Saturday, 24 de August de 2019

El PRI ante el cadáver de EPN

Por Zeus Munive / /

¿Qué hará el PRI en el 2018 con un presidente de la República tan débil? ¿Con quién contenderán a la Presidencia, a la gubernatura, al senado y a las demás posiciones?

En la historia reciente del país, nunca se había visto un presidente tan debilitado y tan impresentable. Tan falto de respaldo social y de credibilidad. El primero en resentirlo será el Revolucionario Institucional a nivel nacional y a nivel local. 

Hablando en plata, ¿Juan Carlos Lastiri, Enrique Doger, Blanca Alcalá, Alejandro Armenta, Javier López Zavala, Juan Manuel Vega Rayet, Víctor Giorgana (más los que siempre aparecen) podrán ganar una elección estatal? 

La del 2018 es la madre de las batallas, pero gracias a Enrique Peña Nieto no será una contienda competida para el partido tricolor. Nunca, never, nanay, never de limón la never, nel, naranjas, ni maiz. Peña Nieto se descalabró con su actitud entreguista, en primer lugar, en el encuentro que sostuvo con Donald Trump y, en segundo lugar, con los jóvenes la cual fue armada y que nadie se la compró. 

Con qué cara Lastiri sale a presumir que ha trabajado en el Gobierno federal como subsecretario cuando este sexenio se ha caracterizado por la corrupción y las casas blancas. 

Con qué cara Jorge Estefan Chidiac (famoso por sus hongos en los pies) llama a su estructura a votar por el PRI y moviliza, cuando su presidente no sabe ni hablar. 

Con qué carta de presentación iría Blanca Alcalá para hablar de su partido si históricamente tanto la esposa del presidente y ella son dueñas de casas blancas de orígenes cuestionables. 

En el año 2000, el PRI había tocado fondo producto de la crisis económica desatada por el error de diciembre de 1994. Y sí, Ernesto Zedillo había pasado a la historia como un mal presidente. Él cargó con todo lo que había hecho su partido desde 1968 hasta su sucesión. 

Hace 4 años, cuando fue la elección presidencial, el PAN se iba con la cola entre las patas por la guerra contra el narcotráfico iniciada por Felipe Calderón y por las ocurrencias y locuacidades de Vicente Fox. No hubo el cambio prometido, al contrario, se empoderaron personajes como Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones, quienes controlaron tácitamente el país. El PAN resultó en ese momento peor que el PRI. 

Ahora, en plena crisis de credibilidad presidencial, ¿cómo ofrecer la continuidad a nivel nacional?, y ¿cómo a nivel estatal hablar de un cambio cuando sea la sucesión de Antonio Gali Fayad? 

El PRI no se puede apostar ya ni por el Niño Cieguito ni por el Santo Entierro, mucho menos de San Simeón. El milagro está cada vez más lejos de sus expectativas, de sus deseos. 

Además, como está conformado y creado ese partido, jamás, ellos (los priistas) cuestionarán la imagen Presidencial. No lo pueden hacer, es antinatura, sería socavar su tumba. Escupir al cielo. Dispararse los pies o patear a su mamá.

Estamos ante el cadáver de Peña Nieto y los priistas no se han puesto a rezar el Rosario ni los Misterios para ver si así por lo menos les toca la regiduría de box y lucha de Palmarito Tochapan.

 

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