra de las mujeres, y en particular indignadas por el caso de la menor de edad violada por policías de la CDMX y el tratamiento que las autoridades le están dando para exculpar a los elementos y, de paso, evitar que la credibilidad y la confianza en sus fuerzas policiales llegue tan profundo que se vuelva imposible levantarlo.  

En todo el país las notas fueron sobre la “violencia extrema” de la manifestación, tres reporteros golpeados por grabarlas haciendo pintas —el reportero de ADN40, por otro hombre— y vandalizando El Ángel de la Independencia, la estación del metro y los carros, aparadores o paredes que encontraran a su paso.

En general en eso se basó la violencia consignada por los medios y en su mayoría criticada en redes sociales.

En Puebla, las feministas hicieron pintas en el edificio de la Fiscalía General del Estado, pintaron y rompieron los cristales de una patrulla municipal.

Los comentarios que esta acción, que esta forma de manifestación despertó fueron de desprecio y violencia contra las mujeres que participaron en el movimiento.

Un hombre llamado Rafa escribió en los comentarios de la nota publicada en Página Negra: “Alguien que nos cuide de las mujeres locas que se manifestaron”. Otro llamado Ángel, puso: “No es manera pinches locas, ni el patriarcado ha hecho eso, no mamen, medíquense”. Isa, escribió: “Pueden tener mil motivos pero el día de hoy solo se ganaron el odio de la gente”.

“El odio de la gente”, fue la frase que más me llamó la atención. Por qué los poblanos despreciarían a un grupo de mujeres que dejaron sus trabajos, su casa, su familia para salir a la calle a caminar y exigir de se detenga la violencia y la omisión de las autoridades, quienes cuando una mujer desaparece o es asesinada no hacen más que culparlas: por haber salido noche, por usar ropa provocativa, por ir solas, por provocarlos, porque se fueron con el novio, por desobedientes.

Por qué habríamos de odiar a las mujeres que levantan la voz porque no pasa un día sin que alguien las toque, las ultraje o las acose en la calle, por lo menos. Por qué odiarlas por alzar la voz por las que ya no pueden, por las que han sido asesinadas.

Quienes consignan esta manifestación proponen salir a las calles de forma pacífica, tal vez con una veladora y todas puras vestidas de blanco, pretenden desde la comodidad de sus casas y detrás de un teléfono celular decirnos cómo se debe hacer una manifestación “legítima”.

Piden hoy “no ocupar como excusa los feminicidios”, para ellos es una excusa ¡carajo!, y enfocarnos en responder si el vandalismo es una forma válida de levantar la voz.

Yo no estoy de acuerdo con el vandalismo, pero existe una evidencia clara del problema real, que en todas las frases pintadas y la patrulla destruida en Puebla representa hay un alto grado de descontento social por parte de las mujeres y de hartazgo de que nos maten impunemente, siendo así creo que enfocarse en discutir esto como “vandalismo” y no como su representación, es esconder el problema real.

Discutan, discutan sobre si estaba bien o no pintar el Ángel de la Independencia, romper los cristales del metro, los aparadores y hasta algunos autos. Mientras ustedes discuten otra mujer es asesinada y abusada sexualmente en México.

Pierden el tiempo discutiendo en pintura y no voltean a ver lo que eso significa, que según la Organización de las Naciones Unidas (ONU) tres mujeres son víctimas de feminicidio y 50 son violadas ¡cada día!

Ese sábado, el sábado que se levantó la voz como nunca antes, 50 mujeres fueron violadas y 3 asesinadas en México. El cuerpo de Judith Abigail fue encontrado en un paraje, después de estar casi 15 días desaparecida.

Si esto no se detiene la estadística un día va a alcanzar a mi familia, a mi hermana, a mi amiga o a mi hija.

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Destruir una patrulla, como pasó en Puebla no es una forma nueva de demostrar el descontento social, pero sí instrumentó un nuevo discurso machista contra las mujeres que lo hicieron.

El 27 de mayo de este año, un grupo de pobladores de San Salvador El Verde incendiaron una patrulla de la Policía Municipal, como una protesta contra los policías que minutos antes habían rescatado a un hombre de ser linchado, lo acusaban de haberse robado una motocicleta. Los tres policías que acudieron a la zona fueron golpeados brutalmente.

Los comentarios fueron a favor: “los policías están coludidos con los delincuentes”, dijeron.

El primero de enero de 2019, elementos de la policía de San Martín Texmelucan atropellaron y mataron a un niño, los habitantes quemaron una de las patrullas de la municipal para exigir justicia.

Otra vez los aplaudieron porque “si ellos no hacían justicia por su propia mano, nadie más lo haría y el crimen quedaría impune”.

El 18 de junio de 2018 unos hombres armados se enfrentaron con la Policía Federal en Yehualtepec, los elementos de la policía fueron secuestrados y hasta después de que ante sus ojos quemaron su patrulla, los liberaron.

El 12 de octubre de 2018, huachicoleros se enfrentaron a personal de la Gendarmería Nacional en Xonacatepec e incendiaron una patrulla para evitar el operativo y ser detenidos. El pueblo, a su favor porque les dan recursos que el gobierno no, los apoyó.

En mayo de 2017,  más de un centenar de vecinos de San Salvador el Verde, prendieron fuego a una patrulla que llegó al lugar a atender el llamado de los vecinos que reportaron que un auto había atropellado a un motociclista.

Otra vez los vitorearon, porque dijeron que la policía se llevaría al responsable y los dejaría libres.

¿Entonces?

¿Están seguros que la pregunta debe ser por qué las mujeres destruyeron una patrulla de la policía municipal en Puebla?

¿Por qué a los que lo hicieron antes les aplaudieron y a ellas no? también acusaban omisión y complicidad de las autoridades.

Pero además por si la evidencia no era suficiente, unas horas después fue encontrado el cuerpo de Judith Abigal Jimémez López, a quien asesinaron y tiraron su cuerpo en un paraje en Santa Cruz Alpuyeca.

El feminicidio número 54 en lo que va de 2019 en Puebla.

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Para los que siguen perdiendo el tiempo hablando y comentando contra el vandalismo. Que no han reparado en revisar el mensaje que ello representa, aquí les dejo algunas cifras de Puebla.

Hasta antes del 2013 en Puebla no se reconocían los crímenes contra mujeres en razón de género como “feminicidio”. Así hasta antes de ese año no existen estadísticas.

De 2013 a 2018, un total de 440 mujeres fueron asesinadas, la mayoría de ellos fueron cometidos por sus parejas o amigos.

En lo que va de 2019, 54 mujeres han sido asesinadas violentamente, hasta marzo, la Fiscalía solo reconocía como feminicidios 7 casos.

En el periodo en el que Puebla ya estaba en alerta de género —de abril a junio— 104 mujeres denunciaron acoso sexual; 324 mujeres presentaron su denuncia por violación; y hubieron 3 mil 101 casos oficiales de violencia familiar.

Esto cifras del Secretariado Nacional de Seguridad Pública. 

 ¿Qué les indigna más?

¿Hablamos del vandalismo o de las mujeres asesinadas?

Ustedes deciden.

Este es el mapa de CENTRAL y PÁGINA NEGRA que contabiliza los feminicidios ocurridos en el estado de Puebla en lo que va de este 2019:

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Selene Rios

Neoderma Clinica