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Ayer, la capital poblana se incendió por la incapacidad del secretario de Transportes, Bernardo Huerta, de corregir las deficiencias de la Red Urbana de Transporte Articulado, mejor conocido como Metrobús, por lo que concesionarios y transportistas desquiciaron la ciudad y la zona conurbada con manifestaciones y toma de avenidas, para evitar que distintas rutas fueran retiradas de circulación.
En los cuatro conflictos simultáneos en la ciudad, la mano de los transportistas es evidente: los bloqueos en San Sebastián y Xonacatepec obedecieron a que las rutas alimentadoras son insuficientes, ergo, se requieren más unidades en esa zona; en Atlixco, campesinos reclamaron que el metrobús no les permite subir sus bultos y el transporte regular sí. Además, choferes pidieron ser recontratados y concesionarios exigieron el incremento del pasaje.
Los concesionarios —que además son los socios y los principales beneficiarios del metrobús— no están dispuestos a perder dinero con el retiro de unidades y por ello, orquestaron el tremendo caos por el transporte articulado. Y claro, quién los puede juzgar, si los empresarios del transporte no hicieron más que aprovechar las deficiencias del proyecto morenovallista. Y las explotaron, y las dinamitaron, y lo peor es que ganaron, porque el gobierno de Moreno Valle también es rehén de los concesionarios.