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Édgar Salomón se salió enfurruñado del salón.
Le gritó a su particular que le marcara al Presidente.
El particular no sabía a qué Presidente se refería su jefe.
Édgar Salomón amagó con despedirlo si no le llamaba a Enrique Peña.
El particular titubeó y preguntó que a qué número le hablaba al Presidente.
Édgar Salomón le dijo que al número de su agenda.
El particular dijo que no había ningún número de Peña en la agenda.
Édgar Salomón le pidió que lo consiguiera.
El particular casi se desmaya.
Édgar Salomón respiró tres veces.
Snuf.
Snuf.
Snuf.
Regresó al salón.
Se disculpó con Ivonne.
Y con el resto de los diputados.
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Tras la reunión con los diputados locales del PRI, Ivonne Ortega se quedó con tres certezas en la mesa: que el gobernador Rafael Moreno Valle le da un apoyito a los diputados del PRI; que Édgar Salomón no tiene el número de Enrique Peña Nieto y que los legisladores votarían (en unas horas) en contra de las iniciativas del mandatario estatal.
Nada más.
Ya pasaron casi 30 horas desde el curioso encuentro, y la yucateca sigue sin saber bien a bien qué pasó esa tarde en el Comité Ejecutivo Nacional del tricolor.
Sabe que giró la orden de votar en contra de las iniciativas de Moreno Valle: el endeudamiento por 3 mil millones de pesos para municipios; Proyectos de Prestación de Servicios para Ayuntamientos y la pérdida de control del Congreso de Puebla sobre las tarifas de los organismos de agua potable (Soapap´s). Y también sabe que Ernesto Leyva y Édgar Salomón han recibido dinero de Moreno Vale.
Ivonne Ortega recibió a la bancada local del PRI en el Comité Ejecutivo Nacional con más dudas que respuestas.
Segundos antes de entrar a la reunión con sus correligionarios poblanos, la yucateca no tenía ni la menor idea de qué chingados estaban haciendo ahí tantos diputados locales bien bañaditos.
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El coordinador de los diputados priistas en Puebla, Ernesto Leyva fue el primero en tomar la palabra en el cónclave.
—Secretaria, venimos a pedirle su opinión para que nos diga cómo votar las iniciativas que envió Moreno Valle. Por eso, Pablo pidió la reunión con tanta urgencia, porque votamos mañana y no sabemos qué línea seguir.
—Sí, las iniciativas.
—Sí, mire son tres iniciativas: la del endeudamiento, la del Soapap y la de los PPS.
—Ajá. Tres.
—Sí, secretaria y por eso estamos aquí ¿Cómo votamos?
—Ajá. Déjenme ir por mis fichas técnicas.
…
…
…
Ivonne regresó a la sala de juntas con unas tarjetas en la mano.
—¿Y ustedes qué piensan?
Cri.
Cri.
Cri.
Nadie dijo una sola palabra.
Ningún diputado hizo si quiera el intento de tomar la palabra.
—Coordinador, díganos ¿Qué piensa?— le cuestionó directamente a Ernesto Leyva.
—Este… sí, mire, pues son tres iniciativas. Este… pues, buenas ¿Verdad? Este… prometedoras, muy bien hechas ¿Verdad? Este… nos convienen.
—Ajá.
—Este… sí, mire, pues las tres son iniciativas ¿No? Y pues son parecidas a cosas que quiso hacer Marín y Melquiades.
—Ajá.
—Entonces, pues, este… yo creo que deberíamos…este, pues, así, como que, así, aprobarlas.
—Ajá.
—O sea, este pues sí, aprobarlas.
—A ver, señores ustedes son oposición y el gobernador en su estado es un virrey que ha querido mandar en todo ¿Le van a aprobar sus iniciativas? Yo pienso que deberían votar en contra.
—¡¿Cómo?! ¿En contra?
—Sí, coordinador. Son nuevos tiempos y es momento que asuman su papel opositor. Vótenlas en contra.
—Pero…
Ernesto Leyva buscó el apoyo de sus pares.
Pero ningún diputado le hizo segunda.
Pablo Fernández se acomodó en su silla y se rascó las manos.
Zenorina González se acomodó la trenza.
Gerardo Mejía perdió su mirada en una pared.
—Bueno, ya quedó. Votan en contra ¿Algo más, señores?
Ernesto Leyva no sabía qué hacer.
Tragó saliva.
Se acomodó la corbata.
Bebió un sorbo de agua.
Se rascó la sien.
—Se…se…secretaria, este, mire, pues es de que si votamos en contra, el gobernador de va a enojar…
Silencio otra vez.
Ivonne lo miró fijamente.
Ernesto siguió hablando como poseído por un ánima morenovallista.
—Y si se enoja el Señor Gobernador pues nos va a quitar el apoyito.
—¿El a-p-o-y-i-t-o?
—Sí, nos va a quitar el apoyito. Mejor nomás le damos un calambre, y la aprobamos, pero no la aprobamos.
—¿Cómo dice diputado?
—Este… que sí, pues, pero que no.
Al fondo, con toda la energía de la juventud y la adrenalina del despecho, Édgar Salomón gritó:
—Yo creo que debemos votar en contra, todo en contra. Votar con huevos— dijo haciendo ese conocido ademán con las manos para simular valor— Vamos contra ese tirano, que nos trata como a sus sirvientas, démonos a respetar y votemos en contra compareños ¡En contra!
—¡Pero el apoyito, Édgar!—chilló Leyva desde su silla, casi sin voz, casi sin fuerza, con la pinche idea del apoyito perdido.
—¡Dejémonos de apoyitos! Además, Rafael nunca cumple a mí nunca me cumplió con el dinero para mi campaña en San Martín y sabes qué Ivonne, ustedes tampoco me han cumplido ¿Y mi delegación? ¿Y mi delegación? ¿Dónde chingados está mi delegación? ¡Eh! ¡Eh! ¡Soy un pendejo! ¡Nadie me cumple! Ni ustedes ni el gobernador.
Miau.
El público enmudeció aún más.
Ivonne abrió tanto la boca que espantó a Zenorina González.
Maldita sea la hora.
Édgar Salomón se fue de bruces, ahí frente a todos, frente a la secretaria General del PRI.
Se desnudó.
Literalmente.
—…Y como ustedes no me cumplen ¡Le voy a decir al presidente! ¡Le voy a llamar en este pinche momento para decirle que ustedes no me cumplen! ¿Entienden?— siguió peleando Salomón.
Ivonne se hundió de la pena en la silla.
Édgar Salomón se salió del salón enfurruñado.
Le gritó a su particular que le marcara al Presidente.
El particular no sabía a qué Presidente se refería su jefe.
…
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Y para fortuna de priistas (y lectores) ahí terminó la reunión.
Carajo.
De lo que uno se entera en esas reuniones del PRI ¿Verdad, Ivonne?
Doble Miau.
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Siete
Siete onces de septiembre
Qué lindo número es el siete.
Muy cabalístico.
Muy borgiano, pues.
Siete onces.
Siete septiembres.
Siete años.
Siete pecados.
Siete enanos.
Siete samuráis.
#DiosenelPoder cumple siete años de existencia.
Ni hablar: feliz séptimo aniversario, chingá.