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En nuestro país hay dos formas de entender el poder: la de quienes lo ejercen y la de los que están abajo. Los gobernantes y los ciudadanos. Para los de arriba el ejercicio es complicado, lo hacen complicado, artificial, enredoso, falso. La gente común lo concibe sencillo, llano, piensa y actúa con sentido común. Por supuesto no hay concordancia. Hay más desencuentros que coincidencias.
Desde arriba la simulación y la mentira suelen envolver todo, o casi todo. Creen que engañan a los gobernados. Estos se dan cuentan de todo. Y reaccionan de distintos modos: reprueban, se mofan, desconfían, se frustran, y a veces terminan por simular también. Justifican y se adaptan. Aquél trata de aplicar la ley, éste trata de cumplirla.
En este juego, es triste decirlo: aquellos actúan como monarcas, a los otros los tratan como súbditos.
No hay que afanarse mucho para encontrar muestras de esto. El escenario cotidiano es generoso aquí, allá y acullá.
Vivimos en una república, pero el presidente se comporta más como un rey. En la calle se multiplican por miles los robos de autopartes, en las casas los hurtos,los asaltos, es eterna la ausencia e incompetencia policiaca, pero el presidente es custodiado a donde va por miles de policías y soldados. Aquí lo vemos en cada visita presidencial. Cuesta millones una visita presidencial, tan sólo en seguridad, hospedajes y transportes.
Un sujeto desempleado va a la cárcel por robar dos bultos de maíz, y una cáfila de rufianes goza al cabo de un sexenio como si fuesen salvadores de la patria. La gente sueña con ver a Mario Marín o Ulíses Ruíz con sendos trajes a rayas tras una reja, pero estos son hoy prominentes empresarios, ideólogos de su partido, exportadores de capital al viejo mundo o a paraísos fiscales.
El sueño popular es ver en la cárcel a Humberto Moreira, Elba EstherGordillo (con su bolso de marca de 35 mil pesos) a Carlos Romero Deschamps (cuya hija viaja por el mundo con tres mascotas, en aviones y yates privados, con bolsas de 50 mil pesos y vinos de 10 mil la botella) a Fidel Herrera, a Arturo Montiel, a Hank Rohn, a traficantes de intereses como Emilio Gamboa o a farsantes “sindicales”como Gamboa Pascóe, Hernández Juárez, el “Napito” Gómez Urrutia redentor de explotados mineros, y a muchos más de por aquí cerca. Pero no, esto no es prioridad para el país, ni siquiera llega a promesa de campaña.
Hay gobernadores y rectores como cresos a costa de los recursos públicos, que usan como patrimonio privado todo lo que tienen a su alcance en una febril competencia por acumular más y más poder y recursos, mientras los índices de pobreza rural y urbana no se modifican al paso de sexenios. Y la gente sueña con un gobierno procurador de justicia y bienestar y con responsables de la educación elementalmente fieles a lo que predican o publicitan.
Y otra vez, los sueños por un lado y la realidad por otro.
Y hacia donde se dirija la atención, la contradicción brota. Partidos funcionando como negocios o franquicias, con militantes comprados y líderes trepadores. Hoy podríamos ver, en la escena política, al mismísimo Diógenes buscando con su lámpara a un funcionario público realmente honesto y servidor, o a un representante popular auténticamente comprometido con sus representados. Son especies en riesgo de extinción.
Y en el clero ocurre lo mismo. Lo común en el alto clero es la connivencia con el poderoso, la alta jerarquía sí tiene su reino en este mundo y el comercio de sus deberes hace a un lado los elementales principios de su ministerio. Hoy, el pescador de galilea volvería a echar con el látigo a los comerciantes, pero empezaría con los que están adentro y arriba. Hay excepciones honrosas.
La revisión es interminable: jueces prevaricadores, militares protegiendo delincuentes, organismos ciudadanos integrados por mozos del poderoso en turno, profesores vividores que ni por accidente pisan un aula o han tomado un libro, en fin, por donde se le toque.
La gente es sencilla, igual que la naturaleza. Sus anhelos, sus cuitas, sus esperanzas ahí están. Sus aspiraciones son milenarias. Son las de siempre. Sólo no las ven quienes sufren ceguera voluntaria.
(Mientras tanto, nos vemos y escuchamos cada lunes a las 19 horas por Canal 26, y de lunes a viernes a las 13 horas por RADIO ABC 1280 de AM)