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Todas se peleaban por llevarle de comer.
Por visitarlo en su cuartito del hotel Kyoto.
Todas aprovechaban cualquier pretexto para entrar al viejo cuarto de hotel, donde se encontraba arraigado como sospechoso principal del asesinato de Karla López Albert.
Las ministeriales, auxiliares y agentes del ministerio público justificaban la intensidad con que Karla López Albert le exigía matrimonio.
Por eso se escuchaba cada cosa en ese viejo hotel:
—Aunque me mates…
—Grrrrrr…
—Pts, pts, papi…
—Chulo…
—¡Hazme un hijo, yo sí aborto!
Guapo.
Joven.
Barbado.
Cabello castaño.
Ojos tristes.
Sonrisa accesible.
y probable asesino.
Mmm..
Vaya combinación.
Manuel Forcelledo se convirtió en el objeto del deseo de las mujeres encargadas de la justicia, hasta el día en que la Procuraduría General de Justicia de Puebla desenmarañó el absurdo plan de Manuelito para matar a Karla López Albert.
En ese momento, la galanura del mirrey de familia de abolengo en Puebla se descarriló.
Lo que tiene de guapo lo tiene de tonto.
Aleguas se notó que Manuelito en su vida vio un programa de Dexter, Ley y el orden, El mentalista, Bones o C.S.I. Ni siquiera cuando pasó por su mentecita deshacerse de la mamá de su chamaco.
Manuelito resultó un tonto redondo.
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Cuando al fin decidió en su fuero interno que la única alternativa para su problema era matar a la joven, Manuel planeó hasta el último detalle para evadir la justicia.
Bien dicen que no hay crimen perfecto.
Pero en este caso se trató de un crimen estúpido —e inútil—.
Veamos.
Lo primero que hizo el jovenazo fue comprar un chip de teléfono pirata para que no lo ligaran ni con la difunta ni con sus cómplices.
Lo interesante es que le compró el chip a un conocido suyo. (Para que en caso de que llegaran a él pudiera reconocerlo).
En lugar de comprarlo en Tepito, en la Fayuca, en La Piedad, en Santo Domingo, en el Chopo, en Dios sabe dónde, el Manu le compró la línea pirata su cuate Leopoldo Camacho.
La cual, por si fuera poco, estaba registrada a su nombre.
Ay Dios.
Con ese chip, Forcelledo se comunicó con sus cómplices y le puso precio a la cabeza de Karla, 7 mil mugrosos pesos.
Con la línea pirata, habló también con Karla en la víspera de su muerte.
Cuando la Procuraduría General de Justicia llegó a Leopoldo Camacho, éste se dobló y confesó lo que sabía.
Hoy el tal Leopoldo es uno de los principales cómplices del asesinato.
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La segunda idea brillante del asesino de Karla López fue citarla en el salón de fiestas Kats de su familia ¡para asesinarla!
El jueves 31 de enero, Manuelito citó a su futura víctima en una propiedad de la familia Forcelledo.
Sin arma de por medio, Manu, como todo asesino novato, improvisó. Tomó un lazo de rafia dela bodega del salón de fiestas y con eso, ahorcó a la futura mamá de su hijo.
Karla López vivió todavía hora y media desde que llegó al salón de fiestas.
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La tercera idea genial del asesino fue guardar en su casa el teléfono con la línea pirata que lo sabía todo, que lo tenía todo.
Guardó el aparatejo en su casa, para que en caso de que catearan, lo encontraran y lo incriminaran.
Y así fue.
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La cuarta barrabasada fue que el tercer cómplice Rodrigo “Roko” fue el encargado de desaparecer el cuerpo y el carro, es decir, la evidencia. El agente de seguridad se llevó el vehículo de la difunta y para evitar algún asalto y sortear la inseguridad de la carretera federal y para no sufrir las malas condiciones de la carretera, el tal Rodrigo tomó la autopista México-Puebla y cruzó la caseta de San Martín Texmelucan con el vehículo de Karla López, con su cuerpo en la cajuela.
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Por si fuera poco, ninguna de sus siete mil coartadas cuajó.
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La Procuraduría General de Justicia aprovechó cada uno de los errores de la novatez de Forcelledo, quien durante sus 33 días de arraigo, se mantuvo estoico, relajado y hasta coqueteaba con las ministeriales.
Y es que en la cabeza del guapo Forcelledo no había forma de que lo ligaran con el asesinato de Karla López.
Que Dios guarde tontos a todos los asesinos.
Aplausos para la Procu y para Víctor Carrancá.
Clap.
Clap.
