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Pues a la señorita Laura la indignación le caducó.
El discurso de justicia, encubrimiento y negligencia de la PGJ sobre el caso Karla López se le pudrió muy pronto en las máquinas de edición de Televisa.
Si los cálculos no me fallan, 24 horas.
En honor a la precisión, 45 minutos.
Ah eso sí, 45 costosos minutos en horario estelar que hicieron que el procurador Víctor Carrancá saltara a la fama con tremenda algarabía.
Mismos 45 gloriosos minutos que provocaron que mi adorado @Rafagobernador trastabillara ante los medios de comunicación que Karla López ya ya ya ya ya ya ya ya no era te te te te tema.
De pronto la polémica conductora de Televisa dejó a un lado su férrea exigencia de justicia por la muerte brutal de Karla López Albert.
De un programa a otro, Laura Bozzo saltó de “Carrancá, maldito mentiroso encubridor de asesinos adinerados bien parecidos” a “Dinero mata carita” y sin preámbulo alguno a“Mi hermana mi peor enemiga”.
—Los temas posteriores en el talk show más consumido en México han sido eliminados de mi base de datos por pura salud mental, ustedes dispensarán—.
Si bien las lágrimas de Laura Bozzo se escurrieron en los consejos de Body Crunch, el bastón que nunca se cae y el recetario vegano que cura la diabetis, las riumas, los golondrinos y el frío de los huesos, hay que reconocer que el show fue impecable, al grado que periodistas, funcionarios, el mandatario, la Dirección de Comunicación Social y el área de monitoreo de medios, nos chutamos a Laura toda la semana —Perdón, David por semejante encargo vespertino—.
La señora logró que los ojos de Puebla estuvieran sobre ella —Al menos, hasta antes que saliera una muchacha con ropa entallada, escote pronunciado, caderas contundentes y labios apretados e hiciera perreo con la canción de “Usted”—.
Pero más allá de reprochar a la peruana su falta de consistencia, su ataque amnésico sobre su juramento de no descansar —ni pisar Cancún— hasta no hacerle justicia a Karla, el problema aún se centra en la Procuraduría General de Justicia (PGJ).
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Han pasado 11 días desde que el cuerpo de Karla López fuera identificado en el Servicio Médico Forense del Distrito Federal.
Más o menos 264 horas.
Y hasta el momento la Procuraduría General de Justicia ni siquiera ha podido p-r-e-c-i-s-a-r cuándo murió la joven poblana.
A través de dos comunicados de prensa, la dependencia encabezada por Víctor Carrancá se limita a decir que murió “antes de la denuncia” que presentaran los padres de la víctima por su desaparición.
“Antes”.
En ese “antes” caben nomás como 24 horas.
La Pegejota se limita a decir que según sus cronotanatodiagnósticos —cualquier cosa que eso sea— establecen que Karla López Murió “antes” de la denuncia, quesque murió entre la noche del 30 de enero y el 31 de enero.
El estudio cuyo nombre es impronunciable ni siquiera es capaz de determinar a qué hora murió exactamente, sólo dice que fue “endenantes”, aunque el acta de defunción dice que fue “aluego” (después) de la denuncia.
Claro para eso es la ciencia.
Para hacer cálculos eloteros.
Los cronotanatodiagnósticos tienen un nombre ostentoso como pocos pero hacen cálculos a ojo de buen cubero, como dicen en mi pueblo.
Y a 11 días de que el cuerpo de Karla fuera identificado, la Procuraduría sigue sin informar si la muchacha murió en Puebla, en la carretera Puebla-México, si la
mataron en Tláhuac o qué.
Chingá.
Qué días aciagos vivimos hoy.
Ya no podemos confiar en la Procuraduría General de Justicia.
Ni en rimbombantes estudios como los cronotanatodiagnósticos.
Y lo que es peor: ni en Laura Bozzo ni en su indignación.
De seguro que el Body Crunch ni adelgaza, el bastón se cae a la menor provocación y el recetario milagroso es puro cuento.
Que Dios se apiade de nosotros.
Miau.