Saturday, 13 de June de 2026

Dios en el Poder

Martes, 04 Marzo 2014 00:01
Selene Rios Andraca

Yo, pecador

Por :
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Pí,pí,pí.

Pí,pí,pí.

Lo peor no fueron sus ojos compungidos.

Ni su grito de misericordia.

Ni sus manitas entrelazadas.

Ni su cara suplicante.

Lo más triste fue que los priistas ni siquiera le hicieron caso.

No aceptaron sus disculpas.

No le dieron el perdón a Pablo Fernández del Campo.
***
En la cumbre priista celebrada en el Comité Ejecutivo Nacional del tricolor, Ivonne Ortega determinó castigar al priismo poblano.

De la manera más infame.

Y todo por su inmadurez política.

Porque en seis meses no han logrado ponerse de acuerdo.

Porque se grillan unos a los otros.

Por esa “inmadurez”, el priismo poblano deberá  soportar a Pablito.

Deberá seguir llamando Presidente a Pablito

Sí, a pesar de ladebacle electoral de 2013.

Sí, a pesar de la venta de candidaturas.

Sí, a pesar de agandallarse la primera plurinominal al Congreso.

Sí, a pesar deacomodar a su gente en las regidurías.

Sí, a pesar de clavarse los aguinaldos del priismo.

Sí, a pesar de que le exigió dinero a los alcaldes priistas para “resolver” sus cuentas públicas.

Sí, a pesar de que en la campaña nunca entregó los recursos.

Sí, a pesar de quedocenas de alcaldes le mentaron la madre públicamente.

Ufff.

Y ni crean que Pablito se ofendió de ser el “castigo” de los priistas.

Ni crean que mostró un gramo de dignidad.

Al contrario aplaudió complacido por el “respaldo” del CEN que recibió.

Miau.
**
Sin embargo, lo más notable de esa cumbre tricolor, sucedió minutos antes de que todo empezara…

Los priistas aún no se acomodaban en sus sillas.

Aún estaban platicando sobre el tráfico en la Ciudad de México.

Ivonne Ortega no terminaba de saludar a los cuadros distinguidos del partidazo reunidos en el CEN para decidir el futuro del PRI en Puebla cuando una piadosa voz se deslizó entre los murmullos.

Era Pablo Fernández del Campo.

Era el dirigente estatal del PRI con una súplica de perdón entre los labios.

Con un lastimoso ruego chocando contra sus dientes.

Ivonne Ortega lo miró extrañada.

El resto de los priistas no entendían qué pasaba.

Pero Pablo seguía con su credo.

Con su lastimoso mea culpa.

Que pocos entendieron.

Que pocos creyeron.

Que pocos compraron.

Ante Blanca Alcalá, José Luis Márquez, Enrique Doger, Enrique Agüera, Leobardo Soto, Filiberto Guevara, Lucero Saldaña, Alejandro Armenta, Jesús Morales Flores, Isabel Allende y Silvia Tanús entre otros, Pablito, su líder, se deshizo en auto-lamentos, en elegías sobre su gestión como presidente del PRI.

Casi al punto del llanto.

Con los ojos compungidos, las manos entrelazadas, el semblante decaído y la voz quebrada, Pablito soltó ante el priismo poblano su Yo, pecador:

—Perdónenme amigos priistas por esta crisis en Puebla…

—…

—Perdónenme por la situación que atravesamos…

—…

—Perdóneme por la derrota electoral y por no haber podido hacer más…

—…

—Yo lo he dado todo y necesito su perdón…

Cri. Cri.
Cri. Cri.
Bola  en el desierto.
Ave que grazna.
Grillito.
Cri. Cri.

Algunos carraspearon sus gargantas.

Unos rieron por dentro.

Otros más fijaron la vista en la nada.

Otros mandaron un tuit.

Uno que otro preguntó desconcertado qué pasaba.

Ivonne sonrió perpleja.

—Este… gracias ¿Alguien más desea hacer uso de la palabra?—preguntó alguien.

Y eso, señores,  fue lo peor.

Cuando nadie, nadie, nadie peló a Pablito ni a su ruego.

De en balde el Yo, pecador tan ensayado que llevaba.

Miau.

**