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Durante su rectorado en la Universidad Autónoma de Puebla, Enrique Agüera se convirtió en un mito genial de la política poblana. El académico encabezaba la lista de las preferencias electorales, tenía todos los bonos de ventaja y era el candidato ideal para cualquier cargo de elección popular: diputado federal, diputado local, senador y hubo un momento en que hasta su nombre se puso en la mesa de la gubernatura.
Una y otra vez, el entonces rector rechazó las ofertas políticas. No era su momento aún. Al fin en 2012, su posición en la fórmula al Senado iba firme pero cambios en el último momento, lo obligaron a quedarse otro año más en la máxima casa de estudios. En 2013, el mito electoral demostró de qué estaba hecho.
En 8 años de rectorado, Enrique Agüera se convirtió en un político intocable y todopoderoso. La mayoría de los medios locales se dedicaron a proteger la imagen de Agüera y a crear un escenario ficticio para el ex rector que resultó contraproducente en la jornada electoral.
El 7 de julio derrumbó el mito de Enrique Agüera. El ex rector quedó enterrado en los casi 260 mil votos de su contrincante. Resultó ser un gigante, sí un gigante pero con los pies de barro.